en esta historia Catnap vuelve atras en el tiempo de alguna manera pero ahora con su conocimientos del futuro y la venganza contra su ex Dios 1006.
comenten si tienen alguna idea para añadirla a la historia :3
los personajes y imagenes no me pertene...
Desde mi escondite en las ventilaciones, observaba cómo Pianosaurus se adaptaba al Playcare. Siendo honesto, esperaba algo de caos con su llegada. ¿Un dinosaurio metálico gigante entrando en un lugar lleno de experimentos y niños? ¿Cómo no iba a causar problemas? Pero, para mi sorpresa, no pasó nada. Nada.
Eso me irritaba, lo admito. Me hacía sentir que todo este esfuerzo de vigilar desde las sombras era una pérdida de tiempo. Giré hacia Yarnaby, que estaba a mi lado, y vi que tenía esa expresión suya de "me lo esperaba". Ese león multicolor, siempre tan insoportable con sus secretos. ¿Por qué no me lo dijo antes?
Como castigo por su falta de información, decidí darle unas caricias bien marcadas en su pelaje. Claro, él odia cuando hago eso, lo que lo hizo bufar y mirarme con esos ojos llenos de rabia. Antes de que pudiera decir algo, su rostro se partió en dos, revelando esa enorme boca llena de dientes que escondía dentro de su cabeza. Y sin previo aviso, me mordió la mano metálica.
—¡¿En serio, Yarnaby?! —gruñí, viendo cómo intentaba clavar sus dientes en mi brazo sin éxito.
—Jefe, en serio que eres resistente... —dijo con la boca llena de mi brazo. Hizo una pausa, levantando una de sus patas para tocar sus propios dientes—. ¡Creo que tengo varios dientes flojos por tu culpa!
—Deja de quejarte. —Moví mi brazo de un tirón, haciendo que soltase su mordida—. Al menos no se te rompió la mandíbula.
Su mirada fastidiada fue tan divertida que no pude evitar sonreír burlonamente. Me observó un momento antes de soltar un gran suspiro, como si estuviera harto de mí. —Bueno, al menos no estoy como doña traumas.
Ah, ya sabía a quién se refería. Lía.
Esa humana... era un enigma incluso para mí. Sus ojos hablaban de algo roto dentro de ella, de algo que intentaba esconder bajo ese miedo y esas preguntas silenciosas. Y aunque nunca lo admitiría, empezaba a interesarme. Pero solo un poco, nada más.
—¿Y qué sabes tú de eso, Yarnaby? —pregunté, mientras lo veía acomodarse en su sitio como si ya hubiese terminado su misión del día.
—Más de lo que crees, jefe. —Sus ojos brillaban con esa chispa burlona que tanto odiaba—. Pero no voy a contarte nada. Eso te toca descubrirlo por ti mismo.
Antes de que pudiera responder, dio un salto ágil hacia una rejilla cercana. —Me voy a mi celda. Nos vemos mañana... o no.
Y desapareció, dejándome solo con mis pensamientos.
Acomodé mi cuerpo metálico en las ventilaciones, ajustándome al espacio estrecho pero familiar. El sonido lejano de las risas y murmullos del Playcare se filtraba débilmente, pero aquí arriba todo era tranquilo. Me recosté, cerré mis ojos mecánicos, y traté de desconectarme del mundo por un rato.
Horas después...
Algo me despertó.
Un ruido, un movimiento leve en la rejilla cercana. Abrí mis ojos de golpe, activando mis sensores para captar cualquier intruso. Y ahí estaba: Lía.
Ella estaba justo debajo de mí, caminando por uno de los pasillos oscuros del Playcare. Sus pasos eran rápidos, nerviosos, como si intentara escapar de algo. ¿Qué demonios estaba haciendo fuera de su habitación a esta hora?
La seguí en silencio, moviéndome por las ventilaciones sin hacer ruido. Mis garras metálicas se deslizaban suavemente por el metal mientras observaba cómo se detenía en un rincón, abrazándose a sí misma.
—¿Otra vez aquí? —susurré desde las sombras, dejando que mi voz resonara suavemente.
Ella levantó la mirada de golpe, buscando el origen del sonido. No podía verme, claro, pero sabía que estaba ahí.
—¿Quién... quién está ahí? —preguntó, con la voz temblorosa.
—Alguien que te observa demasiado. —Mi tono era burlón, pero lo suficientemente bajo como para no asustarla más de lo necesario.
Ella se quedó en silencio, mirándose las manos como si tratara de encontrar las palabras adecuadas. Finalmente, murmuró: —No sé quién eres, pero... siento que siempre me estás mirando.
Sonreí, aunque ella no podía verlo. —Quizás porque eres interesante, Lía. Más interesante de lo que pareces.
—¿Por qué? —preguntó, levantando la voz un poco. Su tono no era de miedo esta vez, sino de frustración. Perfecto. —Porque tienes más preguntas que respuestas. Y porque... —hice una pausa, dejando que el suspense se hiciera presente— ...tienes algo que ocultar.
Ella retrocedió un paso, como si mis palabras hubieran tocado un nervio sensible. Antes de que pudiera decir algo más, decidí retirarme.
—Buenas noches, Lía. Que duermas bien... si puedes.
Volví a mi lugar en las ventilaciones, sonriendo para mis adentros. Doña traumas, eh... Quizás Yarnaby tenía razón. Ella era un misterio, y aunque no me gustaba admitirlo, los misterios eran algo que siempre me había encantado resolver.
Pero por ahora, había tenido suficiente interacción social por una noche. Cerré los ojos nuevamente y dejé que el silencio del Playcare me envolviera. Mañana será otro día interesante.