XXXIX

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Alya de jong || 🐬📚
11 de agosto

Empecé a notar los rayos del sol dándome en la cara. Intenté ignorarlos buscando un sitio donde no me dieran, moviéndome como una croqueta para seguir durmiendo. En esas, escuché un susurro

—Maléfica, despierta.

Me hice la loca y me acurruqué más en mi escondite. Vamos, que nadie me iba a sacar de mi siesta.

—Bruja, arriba.

—Déjame dormir, Pablo... —murmuré con voz de ultratumba.

—Maléfica, despiértate, por favor. Y no me llames Pablo.

Abrí los ojos a regañadientes, y cuando me di cuenta de dónde estaba, me puse roja como un tomate maduro.

¡Qué vergüenza! Había estado con la cabeza metida en su cuello.

—Perdón si te molesté... —me disculpé separándome rapidamente

—No pasa nada. Anda, tenemos que buscar cómo salir de aquí.

Se empezó a levantar, y en ese momento me acordé: estoy en ropa interior. Lo frené antes de que se moviera más, y él me miró con el ceño fruncido.

—¿Qué pasa ahora? —preguntó desconcertado.

—Sigo en ropa interior...

—Ya... Y a mí me duele el culo.

—¿De qué?

—De nada... —respondió, nervioso, como si ocultara algo.

—¿Seguro? ¿Estás bien?

—Sí, sí.

—¿Por qué te dolería el culo? —murmuré confundida.

Él me miró y soltó, encogiéndose de hombros:

—Tal vez porque he querido que estuvieras cómoda y he estado todo este rato rompiéndome el culo para que tú no te rompas el tuyo. ¿Te vale?

Y ahí me cayó la ficha. Estaba sentada sobre sus piernas, abrazada a él. Me envolví en la manta como un burrito y me levanté de un salto.

—Perdón si te he lastimado—me disculpe bajando la mirada nerviosa

—¿Puedes parar de pedir perdón? Lo he hecho porque me ha dado la gana, no pasa nada.

Me quedé roja como un semáforo, mirando al suelo, mientras él se estiraba como si nada. En boxers como si fuera lo más normal del mundo

me acerque a la puerta luego de coger mi ropa y justo está se abrió estampando me la cara de un tortazo

Caí al piso sobando mi frente a causa del dolor y pude ver a Pepi acercarse preocupado

—joder denuevo ¿Estás bien allie? ¿Te he hecho daño?—dijo ayudándome a levantarme—perdon —dijo dándome un abrazo

—tranquilo Pepi

—¿segura? Te he dado fuerte, por segunda vez —rio cogiendo mi cara entre sus manos mirándome fijamente

—esque tu tienes maneras extrañas para despertarme, ayer la estampada matutina y hoy el portazo espabilador

Entre Gavi y pedri se rieron a carcajadas

—me habéis asustado—dijo de la nada el canario

—¿que ha pasado?

—me he despertado y no os he visto, como solo Gavi es un madrugador me preocupaba que te estuviera matando—bromeo

|| UNION EN EL CAMPO || pablo GaviDonde viven las historias. Descúbrelo ahora