Inés siempre había sido una mujer segura de sí misma. O al menos, eso pensaba antes de conocer a Gabriel. Él tenía una habilidad inquietante para entrar en la vida de las personas como un secreto bien guardado, envolviéndolas con palabras dulces y miradas intensas. Cuando comenzaron a salir, Gabriel parecía perfecto: atento, cariñoso y siempre dispuesto a escuchar. Pero con el tiempo, esa perfección se convirtió en algo más turbio.
Todo comenzó con pequeñas cosas. "¿De verdad dijiste eso?", preguntaba Gabriel con una leve sonrisa cuando Inés insistía en recordar algo que había sucedido. Otras veces, con un tono casi condescendiente, le decía: "Creo que estás confundida. No pasó así." Al principio, Inés dudaba de sí misma, pero después de un tiempo, empezó a sentir que algo no estaba bien.
Una noche, mientras cenaban, Gabriel mencionó casualmente a su amiga Lucía. "Ella dijo algo muy interesante hoy sobre el trabajo, deberías hablar con ella alguna vez. Creo que te ayudaría a ser más... abierta."
La mención de Lucía se volvió recurrente. Gabriel hablaba de ella con admiración, lanzando comparaciones sutiles que parecían inocentes, pero que carcomían la autoestima de Inés. "Lucía siempre tiene una perspectiva tan fresca. Me encanta cómo enfrenta los problemas." Cuando Inés expresó su incomodidad, Gabriel se rió y la tomó de la mano. "No te pongas celosa. Es solo una amiga. ¿Por qué siempre te imaginas cosas?"
Con el tiempo, la presencia de Lucía empezó a sentirse como una sombra constante en su relación. Gabriel insistía en que Inés debía conocerla mejor, que la admiraría si le diera la oportunidad. Finalmente, una tarde de domingo, la invitó a tomar café con ellos.
Lucía era tan encantadora como Gabriel la había descrito. Tenía un aire de confianza que hacía a Inés sentirse pequeña e insegura a su lado. Durante la conversación, Gabriel no dejaba de mirarla con esa misma intensidad que, al principio, había reservado solo para Inés.
Después de aquel encuentro, Inés no pudo contener sus emociones. Le dijo a Gabriel que se sentía desplazada, que no entendía por qué siempre la comparaba con Lucía. "Estás exagerando otra vez", respondió él, con un suspiro. "Te haces historias en la cabeza, y no sé cómo ayudarte si no confías en mí."
Las semanas siguientes, Inés empezó a notar cosas extrañas. Mensajes en el teléfono de Gabriel que desaparecían, salidas que no mencionaba, detalles que no cuadraban. Cuando lo confrontó, él negó todo con una calma inquietante. "Estás viendo cosas donde no las hay, Inés. Creo que necesitas hablar con alguien. Tu ansiedad está empeorando."
Una noche, mientras Gabriel dormía, Inés revisó su teléfono. Encontró mensajes con Lucía, conversaciones llenas de confidencias y palabras cariñosas. Se quedó helada al leer:
"No puedo esperar a verte mañana. Me haces sentir vivo."
Cuando lo enfrentó, Gabriel no negó nada. En cambio, la miró con frialdad y le dijo: "Es increíble cómo siempre buscas un villano en tu vida. Lucía y yo somos amigos, pero tú estás tan obsesionada con tener razón que estás destruyendo nuestra relación con tus paranoias."
Esa noche, mientras lloraba frente al espejo, Inés sintió algo extraño. Su reflejo no correspondía con sus movimientos. Su propia imagen le devolvía una sonrisa torcida, burlona. Inés retrocedió, pero el reflejo permaneció inmóvil, observándola con ojos llenos de malicia.
—¿Por qué sigues peleando? —susurró el reflejo. Su voz no provenía del espejo, sino de dentro de su propia cabeza.
—¿Qué... qué eres? —balbuceó Inés.
—Soy lo que ellos quieren que seas. Soy la mujer insegura que necesitan para aplastarte. Gabriel me creó, pero Lucía me perfeccionó. Y ahora, soy tú.
El reflejo alzó una mano y golpeó el vidrio desde el otro lado. La grieta se extendió como una telaraña, pero cuando Inés intentó apartarse, sintió algo frío y húmedo en su tobillo. Bajó la vista y vio una mano saliendo del marco del espejo, aferrándose a ella con fuerza.
—No puedes escapar —dijo la voz, esta vez más fuerte.
Inés gritó, pero su voz se apagó en un eco infinito. La última imagen que vio antes de ser arrastrada fue su propio reflejo riendo, mientras el cristal se cerraba detrás de ella, dejándola atrapada para siempre en el otro lado.
A la mañana siguiente, Gabriel despertó y encontró a Inés sentada en la cama, con una sonrisa extraña en el rostro.
—¿Estás bien? —preguntó, intrigado.
Inés se giró hacia él, y por un breve segundo, algo oscuro brilló en sus ojos.
—Estoy mejor que nunca —respondió.
FIN
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RED OSCURA
NonfiksiRed Oscura es una colección de relatos breves que exploran los laberintos psicológicos de las relaciones tóxicas, donde el amor, la obsesión y el control se entrelazan en una danza peligrosa.
