Capítulo 18: Tensiones en el Playcare

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Perspectiva de Poppy

Desde nuestro rincón, Mommy Long Legs y yo observábamos cómo los Smiling Critters intentaban domar la furia y la rebeldía de Boxy Boo. No era tarea fácil. A pesar de sus esfuerzos, Boxy seguía siendo un espíritu salvaje y desobediente. A veces se comportaba como un niño malcriado, desafiando a todos los que intentaban enseñarle, pero los Smiling Critters, liderados por Catnap, no retrocedían.

Bobby BearHug, con su fuerza y paciencia, intentaba mantener a Boxy bajo control cuando este decidía hacerse el listo. Bubba Bubbaphant usaba su gran tamaño para intimidarlo cuando era necesario, mientras que CraftyCorn lo desafiaba a usar su mente en lugar de su agresividad. DogDay y Hoppy Hopscotch, con su energía inagotable, lo mantenían en movimiento, sin darle tiempo para pensar en nuevas travesuras. KickinChicken y PickyPiggy, por su parte, contribuían con su agudeza, encontrando maneras de que Boxy cumpliera con las tareas que se le asignaban, aunque fuera a regañadientes. Pero era Catnap quien realmente lideraba la carga, su presencia firme y calmada actuando como un ancla en medio de la tormenta que era Boxy Boo.

—Esto es ridículo —murmuró Mommy Long Legs, sus ojos siguiendo los movimientos de Boxy con una mezcla de cansancio y fastidio—. Ya tengo suficiente con aprender a moverme en este nuevo cuerpo y adaptarme a esta... maldita existencia. Ahora, ellos tienen que lidiar con ese psicópata. —Sus palabras estaban llenas de veneno, pero también de verdad.

Yo asentí lentamente, comprendiendo su frustración. Le había contado a Mommy sobre otros experimentos fallidos, los peligros que acechaban en cada rincón de Playtime Co., y claro, Boxy Boo estaba entre los peores. Inestable, impredecible, y absolutamente peligroso. Era casi obvio que Leith Pierre, el viejo amigo de mi "padre", lo había traído aquí para ver si Catnap y los Smiling Critters podían lograr lo que los científicos no habían conseguido: volverlo obediente.

—Estoy segura de que Leith lo trajo porque ha visto que yo... —hizo una pausa, su tono bajando un poco—. Que yo he logrado mantenerme bajo control, más o menos, gracias a Catnap y a los otros. Pero ahora... —sus ojos brillaban con una furia contenida—. Ahora ellos tienen que lidiar con esa maldita caja.

Mientras hablábamos, Boxy Boo estaba, de mala gana, haciendo lo que se le había ordenado. Pero entonces, de repente, sus ojos se posaron en nosotras. O mejor dicho, en mí. Sentí un escalofrío recorrerme cuando su mirada se endureció, y su expresión pasó de la pereza al odio puro.

—¡Tú! —rugió Boxy, deteniendo lo que estaba haciendo y señalándome con una de sus largas y afiladas garras—. ¡Tú, maldita muñeca!

Su voz resonó en el Playcare, atrayendo la atención de todos. Los Smiling Critters se tensaron, y Catnap se colocó en guardia, pero ninguno intervino de inmediato. Boxy Boo continuó, sus palabras llenas de veneno y resentimiento.

—¿Sabes cuántos de nosotros han sufrido por tu culpa, Poppy? —escupió—. ¡Mientras tú eras tratada como una maldita diosa, nosotros éramos azotados, torturados, convertidos en estas... cosas! ¡Nos hicieron sufrir porque querían crear más como tú! ¡Nosotros pagamos el precio por tu existencia!

Cada palabra que Boxy Boo pronunciaba era como un golpe directo en el pecho. No podía negar lo que decía. Sabía que, en parte, tenía razón. Mientras los científicos me veneraban, creían que yo era la clave para crear más "éxitos", otros como Boxy Boo habían sido considerados fallos, errores que debían ser castigados o corregidos. Sentí un nudo en la garganta, y los ojos se me llenaron de lágrimas. La culpa era insoportable.

—¡Basta ya! —intervino Mommy Long Legs, dando un paso adelante y colocando su cuerpo entre Boxy y yo. Su voz era firme, aunque noté un toque de nerviosismo en ella—. Poppy no tiene la culpa de lo que te hicieron. No es más que otro peón en este maldito juego, igual que tú, igual que todos nosotros.

Boxy la miró con desdén, sus ojos llameando de rabia.

—¿Y quién demonios eres tú para decirme eso? —espetó, claramente molesto por la interrupción.

Mommy mantuvo la compostura, a pesar de la amenaza evidente en su tono.

—Soy Mommy Long Legs —respondió con firmeza—. Un experimento nuevo, sí, pero no me importará enseñarte modales si no te comportas.

Por un momento, el odio en los ojos de Boxy Boo pareció atenuarse, reemplazado por una curiosidad oscura. Luego gruñó, como si la idea de enfrentarse a alguien más en esta pesadilla de existencia le causara hastío.

—Tch, lo que digas... —murmuró Boxy, finalmente volviendo su atención al entrenamiento que le estaba impartiendo Catnap y los demás. Pero incluso mientras obedecía, pude sentir el odio que todavía ardía dentro de él, una rabia que no sería fácil de apagar.

Me quedé detrás de Mommy, agradecida por su intervención, pero todavía sacudida por las palabras de Boxy. Sabía que él tenía razón, en parte. No podía ignorar el hecho de que muchos de los experimentos sufrían por intentar replicar lo que yo era, por culpa de la obsesión de Playtime Co. con crear algo "perfecto".

Mientras Boxy Boo continuaba su entrenamiento, sentí una mano suave en mi hombro. Era Catnap, que se había acercado silenciosamente.

No dejes que te afecte, Poppy —dijo con su voz calmada, pero llena de comprensión—. Lo que está mal aquí no eres tú, sino ellos. Todos nosotros estamos atrapados en esto, pero no es tu culpa. No olvides eso.

Le sonreí débilmente, aunque las lágrimas aún amenazaban con caer. Agradecía sus palabras, pero sabía que necesitaría tiempo para procesar todo esto. Mientras tanto, Boxy Boo seguía gruñendo y quejándose, pero al menos, por ahora, estaba bajo control.

—Gracias, Catnap —murmuré, sintiendo una pequeña chispa de alivio en medio del caos—. Y gracias a todos ustedes. Sin ustedes... no sé qué haría.

Catnap me dio un suave apretón en el hombro y luego se volvió para unirse nuevamente al grupo, que seguía trabajando duro para mantener a Boxy Boo bajo control. Mommy Long Legs me miró de reojo, sin decir nada, pero su presencia fue reconfortante. Sabía que, al final, todos estábamos juntos en esto, y esa idea me daba fuerzas para seguir adelante.

El día aún era largo, y Boxy Boo todavía tenía mucho que aprender. Pero con Catnap y los Smiling Critters de nuestro lado, tenía la esperanza de que, algún día, podríamos encontrar una forma de salir de este infierno y, tal vez, incluso encontrar un poco de paz en el proceso.

(Cancelada)La oportunidad de ¡CATNAP!Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora