Capítulo 23

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[Sae Itoshi]

Mis pies se acarician lentamente bajo las frazadas calientes que los cubren, un pequeño hábito que indica que estoy a nada de despertarme por completo. Aunque aún no encuentro las fuerzas para abrir los ojos, por el fuerte rayo de sol que se está colando por donde sea que se cola sé que es temprano aún, y tengo que despertarme para comenzar mi día.

Levanté la cabeza de la almohada para frotar mis dedos contra mis párpados, algo seco y lleno de lagañas, con un extraño sabor de boca que me está obligando a querer ir al baño para lavarme absolutamente todo y completar mi rutina de la mañana. En mi mente repasaba lo que tenía que hacer; preparar la ducha, afeitarme, la ropa liviana para ir a la facultad, desayunar, ¿tal vez rogarle a Rin para que haga esos Hot Cakes que le salen ricos? quizá podría pasear al perrito de mi madre... sería un buen comienzo del día. 

El primer segundo en que sentí algo pesado apoyándose sobre mi torso desnudo no pude procesarlo correctamente, seguido de un escalofrío corriendo por mi espalda con la sensación de una brisa cálida acariciando mi hombro. Abrí los ojos con dificultad, desconcertado al encontrarme con el techo de madera barnizado, cuando en mi habitación el techo es de un blanco hueso. Miré por la ventana, cegado por el sol ardiente del amanecer, y luego, como si se tratara de una película de terror, volteé con lentitud; Shidou estaba semidesnudo a mi lado, abrazándome con una de sus piernas encima mío, bastante cómodo y muy sumido en su sueño. 

Lo golpeé en la frente.

—¿Q-qué, qué pasó?—Abrió los ojos de repente con las palabras resbalosas, como si tuviese la lengua pesada luego de tanto parlotear como cotorra ayer. Por pura suerte pude dormirme antes que él.—¿Qué hora es..?—balbuceó después de darse la vuelta sobre el colchón y cubrirse con sus frazadas, todavía medio dormido.

Miré mi celular. 

—Las nueve—Le respondí, con la esperanza de que comience el día para poder irnos a la mierda de este lugar inhóspito. Shidou acomodó su cabeza contra la almohada, con la boca medio abierta (casi babeando), y abrazó sus sábanas mientras asentía lentamente.

—Que bueno...—Murmuró, y luego ronquidos. Solté un suspiro pesado antes de levantarme de la cama, estirando el brazo para alcanzar la remera que no sé en qué momento de la noche me habré sacado para dormir más plácidamente. 

Me revolvía el pelo, al tiempo en que vagaba con poco interés por los cortos pasillos de esta casa ajena que apestaba a varias cosas que no quería mencionar, mucho menos después de la vergüenza de anoche. 

¿Un solo lugar donde viven tres personas que no están relacionadas por sangre, eh? nunca había oído de eso, pero tampoco quise preguntar sobre ello debido a la gran humillación que sentí al ser descubierto de esa forma, tan tontamente y por gente tan estúpida. Probablemente ya estén corriendo la voz por ahí. El gran Itoshi saliendo a escondidas con el sucio de Shidou. Qué gran noticia. 

Tomé mi celular antes de salir por la puerta principal (y la única), aún alzándolo a alturas más grandes que la mía con tal de conseguir una rayita pedorra de señal, (sin ningún éxito claramente) así que limité a observar las casas vecinas cuando un pequeño gallo cacareó justo en la casa de al lado, clavándome los ojos a través de las rejas que separaban los terrenos, como si supiese que soy un extraño en este pueblo.

En medio del silencio de la mañana, mi estómago rugió del hambre, así que no tuve más opción de entrar al hogar una vez más hasta encaminarme a la habitación de el anfitrión. 

—Ey—Llamé, con la voz dura mientras lo fulminaba, con toda la intención de molestar para hacer que se despierte. Él ni se inmutó, siguió roncando fuerte, como si le faltaran pulmones para respirar tanto como necesitaba hacerlo.—Este estúpido...—Mascullé.

Hilo de mierda || RyusaeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora