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Alya de Jong|| 📚🐬
13 de agosto

Al día siguiente me desperté sobre las 9, y para mí eso ya era madrugón. La noche anterior me había acostado sobre las 11 porque me quedé hablando con Héctor hasta que el sueño me ganó.

Bajé a la planta de abajo y allí estaban Héctor y Gavi jugando a la play. Eché un ojo al marcador y vi que Héctor iba ganando 5-2. Vaya humillada le estaba metiendo.

Me senté entre los dos y me puse a mirar cómo jugaban.

—Hola —saludó Gavi, más seco que un bocata de polvorones.

—Ajá.

—¿Qué tienes? ¿No quieres hablarme? —preguntó extrañado.

—Nunca quise hablarte. Eres tú el que siempre se acerca y me habla —solté sin pensar.

Gavi me miró unos segundos, dejó el mando en la mesa y se levantó para irse.

—Oye, espera —dije levantándome tras él—. Era broma, Martín. Sí me gusta hablar contigo. —Pero el tío pasó de largo, cogió su móvil y se largó.

—Menudo gilipollas... —murmuré.

—La has cagao —soltó Héctor.

—¿Y yo por qué? Me he disculpado y le he dicho que era broma.

—Ya, pero Gavi es muy sensible. Aunque lo niegue, te ha cogido cariño, y como lo demuestra a su manera, eso le ha dolido.

—Vale, lo entiendo, pero tampoco puede enfadarse por eso...

—Déjale, ya se le pasará. Anda, ven, vamos a comer algo —dijo tirando de mi mano para llevarme a la cocina.

Me senté en la isla mientras Héctor sacaba zumo de naranja y unas tostadas con mantequilla.

En eso entró Gavi hablando con Pedri. Me lanzó una mirada rápida mientras se servía un ColaCao, pero ni una palabra.

Héctor se acercó a mí con las tostadas y me las puso en la boca para hacerme reír, y claro, terminé soltando una carcajada. Él también se rió conmigo.

—Toma, anda. Voy a traer queso —dijo dándome un beso en la frente antes de irse.

Vi cómo Gavi salía refunfuñando de la cocina, y Pedri se acercó a mí con cara de "¿qué ha pasado aquí?".

—¿Por qué está así? —preguntó señalando hacia la puerta por donde acababa de salir.

—Porque le he dicho que él siempre es el que me habla a mí, que yo no quiero hablar con él —bufé bajando la cabeza, triste.

—¿Y por qué le has dicho eso?

—No sé, estaba cansada y me salió más seco de lo que quería, y lo entendió mal...

Pedri asintió y me dio un beso en la frente.

—Come bien, anda. Ya le diré que te hable luego.

—Vale... —respondí mientras seguía dándole vueltas al tema.

Cuando terminé de comer, me senté en el sofá mirando el móvil hasta que alguien tocó la puerta. Me levanté a abrir y me encontré con Cristom, que me sonreía con un ramo de rosas en las manos. Sonreí, enternecida.

—Hola —saludó nervioso.

—Hola.

—¿Quieres salir a desayunar por ahí?

—Em... vale —asentí, aunque ya había comido algo, me parecía tan tierno como para rechazarlo—. ¿Me das 20 minutos?

—Sí, claro.

|| UNION EN EL CAMPO || pablo GaviDonde viven las historias. Descúbrelo ahora