Veinte - Muñeca

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Narra Iván

Después del acto de amor que compartimos, Nicole y yo decidimos bañarnos juntos. Queríamos sentirnos renovados después de un día tan pesado. Al salir del baño, me puse solo un bóxer y Nicole, con su naturalidad, eligió ponerse una camiseta mía y ropa interior. Estaba tan hermosa, tan tranquila, que no podía dejar de admirarla.

Nos tiramos en la cama, agotados por el día. Había sido un día lleno de problemas, pero al final estábamos juntos, y eso era todo lo que importaba. Nicole se recostó en mi pecho y, acariciando mi barba con dulzura, me dijo:

—Te amo, Iván. Quiero expresarte más, pero no sé qué palabras usar. Gracias por protegerme de todo, y créeme que superaremos esto juntos.

Me quedé en silencio, disfrutando de sus caricias. Cada vez que Nicole decía algo así, me hacía sentir el hombre más afortunado del mundo, pero también me recordaba el peso de mis promesas. Le había jurado protegerla, no solo a ella, sino también a mí mismo.

—Yo te amo mucho más, mami. Créeme, mientras yo exista, tu vida siempre estará en las mejores condiciones —le respondí, besando su frente y acariciando su cabello—. Descansa, mami.

—Descansa, mi amor —murmuró ella, dejándome un beso en los labios antes de abrazarme como si fuera su oso de peluche, subiendo una pierna sobre mí. Era única, imposible no amarla.

Poco después, sentí cómo su respiración se volvía lenta, señal de que se había quedado profundamente dormida.

Abrí los ojos lentamente, sintiendo la luz del día colarse por las cortinas. Eran las 11:25 de la mañana. Sí, ya era tarde, pero nos habíamos dormido tarde también. Mis ojos se posaron en Nicole, que seguía abrazada a mí, con su carita ligeramente hinchada por el sueño. Sonreí mientras acariciaba su rostro suavemente.

Ella se movió un poco, a lo que respondí dejándole un beso en su frente.

—Buenos días, mi amor —dije, con la voz algo ronca.

—Mmm... un ratito más, guapo —murmuró Nicole, aferrándose aún más a mí como si fuera un oso de peluche.

No pude evitar reír. Sabía que Nicole tenía un lado adorable. Comencé a masajear su cabeza para que se relajara, porque sabía que el día de hoy no sería nada fácil.

Después de un rato, Nicole despertó, me miró y soltó una risita antes de sentarse encima de mí.

—Buenos días, mi chapito —dijo, cubriéndome el rostro con una lluvia de besitos tiernos.

Nos levantamos y decidimos bañarnos juntos de nuevo para alistarnos. Yo me puse una camisa de botones negra y un pantalón del mismo color, como siempre solía . Nicole eligió un pantalón negro y un top rosa claro, luciendo espectacular. La observé mientras se planchaba el cabello y se maquillaba, sintiéndome afortunado por tenerla en mi vida.

Cuando bajamos al comedor, para nuestra sorpresa, el desayuno ya estaba servido.

—Huele riquísimo, Iván. ¿Quién cocinó esto? —preguntó Nicole, con una gran sonrisa.

—¡Señora Rosa! ¡Venga a conocer a mi mujer! —grité, esperando que me escuchara desde la cocina.

—Señor Iván, buenos días. ¿Se le ofrece algo? —preguntó la señora Rosa al llegar.

—¡Rosita! Nicole, ella es la señora Rosa, es como una segunda madre para mí. Rosita, ella es Nicole, mi mujer —dije, presentándolas con orgullo.

—Mucho gusto, señora Rosa —dijo Nicole, extendiendo su mano con educación—. Esta comida está deliciosa.

—Dime Rosita, mijita. Y gracias, es un halago que me digan eso —respondió la señora Rosa antes de retirarse.

Obsesionado - IAGDonde viven las historias. Descúbrelo ahora