Treinta y cinco - Cariñosas 2/5

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Narra Nicole

Al amanecer, me desperté primero. Me giré para observarlo; incluso dormido, Iván parecía el hombre más seguro del mundo. Sus labios estaban entreabiertos, y su respiración era lenta y tranquila. No pude evitar sonreír al verlo así, tan relajado, tan mío.

Me levanté con cuidado, tratando de no despertarlo, y me dirigí al baño para darme una ducha rápida. Quería estar lista para sorprenderlo cuando despertara. Tenía todo planeado: desde el desayuno hasta un pequeño regalo que sabía que lo haría feliz.

Cuando regresé al cuarto, él seguía dormido. Me acerqué despacio, inclinándome sobre él, y le di un beso suave en los labios.

—Despierta, cumpleañero —susurré, sonriendo al ver cómo abría los ojos lentamente.

Iván me miró, todavía adormilado, pero con una sonrisa que me derretía.

—Buenos días, mami —dijo, envolviéndome con sus brazos y atrayéndome hacia él.

—Buenos días, amor. Hoy es tu día, y voy a hacer que lo recuerdes para siempre.

Me senté al borde de la cama y tomé su mano entre las mías. Iván me miraba con una mezcla de curiosidad y ternura, aún despeinado y con los ojos un poco entrecerrados por el sueño.

—Feliz cumpleaños, mi amor —dije suavemente, rozando su mano con mis dedos.

—Gracias, mami —respondió, esbozando esa sonrisa que siempre me desarmaba.

Respiré hondo, buscando las palabras adecuadas. Quería que él sintiera todo lo que significaba para mí, todo lo que nunca le había dicho de forma tan directa.

—Iván, a veces siento que no te lo digo lo suficiente, pero eres lo mejor que me ha pasado en la vida. Contigo entendí lo que realmente significa amar a alguien. No hablo solo de esas mariposas en el estómago que siento cada vez que me miras, o del deseo que nos une. Hablo de cómo me haces sentir segura en este mundo tan loco, de cómo me enseñas cada día que el amor no es perfecto, pero sí verdadero.

Su expresión cambió, volviéndose más seria, más atenta.

—Sé que a veces puedes pensar que soy fuerte, que no necesito nada ni a nadie. Pero la verdad es que te necesito a ti, más de lo que jamás imaginé necesitar a alguien. Porque contigo soy yo misma, sin máscaras, sin miedo. Eres mi hogar, Iván. Mi refugio.

Hice una pausa, sintiendo cómo mis propias emociones empezaban a desbordarse.

—Te admiro tanto, ¿sabes? Por tu fuerza, por tu corazón, por la forma en que siempre proteges a los que amas, incluso cuando el mundo te exige ser frío. Pero conmigo... siempre me das lo mejor de ti. Y por eso te amo. Porque, aunque no lo digas siempre, sé que me amas de una forma que nunca había conocido.

Iván parpadeó rápidamente, su pecho subiendo y bajando con respiraciones profundas. Tomé su rostro entre mis manos, mirándolo directamente a los ojos.

—Hoy, en tu cumpleaños, solo quiero que sepas que te mereces todo lo bueno de esta vida. Y si alguna vez dudas de ti mismo, si el mundo te pone a prueba, quiero que recuerdes esto: yo creo en ti. Siempre.

Una lágrima silenciosa rodó por su mejilla, y yo la limpié con mi pulgar antes de besar su frente con ternura.

—Gracias, Nicole —susurró, su voz quebrándose un poco. Me abrazó con fuerza, como si quisiera asegurarse de que nunca me iría. —Nunca nadie me había dicho algo tan...

—Te amo, Iván —lo interrumpí suavemente.

Él me apretó más fuerte, hundiendo su rostro en mi cuello. Podía sentir sus lágrimas contra mi piel, y lejos de verlo como algo triste, lo sentí como un momento de completa vulnerabilidad entre los dos.

Obsesionado - IAGHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora