Capitulo 8

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[Sae Itoshi]

—Shidou.

El nombrado sonrió con ganas al oírme mencionarlo con pasión (si es que el odio podría ser llamado de esa forma), sin moverse de su lugar mientras me observaba fijamente con diversión, espeluznante.

—¿El papel era tuyo?—Pregunté, dando un paso al frente para dejar mi mochila sobre una mesa cercana, pero aún sin la confianza suficiente par alejarme más de tres pasos de la puerta por precaución. Shidou se encogió de hombros.

—No sé—Respondió juguetón, sus pies moviéndose de lado a lado como si fuese la cola de un perro esperando por la atención de su amo.—¿Parece mío?—Cuestionó de vuelta, un juego de ida y vuelta.

Rodé los ojos;—Tu letra es tan asquerosa que preferiría leer la de un niño de un año intentando aprenderla que leer la tuya—Escupí con el ceño fruncido y con la quijada bien tensa, fulminandolo a tal punto de que parecería que estaba tratando de atravesar su cráneo con la mirada (lo cual tampoco voy a negar).—¿Para qué me llamaste aquí?

Como si fuese el único gesto que tuviese en grabada en su puta cabeza de inútil, volvió a encogerse de hombros.

—¿Debería preguntarte lo mismo a ti?

—Yo no puse basura en tu casillero, ni escribí un mensaje espeluznante en ella—Interrumpí sin dejarle tanto espacio a que dé vueltas.

Shidou sonrió, arrogante, el tipo de sonrisa que ves y hace que te caliente la sangre y de ten ganas de meterle un puñetazo en el centro del ojete.

—Un pajarito me dijo que tú me estuviste buscando todo el día—Contó, juguetón e insoportable.—Así que, te ahorre el trabajo. Estoy acá, ¿entonces?

Alcé la ceja.

—Mi DNI.

Shidou pestañeó un par de veces, para después fruncir el ceño y sacudir levemente la cabeza, a lo que respondí con un fuerte suspiro.

—Mis credenciales, mis tarjetas, mi identificación—Repetí, mis brazos cruzándose sobre mi pecho.—Todo lo que me robaste, lo quiero de vuelta.

La típica sonrisa de siempre adornó sus labios, recordándome que este imbecil será estúpido pero no tonto.

Metió la mano en su bolsillo y rebuscó en el pantalón, sus orbes rosados fijos en los míos mientras lo observaba.

¿Tan fácil iba a ser? ¿venir a pedirle mis cosas al chorro y que me las dé sin decirme absolutamente nada?

Shidou sacó unas cuantas tarjetas que pude reconocer como las mías desde mi lugar y me las tendió, esperando a que yo acorte estos dos metros de distancia entre los dos y tome mis cosas.

Tragué saliva. Mis dos primeros pasos siendo lentos y desconfiados, para después caminar rápido y arrebatarle las cosas de la mano, aun sin atreverme a apartar la mirada de la suya con miedo a que ante el mínimo descuido me ataque.

Shidou me sonrió antes de volver a dejar sus manos en el borde del escritorio, sin dejar de apoyarse ahí.

¿Y ya, eso era todo?

No podía terminar así.

Mis dientes se presionaron entre ellos después de cerrar la mano en un puño y estamparlo en su cara, dándole vuelta la cabeza por el impacto.

Shidou cerró los ojos al recibirlo, su mano rápidamente cubriéndose la mejilla del dolor, con algunas venas resaltando en su frente y en su cuello.

Las fuerzas que hacían tensar mis rodillas de repente desaparecieron al ver su expresión, se desvanecieron ante la mirada gélida que me lanzó luego de abrir los ojos.

Hilo de mierda || RyusaeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora