Capítulo 16: Fuerza en la Unidad

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Perspectiva de Poppy

El aire en la casa compartida por los Smiling Critters estaba cargado de una mezcla de tristeza y furia contenida. Había sido un día largo y doloroso, y aunque todos sabíamos que este tipo de cosas sucedían a menudo en Playcare, ver a la amiga de Catnap, Marie Payne, transformada en Mommy Long Legs había removido emociones profundas en cada uno de nosotros.

Desde su "renacimiento," Marie—ahora conocida como Mommy Long Legs—había estado luchando por aceptar su nueva realidad. A lo largo del día, los Smiling Critters se habían volcado en ayudarla. Bobby BearHug, con su habitual calma y fuerza, le había enseñado cómo usar sus nuevos músculos para moverse con gracia. Bubba Bubbaphant la ayudó a controlar su respiración, recordándole la importancia de la paciencia en cada movimiento. CraftyCorn le mostró cómo aprovechar la elasticidad de sus nuevas extremidades para su ventaja. DogDay, como siempre, fue el que más tiempo pasó con ella, tratando de consolarla y ayudarla a encontrar algún sentido en medio del caos. Hoppy Hopscotch le enseñó a moverse con agilidad, mientras que KickinChicken y PickyPiggy la hicieron reír, aunque fuera por un breve momento, con sus bromas y travesuras.

Sin embargo, nadie podía hacer más por ella que Catnap. Su presencia era un faro en medio de la tormenta emocional de Mommy Long Legs, un recordatorio constante de que, aunque todo había cambiado, aún quedaba algo de humanidad en su interior. Y aunque yo no podía hacer mucho más que estar allí y apoyar, sentía la necesidad de estar cerca, de recordarle que no estaba sola en este horroroso viaje.

Mommy, sin embargo, estaba furiosa. Y tenía razones de sobra para estarlo.

—¡Esto es una maldita injusticia! —exclamó, golpeando el suelo con uno de sus largos brazos, que se estiró con un ruido elástico antes de retraerse—. ¡Mientras nosotras estamos aquí, esos desgraciados nos obligan a trabajar como esclavos! ¡Nos tratan como juguetes rotos, como si no tuviéramos alma, como si no importara lo que fuéramos antes!

La rabia en sus ojos era casi palpable, una tormenta que amenazaba con desbordarse en cualquier momento. Estaba de pie en el centro de la habitación, sus brazos ondulando a su alrededor como serpientes inquietas, mientras sus ojos buscaban alguna respuesta, algo que pudiera calmar la furia que la consumía.

—Lo sé, Mommy —dije suavemente, acercándome a ella—. Todos estamos pasando por lo mismo. Cada uno de nosotros ha tenido que enfrentarse a lo que nos hicieron aquí. No es justo, y es difícil, pero juntos podemos encontrar una manera de resistir.

—¡¿Resistir?! —bufó, su voz llena de veneno—. ¡No quiero resistir, Poppy! ¡Quiero destruir a esos malditos! ¡Quiero hacerles pagar por lo que nos hicieron, por lo que me hicieron!

Catnap, quien había estado observando en silencio, se acercó lentamente. Su presencia, como siempre, tenía un efecto calmante sobre ella, pero incluso él no podía borrar completamente el dolor y la furia que la dominaban.

Mariene... —su voz era suave, pero firme—. Sé que es difícil. Todos hemos sentido lo mismo. Pero si nos dejamos llevar por la rabia, ellos ganan. Tienes que aprender a controlarla, a usarla de manera inteligente. No puedes permitir que te destruya desde adentro.

Mommy lo miró, y por un momento, vi una chispa de duda en sus ojos, como si estuviera debatiéndose entre dejarse llevar por la venganza o seguir el consejo de su amigo.

—Catnap tiene razón, Mommy —intervino DogDay, quien siempre había sido una voz de razón entre nosotros—. Sabemos lo que sufres, y estamos aquí para ayudarte a canalizar esa ira. Pero no podemos permitir que nos consuma, o seremos exactamente lo que ellos quieren que seamos: monstruos.

Los demás Smiling Critters asintieron en silencio, apoyando las palabras de DogDay. Cada uno de nosotros había pasado por lo mismo, y sabíamos que la única manera de sobrevivir era manteniéndonos unidos, apoyándonos unos a otros, sin perder de vista quiénes éramos realmente.

Mommy Long Legs respiró hondo, intentando calmarse. Podía ver el conflicto en sus ojos, la batalla interna que estaba librando para no dejarse consumir por el odio.

—No quiero ser un monstruo... —susurró finalmente, sus ojos llenos de lágrimas—. Pero es tan difícil...

Me acerqué a ella y le tomé una de sus manos, que aunque extrañamente alargada, seguía siendo la mano de una amiga.

—No lo serás, Mommy. Porque no estás sola. Estamos todos juntos en esto. Y encontraremos una manera de luchar, pero lo haremos de la manera correcta. No dejaremos que ellos nos conviertan en lo que quieren.

Por un momento, todo quedó en silencio. Mommy Long Legs cerró los ojos, respirando profundamente, intentando encontrar algún consuelo en nuestras palabras. Finalmente, asintió lentamente, aunque la rabia seguía brillando detrás de sus ojos, pero ya no era una furia ciega. Ahora era una llama controlada, lista para ser usada en el momento adecuado.

—De acuerdo... —dijo en voz baja—. Haré lo que pueda para mantener la calma. Pero si alguna vez tengo la oportunidad de hacerles pagar por lo que nos hicieron, no dudaré en hacerlo.

Eso es lo mejor que podemos hacer, por ahora —respondió Catnap, dándole un pequeño apretón en la mano—. Y cuando llegue ese momento, lo enfrentaremos juntos.

La decisión estaba tomada. No éramos simplemente juguetes rotos, éramos algo más, algo que ellos no podían controlar por completo. Y mientras estuviéramos juntos, encontraríamos una manera de luchar, de resistir y, eventualmente, de ganar.

Pero hasta entonces, teníamos que ser pacientes, inteligentes, y lo más importante, teníamos que apoyarnos unos a otros, porque solo así podríamos sobrevivir a la pesadilla en la que estábamos atrapados.

(Cancelada)La oportunidad de ¡CATNAP!Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora