Daniela llevaba poco más de dos semanas trabajando en Lirio Blanco, pero cada día sentía que sabía menos de Alma. Al principio, la había admirado. Su seguridad, su elegancia, su capacidad para manipular el ambiente de la tienda como si fuera un escenario la fascinaban. Pero tras lo ocurrido con Víctor, algo empezó a inquietarla.
Esa misma noche, mientras cerraban la tienda, Daniela no pudo contener su curiosidad.
—Alma, ¿crees que ese cliente volverá por el sombrero? —preguntó, fingiendo casualidad mientras barría el piso de madera.
Alma, que estaba revisando la caja registradora, apenas levantó la vista.
—No lo creo. La gente como él prefiere olvidar sus errores. —Su tono era despreocupado, como si hubiera hablado del clima.
Daniela dejó de barrer.
—¿Errores? Pero no fue su culpa que la tarjeta no pasara.
Alma rió suavemente, un sonido que a Daniela le resultó incómodamente vacío.
—Oh, querida, todo es cuestión de perspectiva. A veces, hay que enseñarles una lección para que valoren lo que tienen.
—¿Qué lección? —insistió Daniela, sintiendo que el aire se volvía denso.
Alma alzó la mirada, sus ojos verdes fijos en los de Daniela.
—Que no todo el mundo merece llevarse algo de Lirio Blanco. Mi tienda no es solo un lugar para comprar ropa; es un filtro. Solo los más... interesantes pasan la prueba.
Daniela sintió un escalofrío recorrer su espalda. Había algo en la manera en que Alma lo decía, como si no estuviera hablando solo de negocios, sino de algo más profundo, más oscuro.
Esa noche, mientras organizaba las perchas, Daniela encontró algo extraño. En el almacén, en un rincón donde se apilaban cajas, había una pequeña libreta negra, cuidadosamente escondida detrás de una pila de telas. No pudo resistirse y la abrió.
Dentro, encontró una lista de nombres. Muchos le resultaban desconocidos, pero algunos eran familiares: clientes habituales de la tienda. Junto a cada nombre, había pequeñas anotaciones:
María López: insegura, manipulable.Ana Torres: probable retorno, explorar miedos.Víctor Hernández: débil, objetivo cumplido.
El corazón de Daniela empezó a latir con fuerza. ¿Qué significaban esas notas? ¿Por qué Alma catalogaba a los clientes como si fueran piezas en un juego?
De repente, sintió una presencia detrás de ella. Se giró rápidamente y encontró a Alma en la puerta del almacén, con los brazos cruzados y una sonrisa que no llegó a sus ojos.
—¿Qué haces ahí, querida? —preguntó con dulzura falsa, aunque su mirada parecía atravesarla.
—Estaba... buscando tela para reponer los estantes —mintió Daniela, cerrando la libreta de golpe y dejándola donde la había encontrado.
Alma avanzó lentamente, sus tacones resonando en el silencio.
—Aquí solo hay cosas que yo necesito. No vuelvas a tocar nada sin pedírmelo primero, ¿de acuerdo?
Daniela asintió, sintiendo cómo la presión de la mirada de Alma la asfixiaba. Supo en ese momento que su jefa no era solo una mujer elegante y astuta. Había algo más en ella, algo profundamente perturbador, y Daniela no estaba segura de querer descubrirlo.
Esa noche, Daniela no pudo dormir. La imagen de la libreta negra, con sus nombres y anotaciones frías, le daba vueltas en la cabeza. ¿Qué significaba? ¿Por qué Alma mantenía ese registro?
A la mañana siguiente, Daniela llegó temprano a la tienda. Alma no aparecía hasta media hora después de abrir, lo que le daba tiempo para buscar respuestas. Fingiendo organizar los estantes, se dirigió al almacén y sacó la libreta negra de su escondite. Esta vez, decidió examinarla con más detalle.
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RED OSCURA
NonfiksiRed Oscura es una colección de relatos breves que exploran los laberintos psicológicos de las relaciones tóxicas, donde el amor, la obsesión y el control se entrelazan en una danza peligrosa.
