Capítulo 5: Juegos y Mentiras

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Perspectiva de Catnap

Si tuviera que describir las pruebas que me hacían, lo resumiría como un juego de niños. Cada desafío que los científicos me imponían, lo superaba con facilidad, mientras ellos observaban con sorpresa cómo me movía con fluidez, conocía mis límites, y usaba mi gas rojo con precisión. Parecían fascinados, como si no pudieran creer que estuviera tan bien adaptado a mi nueva forma.

Me llamaban su "creación perfecta"(Nota:tomen en cuenta esto por que sera importante para los siguientes capitulos jeje), y no voy a mentir, eso me daba una especie de satisfacción. No porque necesitara su aprobación, sino porque cada elogio me recordaba que estaban jugando justo en mis manos, sin saberlo. Pasaba los días en mi celda, una habitación fría y sin personalidad, sin ninguna decoración de Catnap. Jugaba con una pelota, lanzándola de una zarpa a otra. No me quejaba; la falta de decoraciones me convenía. Menos distracciones para mí.

(Nora: si algo seco pero bueno es Catnap que esperabais?)

Un día, varios científicos entraron en mi celda, con sus batas blancas como si fueran a hacer algo importante. Preguntaron cómo estaba, y yo, con mi voz tenebrosa, respondí que estaba bien, añadiendo un tono triste para darle más drama. Me sorprendió lo fácil que se lo tragaron. Uno de ellos, con cara de preocupación, me preguntó por qué estaba triste.

Me siento solo —respondí, fingiendo una inocencia que ni yo sabía que podía expresar—. Ser Catnap me encanta, porque siempre fue uno de mis personajes favoritos... pero pensar que soy el único Smiling Critter me hace sentir aislado.

Ellos se miraron entre sí, sin saber qué hacer o decir. Podía ver la duda en sus rostros, si deberían contarme la verdad o no. Justo en ese momento, la puerta de la sala se abrió, y apareció Leith Pierre.

Pierre, con su aire siempre tan calculador, no perdió el tiempo.

—No estás solo, Catnap —dijo, mirando a los científicos como si hubieran cometido un error garrafal—. Los demás Smiling Critters están aquí, pero están pasando por las mismas pruebas que tú. Pronto te ayudarán en el Playcare.

Asentí, fingiendo sorpresa y alivio. Luego, Pierre me lanzó una pregunta que no esperaba.

—¿Nos odias por lo que te hicimos?

La primera vez que fui Theodore, habría dicho que sí sin dudarlo. Pero ahora, tras todo lo que había pasado, la ira en mí había cambiado, evolucionado.

No —respondí, mi voz firme—. Si no fuera por ustedes, estaría hecho pollo frito en el más allá.

Pierre pareció satisfecho con mi respuesta, aunque yo podía ver en sus ojos que aún me observaba con desconfianza. Luego, lanzó la verdadera bomba.

—Catnap, queremos que te encargues del Playcare.

Giré mi cabeza ligeramente, como si no entendiera de qué hablaba, aunque sabía perfectamente a qué se refería. Quería molestarlo un poco, y funcionó.

—Eres el único de los Smiling Critters que ha progresado tan rápido y ha tenido éxito en todas las pruebas —explicó con paciencia, aunque noté un leve tic de frustración en su mandíbula—. Queremos que seas el encargado de dormir a los niños, de ahora en adelante.

Asentí de nuevo, aceptando el encargo, pero antes de que pudiera irse, había algo que necesitaba saber.

¿Por qué hueles a amapola? —pregunté, y vi cómo Pierre se congelaba en su lugar.

El hombre titubeó antes de responder.

—Estuve con alguien que... huele a amapola. Es alguien similar a ti. Se llama Poppy.

Ese nombre resonó en mi mente, como una pieza que faltaba en mi plan.

¿Podría visitarme en el Playcare algún día? —pregunté con falsa inocencia.

Pierre, habiendo recuperado su compostura, asintió con una sonrisa medida.

—Sí, lo hará. Pero por ahora, no es posible.

Con eso, se fue junto a los científicos, dejándome solo. Cuando la puerta se cerró, una sensación de triunfo me invadió. Sabía que el olor a amapola pertenecía a Poppy, y ahora tenía un objetivo más claro: unirme a ella para acabar con 1006 y salvar a los demás juguetes. Pero primero, tenía que cumplir con mi nuevo trabajo.

Era hora de jugar el juego del gato y el ratón, pero esta vez, yo dictaba las reglas.

Perspectiva de Leith Pierre

Mientras caminaba por el pasillo, no podía dejar de pensar en esa última pregunta de Catnap. ¿Cómo había notado el olor a amapola? Poppy había sido mantenida aislada, separada de los otros experimentos. Pero la conexión entre ellos ahora era innegable, y eso podía cambiar todo.

Una de las científicas me alcanzó, con evidente nerviosismo.

—Señor Pierre, las pruebas indican que Catnap está listo para regresar al Playcare, pero su interacción con Poppy podría... complicar las cosas.

—Lo sé —respondí, sin detener mi paso—. Pero también podría ser la clave para controlar a 1006. Si Catnap odia tanto al Prototipo, podría ser nuestra mejor arma.

La científica asintió, aunque su expresión seguía siendo de preocupación.

—¿Y si se vuelve contra nosotros? —preguntó, finalmente.

Me detuve un momento, considerando la pregunta. Luego, sonreí con una frialdad que incluso a mí me sorprendió.

—Entonces, lo apagaremos como a cualquier otro juguete defectuoso.

Las palabras parecieron calmar a la científica, pero sabía que nada era tan simple. Catnap no era un juguete cualquiera, y el juego estaba apenas comenzando. Teníamos que estar preparados para cualquier cosa.

Pero por ahora, todo parecía estar en su lugar. Catnap iba a regresar al Playcare, y pronto, el verdadero juego comenzaría.

La situación en Playcare estaba cambiando, y todos, desde Catnap hasta Pierre, lo sabían. Las mentiras, los juegos, y las manipulaciones estaban a punto de escalar, y el resultado final sería más que un simple juego de niños.

(Cancelada)La oportunidad de ¡CATNAP!Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora