[Sae Itoshi]
Qué carajos.
Shidou estaba besándome el cuello gentilmente mientras su mano se desliza por debajo de mi remera, acariciando mi espalda con su grande palma, explorando algo que fue suyo desde hace tiempo.
Quería llorar, gritar, tratar de pensar en algo inteligente para espantarlo, pero mi corazón se volvió débil en el segundo en que me puso un dedo encima.
¿Qué hacía yo, con este chico? El mismo que usaba el celular que me robó, a diario, como si lo hubiese comprado él. El que me habló mal y me humilló frente a tanta gente. El mismo hijo de puta que se caga a patadas con mi hermano, y que tiene una reputación del orto en mi facultad.
—Sin marcas—susurré lo más bajito que pude, suficiente para que él pueda oírme sin tener algún otro chismoso en la casa escuchándonos. Aunque ambos sabíamos que lo que pedía era mentira; los gemidos bajos que se me escapaban de vez en cuanto eran bastante prueba de ello, cómo mi piel se erizaba y mis dedos tiraban de su pelo en un pedido silencioso (y vergonzoso) por un poco más.
Había jurado con mi alma jamás meterme con alguien como él. Aún no lograba comprender si esto se trataba de algún tipo de broma de la vida, de esos que supuestamente te enseñan a no juzgar y aceptar que hay diversa gente en la realidad. Quizá podría ser el karma, o capaz que solo soy un hipócrita que disfruta tratar de menos a las personas que aún no conoce.
No sé. Tenía dos vocecitas molestas dentro de mi cabeza; la de la razón, que intentaba con todas sus fuerzas gritarme en el oído lo mal de mis acciones, los miles de errores y catástrofes que me ahorraría si me detuviese ahora mismo; y la otra... bueno, la de la razón a medias.
"Ya es suficiente. Este imbécil ya sobrepasó los límites. Tengo que pararlo."
Shidou chupó detrás de mi oreja, un lugar donde nadie revisaría, a menos de que se tratara de un observador rarito. Mi cuerpo se estremeció bajo el suyo mientras mis manos apretaban sus hombros en un falso intento por detenerlo. Mis ojos se cerraron para disfrutar la sensación, inconscientemente tiré la cabeza a un lado, dejándole el espacio suficiente para que pueda seguir chupando sin problemas.
"Sí, obvio, pero..."
De nuevo, agradecí la oscuridad de mi habitación, y el leve sonido de los autos que ocasionalmente pasaban por la calle, ruidos que apenas me ayudaban a tapar las puteadas y los jadeos que Ryusei me sacaba casi sin esfuerzo, así nadie podía oír este lado sinvergüenza que solo él podía sacar a la luz.
Odiaba admitirlo; tenerlo acá, encima mío, con su cara metiéndose en el hueco entre mi cuello y mi hombro me hacia temblar. Algo dentro de mí ardía, no sé si de la rabia, la frustración o la excitación que este hijo de mil puta me provocaba, quizá todo junto, mezclado en un desastre sentimental, pero iba a dedicado solamente a él.
Me mordí el labio al sentir el roce de su cuerpo contra el bulto que estaba insistiendo debajo de la fina tela de mi ropa de entrecasa, apenas conteniendo el jadeo. El único rayo de luz que se coló por mi ventana chocó contra mi ojos, los cuales se encontraron con los de él. Sé que, por la expresión animada que se le escapó, vió un atisbo de mi desesperación en ellos, cómo mis pupilas se expandieron al segundo roce intencional que hizo, y al tercero ya estaba empujando mis caderas hacia él, con ganas de querer olvidarme de que mi hermano y madre están en el mismo piso por un momento.
Ryusei no se hizo rogar; continuó con los besos calientes sobre mi cuello mientras sus dos manos bajaban la ropa de los dos. Su palma era lo suficientemente grande para tomar ambos miembros y apretarlas, su pulgar presionándose sobre la cabeza del mío para hacerme sufrir debajo de él después de masturbarme con lentitud, esparciendo el líquido que brotaba sobre los dos.
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Hilo de mierda || Ryusae
RomantizmDonde Sae va a un barrio horrible a hacer un trabajo con un compañero de su clase y le roban el teléfono. O donde un día este Itoshi despierta y ve que tiene el hilo rojo del destino en su dedo... ¿pero quién es el que está del otro lado? Shidou Ry...
