Narra Ivan
Ovidio, Alfredo y Néstor me sacaron del rancho a punta de excusas. Desde que me felicitaron con ese mini pastel y los gorritos ridículos, algo me olía raro, pero no dije nada. Solo los seguí porque, al final, confiaba en que no iban a arruinarme el día... mucho.
—Primero, una vuelta para unas chelas —dijo Ovidio con esa sonrisa que siempre significa problemas. —¿O qué, te quieres quedar encerrado en el rancho todo el día como viejito?
—No me hagas hablar, porque tú ya no aguantas ni media peda, compa —le respondí, subiéndome al carro con los demás.
—¡Uy, se calentó el cumpleañero! —bromeó Néstor mientras encendía la música a todo volumen.
Llegamos a mi restaurante favorito, y ahí fue donde entendí que los cabrones ya lo tenían todo planeado. La mesa estaba lista, con cervezas bien frías y una variedad de mariscos que parecía sacada de un menú de lujo.
—Sabía que tenían algo bajo la manga. —Me senté en la cabecera, mirando a los tres con sospecha.
—¿Tú crees que no íbamos a hacer algo? —preguntó Alfredo, sirviendo una cerveza. —Eres insoportable, pero igual te queremos, cabrón.
—"Te queremos", dice —lo interrumpió Ovidio, riéndose. —Nomás vino porque le dijimos que iba a haber comida.
—Calla, Ovidio. Al que siempre hay que invitar es a ti, porque si no, te pones sentimental —le respondí mientras Alfredo se carcajeaba.
La conversación fluía entre bromas y anécdotas de todo tipo. Néstor contó cómo casi se queda atorado en un pueblo porque su camioneta se quedó sin gasolina.
—¿Y no revisaste? —pregunté, levantando una ceja.
—¡Claro que revisé! Pero era de madrugada, y no había gasolineras abiertas. —Se encogió de hombros. —Tuve que hablarle a uno de mis contactos para que me trajera un bidón.
—Siempre tan prevenido tú, ¿eh? —dije con sarcasmo mientras Alfredo y Ovidio se reían.
—Mejor cuéntale cómo te quedaste dormido afuera del antro la última vez. —Ovidio soltó la bomba, y todos nos morimos de risa mientras Néstor intentaba defenderse.
Entre risas y cervezas, los regalos empezaron a aparecer. Ovidio me dio un reloj de lujo, Alfredo un par de botas exclusivas que llevaba tiempo buscando, y Néstor apareció con un cinturón de piel personalizada.
—Nomás no lo pierdas, wey, como el que te regalé el año pasado. —Néstor me lanzó una mirada de advertencia, y yo solo me encogí de hombros.
—Ese cinturón no se perdió. Se quedó en casa de Nicole —le respondí, y los tres se echaron a reír.
—Ah, bueno, si está con Nicole, entonces todo bien —bromeó Alfredo, levantando su cerveza.
El ambiente era relajado, y aunque disfrutaba el momento con ellos, no podía dejar de pensar en Nicole. Algo me decía que ella tenía algo más preparado, y por cómo Ovidio me miraba de vez en cuando con esa sonrisa sospechosa, sabía que él estaba metido en el plan.
—¿Y Nicole? —pregunté de repente, mirando a Ovidio con una ceja levantada.
—¿Por qué preguntas? —respondió con su tono despreocupado. —¿No puedes disfrutar de un rato con tus hermanos sin pensar en tu novia?
—No confío en ti, cabrón. Algo están tramando.
—Relájate, wey —dijo Alfredo, dándome una palmada en la espalda. —Te prometo que no vamos a llevarte al rancho y encontrarte a todos con gorritos otra vez.
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Obsesionado - IAG
FanfictionNicole, la hermana de Tito Double P, está acostumbrada a una vida de lujos y poder pero nada fuera de lo normal. Pero cuando conoce a Iván Archivaldo, el reservado amigo de su hermano, su mundo da un giro inesperado. Lo que comienza como una conexió...
