Capítulo 19

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[Sae Itoshi]

—Qué hijo de mil... 

Solté otro quejido de dolor, mis dedos gentilmente pasaban por la mordida que ese negro estúpido dejó en mi hombro, que se veía roja y un hasta hinchada. No podía ni creer como mierda había hecho esto a través de la tela de mi ropa.

Dejé que mis dos manos reposen en cada lado del lavamanos mientras recorría con la mirada el reflejo de mi pecho desnudo en el espejo. Marcas acá, chupones por ahí, mordidas en los hombros, mis orejas estaban ligeramente adoloridas e hinchadas también. Y ni hablar de mis caderas. 

Tiré el elástico de mis bóxers, mis mejillas se tornaron rosas ante las marcas de sus dos manos en mis dos nalgas, roja y raspada por el impacto de su áspera palma. Cerré los ojos y me revolví el pelo al oír el timbre de mi casa sonando repetidas veces, acción que ya me hacía dar una idea de quién podría tratarse. 

Me puse mi remera de vuelta y bajé las escaleras soltando un largo suspiro antes de abrir la puerta con una ceja levantada.

—¡Sae!—Dijo Aiku con la voz alegre e insoportable de siempre. Rodé los ojos y me moví a un lado para dejarle pasar, así que él no dudó en entrar después de sacarse las zapatillas y dejarlas a un lado de la entrada.—No mires mis medias, son impares—Bajé la mirada hasta sus pies, no pude contener la risita entre dientes cuando noté que sí, eran distintas. Una verde, la otra violeta.—¡Que no mires! 

—¿A qué viniste?—Pregunté al azotar la puerta. Oliver me miró de arriba a abajo antes de comenzar a dirigirse hasta mi habitación; entró allí, se tiró sobre mi colchón, y como el acomodado que es, también tomó un cerveza de la heladerita que estaba a un lado de mi cama, suspirando como si hubiese trabajado doce horas y viajado tres. 

Me crucé de brazos, mis ojos verdes se clavaron en su cara, y él apenas se molestó en devolverme la mirada. Tomó un sorbo de su cerveza.

—Y... te fuiste así nomás de la facultad—Dijo mientras encogía los hombros.—Estoy preocupándome por mi amiguito. 

Lo fulminé con la vista cuando noté a Oliver tomando el control remoto con sus dedos asquerosos para encender el televisor, así que caminé hasta él y se lo arrebaté de las manos para dejarlo de vuelta sobre la mesita de luz.

—Estaba cansado—Fue lo único que se me ocurrió decir. 

Mi amigo se me queda mirando por unos segundos antes de tomar otro largo sorbo de su cerveza, casi como si estuviese esperando a que me siente para poder hablar. El cuarto se quedó en un silencio medio incómodo y pesado, pese a que Aiku tomó el control para encender la tele y dejar ruido de fondo.

—¿Qué pasó, a ver?—Dijo de la nada. Alcé la ceja.

—¿Qué pasó de qué? 

—El Sae que yo conozco me habría pateado de solo haberme "atrevido" a tirarme en su cama así—Se cruzó de brazos, y después bufó.—Bah, seguramente me habrías cerrado la puerta en la cara ni bien me veías.

—¿Qué decís?

—Y que... bueno, vos...—Balbuceó revoleando las manos, tratando de encontrar las palabras que ni él mismo parecía comprender del todo. Entrecerré los ojos mientras lo fulminaba, así que Oliver solamente suelta su voz.—No sos la misma mierdita de siempre, ¿me entendés? Digo, estás de... ¿mejor humor?

Ambos nos quedamos viendo fijamente. 

—¿De qué mierda me estás hablando? 

—Ay, dios...—Renegó Oliver.—¿Qué pasó el día en que supuestamente te ibas a ver con la chica esa, a ver?—Preguntó, y antes de que siquiera pueda protestar, continuó;—No me vayas a decir que nada pasó porque te reviento la cabeza, Sae. Hay algo que no me estás contando, así que dale. 

Hilo de mierda || RyusaeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora