Capítulo 74:El Pianista del Cretácico

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Perspectiva de Lía

Cuando Leith Pierre me pidió mi opinión sobre el nuevo comercial de Pianosaurus, ya sabía que esto no era más que otro de sus experimentos encubiertos. Cada juguete nuevo significaba algo más siniestro detrás de esa fachada de sonrisas y canciones pegajosas.

Mientras me dirigía a su oficina, con las múltiples cámaras proyectando imágenes de la fábrica en las pantallas, me pregunté qué tan profundo se hundía el desastre detrás de este juguete en particular.

Al entrar, Leith me saludó con esa sonrisa que me producía ganas de darle un puñetazo.

—¡Ah, Lía! Justo a tiempo —dijo, señalando un televisor y un reproductor de VHS.

—¿Qué es ahora, Leith? ¿Otro juguete "adorable" con un toque perturbador? —respondí cruzándome de brazos.

Él solo sonrió y puso el VHS, indicándome que mirara el comercial.

La canción comenzó a sonar, y aunque la melodía era pegajosa, había algo inquietante en el tono:
Pianosaurus,
Toca solo para nosotros,
Nos unimos al coro,
P-I-A-N-O-Saurus
Tocando sus escalas,
Desde sus dientes hasta su cola...

El locutor agregó con entusiasmo:
—¡Se necesitaría un evento de nivel de extinción para detener a este compositor del Cretácico tardío!

Niños: —¡SÍ!

A simple vista, el juguete parecía amigable, con su diseño caricaturesco y colores brillantes. Pero había algo más. Algo oscuro.

De repente, todo a mi alrededor comenzó a oscurecerse

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De repente, todo a mi alrededor comenzó a oscurecerse. Las luces parecían atenuarse, y el televisor se volvió el único punto de luz. Entonces lo vi: una figura emergió detrás del televisor.

Era Pianosaurus. Pero no el juguete amigable del comercial. Este era una pesadilla hecha realidad, con sus "dientes" de teclas iluminándose y produciendo notas macabras. Tenía sangre en una de sus mejillas y una mirada que me atravesó como una lanza.

 Tenía sangre en una de sus mejillas y una mirada que me atravesó como una lanza

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—¿Qué demonios...? —murmuré mientras retrocedía, el sudor frío corriendo por mi espalda.

En ese momento, sentí que alguien me sacudía.

—¡Lía! ¿Estás bien? —La voz de Leith me trajo de vuelta.

Me encontraba de nuevo en su oficina, con las pantallas brillando y todo aparentemente normal. Leith, con una expresión que mezclaba curiosidad y molestia, me miraba fijamente.

—Sí, sí... Estoy bien —respondí, tratando de ocultar el temblor en mi voz.

Por dentro, sin embargo, estaba en pánico. ¿Otro maldito flashback? No podía ser una coincidencia.

—Entonces, ¿qué opinas del comercial? —preguntó, cruzando los brazos con una sonrisa de suficiencia.

Levanté una ceja y le respondí:

—Bonito diseño, linda canción, pero... siendo sincera, ese juguete me da un maldito mal rollo. ¿Y si los niños tienen pesadillas? —dije, tratando de sonar casual mientras en mi mente recordaba esa horrible visión.

Él rió entre dientes, como si estuviera lidiando con un niñ.

(C: osea que te concidera una niña?

Lía:mejor tu callate y sigue con la historia)

—Bueno, eso es lo que piensas, pero los demás lo encuentran adorable.

—Y apuesto que hay un experimento detrás de este juguete, ¿verdad? —pregunté, más como afirmación que como duda.

Su sonrisa se tornó en un leve gesto de desdén.

—De hecho, . Pianosaurus tiene un experimento... pero no te preocupes. —Chasqueó los dedos, y un empleado entró con una caja envuelta en plástico. Dentro estaba el dichoso juguete.

—¿Qué demonios es esto?

—Es tuyo. —Me miró con una sonrisa burlona—. Para que lo "disfrutes".

Quise decirle que se metiera su juguete por donde no brilla el sol, pero me contuve. Leith se recargó en su escritorio y me despidió con un gesto de la mano.

—Puedes irte ahora. Ah, pero antes de irte...

Sabía lo que iba a pedir. Quería que dijera el maldito lema de la compañía. Respiré hondo para no perder los estribos.

—¿Qué hora es? ¡ES HORA DE JUGAR! —grité con el entusiasmo de un tronco.

Salí de su oficina con el Pianosaurus bajo el brazo, queriendo aplastarlo contra la pared.

DogDay estaba en el pasillo, esperándome.

—¿Qué pasó esta vez? —preguntó, levantando una ceja al ver mi expresión de fastidio.

—Nada nuevo. Pierre y su mierda de siempre. —Levanté la caja con el juguete—. Mira esto.

DogDay se rió.

—¿Qué es eso? ¿Un dinosaurio pianista?

—Sí. Y supuestamente adorable, pero me da más mal rollo que un pasillo oscuro lleno de Huggy Wuggys.

Él sonrió y me tomó la mano.

—No te preocupes. Sea lo que sea, lo enfrentaremos juntos.

Suspiré, agradeciendo en silencio tenerlo a mi lado. Pero por dentro sabía que Pianosaurus no era solo otro juguete. Algo oscuro venía con él, y tenía que estar preparada.

(Cancelada)La oportunidad de ¡CATNAP!Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora