Cincuenta y uno - Tercer Trimestre

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Narra Nicole

El tercer trimestre había llegado, y con él, la cuenta regresiva más emocionante —y agotadora— de nuestras vidas. Mi panza estaba enorme, tanto que apenas podía moverme con facilidad. Iván se había convertido en mi sombra oficial, asegurándose de que no levantara un dedo. Y aunque a veces me frustraba, sabía que lo hacía porque estaba igual de emocionado y nervioso que yo.

El rancho estaba más vivo que nunca. Entre Iván, Tito, y hasta Néstor, parecía que todo el mundo tenía algo que hacer en preparación para los bebés. Habíamos transformado una de las habitaciones del rancho en un cuarto para los gemelos, y la decoración estaba en marcha.

—¿Estás segura de que quieres colores neutros? —preguntó Iván, sosteniendo un bote de pintura blanca en una mano y una brocha en la otra.

—Sí, Iván. No quiero que el cuarto sea completamente azul y rosa solo porque tenemos un niño y una niña. Quiero algo suave, algo bonito.

—Bueno, tú mandas. —Se encogió de hombros y comenzó a pintar la pared.

Desde donde estaba sentada en un sillón, supervisando todo, no pude evitar sonreír. Ver a Iván con una brocha en la mano, tan concentrado en hacerlo perfecto, era una imagen que nunca pensé que viviría, pero ahí estaba.

—Tito, ¿puedes dejar de pintar eso torcido? —regañé a mi hermano, quien estaba encargándose de las repisas.

—Ay, mija, no exageres. Quedará perfecto, confía en tu hermano mayor. —Tito me guiñó un ojo antes de volver a su "arte".

Néstor, que estaba sentado en el suelo ensamblando una cuna, soltó una risa.

—Si esto queda torcido, seguro será por culpa de Tito, no de ti, Nicole.

—¡Cállate, Néstor! —Tito respondió, riéndose mientras le lanzaba un trapo.

La energía en el cuarto era contagiosa. A pesar de los nervios, me sentía más feliz que nunca viendo cómo todos se unían para que el espacio fuera perfecto para Archivaldo y Mía.

Narra Iván

Había algo en preparar todo para los bebés que me hacía sentir diferente. Más responsable. Más comprometido. Sabía que mi vida nunca volvería a ser la misma, y eso no me asustaba; al contrario, me daba fuerzas.

Pasaba mis días planeando hasta el último detalle. Me aseguré de que el cuarto tuviera cámaras conectadas a nuestros teléfonos, que las cunas fueran las más seguras del mercado y que el rancho estuviera listo para recibir a dos recién nacidos. No había margen de error.

—Oye, ¿crees que necesitemos más pañales? —pregunté una noche mientras Nicole descansaba en la cama.

Ella me miró desde su lado, acariciando su panza.

—Iván, ya tenemos como mil pañales.

—Sí, pero son dos bebés, Nicole. ¿Y si nos quedamos cortos?

Ella rodó los ojos, pero sonrió.

—Estás exagerando. Pero bueno, si eso te hace sentir más tranquilo, compra los pañales que quieras.

Me acerqué para besar su frente y luego su panza.

—No es exagerar, es prevenir. Estos dos van a tener todo lo que necesiten, te lo prometo.

Narra Nicole

Los días se sentían largos, pero el tiempo se iba rápido al mismo tiempo. Entre las visitas al doctor y los últimos toques al cuarto, apenas había tiempo para procesar lo que estaba por venir.

Obsesionado - IAGHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora