[Sae Itoshi]
La lapicera golpeando contra la mesa ayudaba a concentrarme mientras mi talón chocaba repetidamente contra el pie de la mesa, y aunque trataba de leer el texto que tenía sobre mi escritorio todavía no podía usar la cabeza para comprenderlo, no sabía ni cuántas veces habré leído el inicio del párrafo sin entenderlo.
Y a Oliver le molestaba.
—¿Qué te pasa, por qué estás tan inquieto?—Preguntó en un suspiro, todavía echándose hacia atrás como si fuese el hombre más despreocupado de la tierra, aún teniendo cuarenta mensajes de su ex novia reclamándole los engaños y mentiras.—Te descuidé una sola tarde y ahora pareces más gruñón de lo normal.
—Chistosito—Bufé, conteniendo las ganas de rodar los ojos.
Estaba cansado, pero no cansado de que no tenía ganas de salir o hablar con gente como normalmente lo estaría, sino que estaba físicamente agotado.
Anoche estuve hasta las 4 de la mañana escuchando las risitas y conversaciones románticas (cursis, y hasta vergonzosas) por parte de mi hermano y su estúpida pareja, cosa que a esa hora me hacían pensar si estaba molesto porque no podía dormir o porque soy un envidioso de mierda, pero a mi tampoco me importaba tanto, al menos no mucho más que buscar una solución a otro de mis problemas; el hilo.
Apenas a la medianoche me puse manos a la obra, investigando un poco sobre la antigua leyenda; viene de Asia, al parecer, no tuve que estar mucho tiempo buscando sobre ello porque ya de por sí habían varias páginas y libros que hablaban de lo mismo.
Estaba recostado bebiendo de mi café caliente (el tercero de la noche) cuando por fin di con una página en internet que se veía bastante decente a comparación de las otras, un poco más formal que se ajustaba a mi desesperado intento de encontrar algo con lógica, no sé, ¿que sin querer me comí un hongo, que sus efectos duran más de una semana y que puede que entre los síntomas haya algún hilo rojo, tal vez?
Pero claro que no diría eso.
«Los dioses atan un hilo rojo alrededor del meñique»
«Un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias. El hilo se puede estirar o contraer, pero nunca romper».
Mi cabeza hizo un ruido sordo cuando cayó sobre la mesa, y aunque habían unos cuantos libros sobre la misma que amortiguaron mi frente, todavía dolía.
—¿Qué pusiste en la 12?—Preguntó Oliver luego de mirarme de soslayo, como si fuese común verme en un estado así todos los días.
—No estoy haciendo el trabajo.
—Hm—El muy idiota levantó la mirada en tanto el timbre indicó que estas últimas tres horas de literatura se habían acabado al fin, juntando sus cosas y luego levantándose de su asiento.—Me voy con el que conoces como Sandro, nos vemos después—Me avisó, y ni esperó mi respuesta cuando se fue por la puerta junto con los demás imbéciles que estaban muy apurados por abandonar el lugar como para darse cuenta de que el profesor todavía estaba anotando algunas cosas en la pizarra.
Mi estómago comenzó a sonar, recordándome que ni toqué mi desayuno esta mañana y que el café no sirve para una mierda si hablamos de llenar el estómago con energía.
Junté mis cosas y caminé fuera, quizá había dejado algo para comer en mi casillero, o quizá podría comprarme un pancho o qué se yo, algo quería tragar. Pero aunque estaba ansioso por ir a buscar plata en mi mochila, me detuve en seco a mitad de camino.
Mis ojos fueron a parar a la figura que se recostaba sobre el metal frío de mi locker, con sus brazos cruzados y ese delineado característico que hacía resaltar todavía más esos ojos rosados filosos que me hacían recordar a las de un gato en guardia, los cuales se iluminaron cuando notó mi existencia.
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Hilo de mierda || Ryusae
RomanceDonde Sae va a un barrio horrible a hacer un trabajo con un compañero de su clase y le roban el teléfono. O donde un día este Itoshi despierta y ve que tiene el hilo rojo del destino en su dedo... ¿pero quién es el que está del otro lado? Shidou Ry...
