Capítulo 67: Susurros en las Sombras

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Perspectiva del Prototipo, Experimento 1006

La tranquilidad de los conductos de ventilación era siempre mi refugio favorito. Aquí, lejos de las miradas de los inútiles y del control ilusorio de Leith Pierre, podía planear, observar y disfrutar de pequeñas distracciones, como tener a Yarnaby a mi alcance.

—¿Qué te parece, Yarnaby? —pregunté mientras pasaba una mano metálica sobre su suave cabeza—. Todo bajo control, ¿no?

El "pequeño" leon, claramente incómodo, intentó apartarse, pero yo lo sujeté con cuidado.

—Ya te lo dije —respondió con su voz aguda, algo entre exasperado y nervioso—, ¡déjame en paz con las caricias!

Sonreí, sabiendo que lo estaba llevando al límite.

—¿Y si no quiero? —murmuré, ampliando mi sonrisa traviesa mientras lo acariciaba con más intensidad.

¡Por favor, para! ¡Esto es tortura! ¡Alguien llame a la policía, me están matando! ¡AAAAAHHHHHHHHHH!—chilló entre risas incontrolables.

Su pataleo frenético solo me hizo continuar por unos segundos más antes de soltarlo, permitiéndole recuperar el aliento.

—Eres un desastre, Yarnaby —dije con un tono burlón mientras él se tiraba al suelo del conducto, jadeando.

—Y tú eres un maníaco —contestó, entre risas y quejidos—. ¿No tienes nada mejor que hacer?

Levanté una garra metálica, señalando hacia las rejillas que daban al Playcare.

—De hecho, sí. Estoy ocupado espiando a esos idiotas.

Desde mi posición en los conductos, podía oír perfectamente la conversación que estaba ocurriendo en la oficina de Leith Pierre. Ese hombre siempre creyéndose el gran maestro detrás de todo, pero lo único que lograba era mantener un equilibrio frágil que algún día yo mismo destruiría.

—Ese DogDay... —murmuré, riendo para mí mismo—. Qué interesante es ver cómo se desmorona por algo tan sencillo como la ausencia de Lía.

—¿No se supone que deberías estar planeando algo grande en lugar de burlarte de un perro enamorado? —preguntó Yarnaby, con evidente sarcasmo.

Me giré hacia él con una mirada maliciosa.

—¿Y por qué tendría que apresurarme? —respondí, extendiendo mis brazos metálicos en un gesto teatral—. El caos está ocurriendo solo. No necesito mover un dedo.

Yarnaby suspiró y se sentó, cruzando las patas.

—¿Sabes? A veces creo que te diviertes demasiado con todo esto.

—Oh, pequeño, ni te imaginas cuánto —respondí, dejando que mi voz se llenara de burla mientras seguía observando.

En las cámaras podía ver cómo DogDay continuaba perdiendo los estribos. Esta vez estaba gritando algo a Simon Smoke, quien parecía menos impresionado y más cansado de la actitud del perro.

—¡Te digo que no es asunto tuyo! —gritó DogDay, con las orejas completamente hacia atrás y su cola moviéndose frenéticamente.

—Claro, porque a nadie le importa que actúes como un imbécil con todos —replicó Simon, cruzándose de brazos y dejando escapar una bocanada de humo.

—¡No estoy siendo un imbécil, solo estoy...! —DogDay se detuvo, aparentemente sin palabras para justificar su comportamiento.

—¿Qué? ¿Preocupado? ¿Enamorado? ¿Idiota? —Simon enumeró con una sonrisa burlona—. Escoge uno, porque sinceramente estás quedando como un payaso.

Me reí desde las sombras, disfrutando del espectáculo.

—Esto es oro puro —murmuré para mí mismo, mientras Yarnaby rodaba los ojos.

—Eres insensible, ¿lo sabías? —me dijo.

—Y tú eres aburrido, así que supongo que estamos a mano —le contesté, dándole un leve empujón con una garra para molestarlo aún más.

De repente, la figura de Baba Chops apareció en la escena, calmada pero imponente como siempre.

—Ya basta —dijo con su voz profunda y serena, silenciando a ambos en un instante—. DogDay, Simon, tienen dos opciones: calmarse y hablar como seres civilizados, o dejar que yo me encargue.

Simon levantó las manos en señal de rendición.

—No hay necesidad de ponerse violento, viejo. Solo digo que alguien necesita hablar seriamente con este idiota.

DogDay gruñó pero no respondió, claramente luchando contra su frustración.

—Eso haré —dijo Baba, dirigiéndose hacia DogDay—. Ven conmigo. Necesitamos hablar.

Desde mi escondite, sonreí al ver cómo Baba guiaba a DogDay fuera de la sala.

—Eso fue decepcionante —dije en tono teatral.

—No todo puede ser caos y destrucción, ¿sabes? —respondió Yarnaby, levantándose.

—No en este momento, quizás —respondí, mirándolo con una sonrisa traviesa—. Pero pronto, querido amigo. Muy pronto.

(Cancelada)La oportunidad de ¡CATNAP!Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora