Los Cullen tenían a su preciada Alma gemela, la amaban como ella a ellos, pero un gran cambio se avecina.
Traiciones, corazones rotos y sucesos inesperados
Cómo la típica frase cliché dice: No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes y tarde o temp...
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El amanecer en Volterra traía consigo una tranquilidad que Lyra aún estaba aprendiendo a apreciar. A medida que los primeros rayos del sol iluminaban las antiguas piedras del castillo, ella se encontraba sola en el jardín, contemplando su vida y el camino que había tomado hasta este punto.
Las palabras de Marcus, Aro y Caius resonaban en su mente. Sabía que la apoyaban en cualquier decisión que tomara, pero después de una larga noche de reflexión, Lyra finalmente llegó a una conclusión: no podía volver a Forks. No podía enfrentarse a los Cullen de nuevo. No porque tuviera miedo de ellos, sino porque sabía que no le haría bien. Había sufrido demasiado, y ahora, por primera vez en mucho tiempo, sentía que tenía la oportunidad de sanar de verdad.
Ya no quería arrastrar ese dolor con ella. Había llegado a Volterra para dejar atrás un pasado que la había quebrado, y en lugar de revolver esas viejas heridas, quería abrazar lo que tenía ahora: la posibilidad de un futuro junto a los tres hombres que le habían demostrado un amor sincero y paciente. Ellos la habían aceptado tal como era, incluso con su carga emocional, y le habían dado algo que los Cullen nunca le ofrecieron: la oportunidad de ser realmente libre.
Lyra decidió, finalmente, seguir adelante.
***
Esa tarde, en una conversación privada con los tres reyes, Lyra reunió el valor para expresar lo que sentía. Aro, Marcus y Caius la esperaban en la gran sala, rodeados por las paredes de piedra que habían sido testigos de siglos de historia. Esta vez, sin embargo, sería su propia historia la que daría un giro importante.
—He estado pensando mucho —comenzó Lyra, con la mirada fija en ellos—. Ustedes me dieron la opción de enfrentarme a mi pasado, de volver a Forks si así lo necesitaba. Y lo agradezco... pero no voy a hacerlo.
Aro levantó una ceja, curioso, mientras Marcus la observaba con su típica calma y Caius entrelazaba sus manos, expectante.
—¿Estás segura? —preguntó Aro, su tono suave—. Sabemos que el vínculo que compartiste con los Cullen fue fuerte, y no queremos que te sientas obligada a ignorarlo si eso significa que no sanarás.
Lyra negó con la cabeza. —No los estoy ignorando, Aro. Simplemente he decidido que no necesito volver. He pasado tanto tiempo atrapada en ese dolor, preguntándome si ellos me querían de verdad, si alguna vez me vieron como algo más que una carga. Pero he llegado a darme cuenta de algo... —Hizo una pausa, tomando una respiración profunda—. No necesito esas respuestas para seguir adelante. No necesito volver a Forks para encontrar paz.
Caius frunció el ceño, aunque no era por molestia, sino por la intensidad de lo que estaba diciendo. —¿Entonces has decidido dejar el pasado atrás?
—Sí —respondió Lyra con firmeza—. No puedo cambiar lo que me hicieron, pero tampoco quiero seguir viviendo con ese peso sobre mis hombros. Aquí, con ustedes, he encontrado algo que nunca tuve con los Cullen: amor real, comprensión y libertad. No quiero regresar a ese dolor. Quiero... quiero construir algo nuevo, aquí.
Marcus la miró durante un largo momento, asintiendo suavemente. —Es una decisión valiente, Lyra. Y nos alegra que hayas encontrado un hogar con nosotros.
Aro, quien siempre tenía una manera de leer las emociones profundas de las personas, se acercó a ella con una sonrisa serena. —Sabíamos que eras fuerte desde el momento en que llegaste a Volterra. Pero verte llegar a esta decisión por ti misma es un verdadero testimonio de tu fortaleza. Estamos... muy orgullosos de ti, querida.
Lyra sintió una calidez en su pecho ante sus palabras. Durante tanto tiempo, había dudado de sí misma, de su valor, pero ahora, en este castillo rodeada de las personas que realmente se preocupaban por ella, sentía que empezaba a encontrar la paz que tanto había buscado.
—Gracias, de verdad —dijo, su voz llena de emoción—. Sé que aún tengo mucho por sanar, pero quiero seguir adelante. Quiero vivir aquí, con ustedes, y ver qué podemos construir juntos. No quiero mirar atrás más.
Caius se levantó de su asiento, caminando hacia ella con una mirada más suave de lo que Lyra había visto en mucho tiempo. —Te prometemos que no tendrás que hacerlo. Aquí, serás tratada como te mereces. No hay lugar para el dolor del pasado en este castillo, solo para el futuro.
Marcus asintió, poniéndose de pie junto a su hermano. —Si alguna vez sientes que el peso es demasiado, estaremos aquí para ti. No estás sola en esto, Lyra.
Lyra sonrió, con una pequeña lágrima deslizándose por su mejilla. No estaba sola. Nunca más.
Esa noche, después de la conversación, Lyra decidió disfrutar de uno de esos momentos tranquilos que tanto amaba: una caminata por el jardín. Aún era una novedad para ella sentir paz en su corazón sin el constante dolor de su pasado, y quería apreciar ese sentimiento.
Mientras caminaba, se sorprendió al ver a Marcus esperándola bajo uno de los antiguos árboles del jardín. La suave luz de la luna iluminaba su figura, y había una expresión tranquila en su rostro, como si supiera que ella iba a venir.
—Pensé que tal vez querrías compañía —dijo él, mientras ella se acercaba.
—Siempre me gusta tu compañía —respondió Lyra con una sonrisa suave.
Ambos se sentaron juntos en el banco de piedra, observando las estrellas brillando en el cielo nocturno. El aire fresco del jardín traía consigo un susurro de tranquilidad, y Lyra se dio cuenta de que, por primera vez en mucho tiempo, se sentía ligera.
—¿Te arrepientes de algo? —preguntó Marcus, rompiendo el silencio.
Lyra lo miró, pensando detenidamente en su respuesta antes de negar con la cabeza. —No. No me arrepiento de haber amado a los Cullen, ni de haber pasado por lo que pasé. Me hizo más fuerte, me trajo hasta aquí. Pero ahora... estoy lista para seguir adelante. No los necesito para encontrarme a mí misma.
Marcus le tomó la mano, su toque tan suave como siempre, pero lleno de promesas silenciosas. —Nosotros estaremos aquí contigo, pase lo que pase.
Lyra le devolvió una sonrisa, llena de gratitud y algo más, algo nuevo.
Esperanza.
—Gracias —susurró, cerrando los ojos y dejando que la paz de ese momento la envolviera.
Ya no necesitaba el pasado. Ya no necesitaba respuestas. Todo lo que necesitaba estaba justo aquí, con ellos, con su nueva familia, sus compañeros. Y por primera vez en mucho tiempo, el futuro no parecía una fuente de miedo, sino una oportunidad. Una oportunidad para amar, para sanar y, finalmente, para ser feliz.