Capítulo 13

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El sol se asomaba por la ventana, y Yuki podía sentir cómo los primeros rayos golpeaban su rostro. Aunque su cuerpo le pedía seguir descansando, sabía que no podía quedarse todo el día en la cama, al menos no ahora. Se lo había prometido alguna vez: no permitiría que ese dolor la volviera a sumergir.

El cuerpo a su lado empezaba a moverse incómodo, regresando poco a poco del reino de los sueños. Al observar su rostro, pudo ver cómo esos hermosos ojos celestes aparecían. No sintió cuando él había vuelto al dormitorio, pero sí cuando se había ido. También se había dado cuenta de la conversación que tuvo con Suguru. Satoru siempre tenía la costumbre de querer cargar con el mundo él solo, y eso muchas veces le molestaba. Esta conversación era una de esas ocasiones. Ella sabía que él también sufría al recordar todo eso, y aun así prefería hacerlo solo, enfrentando su pasado sin permitir que ella lo acompañara con ese peso.

—¿Cómo estás?— La mirada fija del albino sobre ella, con la preocupación brillando en sus ojos, le demostraba cuán angustiado seguía. Probablemente temía lo peor hacia ella.

—Mejor, muchas gracias por estar conmigo—. La pelinegra acarició la mejilla de su compañero. —Siempre lo estás—. Ella esperaba algún día poder devolver todo ese cariño devoto que el albino le entregaba.

—Siempre. Le conté la verdad a Suguru anoche. Él está de acuerdo en mantener nuestro secreto.

—No estoy segura de querer eso—suspiró—. Llevamos dos años ocultando todo esto y lo único que hemos conseguido es dañar nuestra relación con nuestros amigos. No quiero seguir ocultándoselo a Shoko. También le diré la verdad, pero déjamelo a mí. No tienes que encargarte de todo tú solo.

El albino le sostuvo la mano que lo acariciaba sobre su mejilla. Una leve sonrisa surcó sus labios. Si ella quería contárselo al mundo entero, él estaría de acuerdo.


...


El sol estaba en alto, y la pelinegra buscaba a su querida amiga castaña por los pasillos de la escuela. Había decidido que lo mejor era contar la verdad ese mismo día. Luego de recorrer los campos de entrenamiento y no encontrarla, pensó que tal vez lo mejor sería buscarla en su habitación.

—¿Shoko, estás?— La pelinegra tocó la puerta de la habitación de la hechicera.

—¿Yuki?— La castaña abrió la puerta y la miró sorprendida. —Pasa.

—Shoko, tengo algo que decirte—. La castaña la miró curiosa. Su amiga muy rara vez tenía una expresión tan seria. —Yo... te he mentido todo este tiempo—. Yuki no podía evitar jugar con sus manos a causa de los nervios. —No sé por dónde empezar. Es más complicado de lo que crees.

—¿Es sobre Satoru?— Shoko la miró interrogante, con una leve mueca burlona en los labios al ver la sorpresa de la menor. —¿Me dirás entonces por qué me ocultaste todo este tiempo que estabas casada con él?

—¿Qué? ... ¿Tú? ... ¿Cómo supiste todo esto? - La confusión brillaba en su rostro.

—Entonces sí tenía razón. La verdad es que era una sospecha que tenía hace un tiempo, pero me parecía algo extremadamente loco. Ahora veo que es verdad. Realmente no entiendo cómo es posible, ni logro comprender cómo funcionan los clanes de hechiceros, pero esto es muy extraño—. Soltó una carcajada al final.

—¿Cómo...? ¿Cómo pudiste descubrir algo así?

—Subestimas mi inteligencia, Yuki. Fueron una serie de cosas. Primero, sus anillos. Al principio pensé que eran novios a escondidas. Tenía bastante sentido para mí, ya que Gojo sólo contigo se comportaba de manera decente y no como un idiota infantil. Luego, con uno de los libros que me prestaste, encontré una dedicatoria que decía: "Para la nueva señora Gojo". Hubiera creído que ese libro pertenecía a algún familiar de ese clan, pero tú me habías dicho que te lo regalaron unos hechiceros hace tiempo, por lo que no tenía sentido que esa dedicatoria fuera para nadie más. La única manera en que fueras una Gojo sería casándote con alguien de ese clan. Ya con eso tenía varias hipótesis, pero todas se fueron descartando, quedando la única opción lógica: que te habías casado con ese idiota albino. Y, tal vez, no de una manera muy voluntaria. Con eso tendría una respuesta para el constante odio que ambos comparten hacia los altos mandos y todas las tradiciones de los clanes.

JUNTOS; Gojo SatoruHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora