Capítulo 27

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Los rayos del amanecer atravesaron las ventanas por la mañana, entregando un cálido despertar a los recién casados. Era un inicio de día lleno de energía y calidez que ambos pensaban compartir con profunda devoción.

Sin embargo, todo lo bueno suele terminar.

El teléfono de Yuki empezó a sonar sobre la mesa de noche, desconcertando a la pareja. ¿Quién podría estar molestándolos justo ahora? Yuki tenía toda la intención de levantarse a por el aparato que vibraba sin parar, pero fue detenida por el brazo de Satoru, que se envolvió firmemente en su cintura para frenar su acción.

—Satoru, déjame ir —Yuki rió entre los brazos del albino.

—No vayas, ignóralo... —se quejó Satoru, escondiendo el rostro en su cuello justo cuando el irritante sonido se detuvo—. ¿Ves? Te lo dije. El mundo puede sobrevivir cinco minutos sin nosotros. Si fuera algo de vida o muerte, ya habrían mandado a un mensajero a morir en nuestra puerta.

El enorme cuerpo de Satoru cubrió a Yuki con rapidez, encarcelándola entre él y la cama mientras dejaba un sinfín de besos en su cuello. Justo en ese instante, el teléfono volvió a sonar.

—¿Pero qué mierda...? —gruñó Gojo, frunciendo el ceño con fastidio infantil—. ¿Es que la gente no tiene consideración con los recién casados?

Yuki se escabulló entre los brazos del más alto para ponerse de pie. Se envolvió en una sábana y tomó el teléfono para responder la llamada.

—Felicidades, señora Gojo —fue lo primero que escuchó Yuki. Aquella voz, envejecida y ronca por los años, la hizo estremecer. Al notar la reacción de su esposa, Satoru se puso de pie de inmediato; la ligereza desapareció de su rostro en un segundo—. Veo que tú y Gojo decidieron rechazar nuestra oferta. Qué lamentable —la ironía marcaba cada una de sus palabras—. Y dado que hemos sido bastante permisivos... Gojo Yukiko, tus actividades como hechicera han sido reactivadas. Se te ha asignado una orden: debes eliminar una maldición de grado 2 en la isla de Hokkaido. Un auto ya está esperando por ti.

No le dio tiempo a contestar; la llamada finalizó abruptamente.

—Esas momias de mierda, no pueden asignarte una misión a ti sola. Te acompañaré —Yuki veía cómo Satoru discutía solo mientras tomaba una toalla con rapidez para meterse a duchar y escoltarla.

—Sabíamos que algo así podía pasar, Toru. Esos ancianos no quieren verse enfrentados a algo más grande que tú y menos controlable, lo sabes.

—Como no pudieron romper el matrimonio, ahora buscan la manera de deshacerse de ti, Yuki. Y no lo voy a permitir —Satoru se acercó a ella, acunando su rostro entre las manos y depositando con amor un beso en su frente.

Cuando el albino estaba por perderse en dirección al baño, su propio teléfono empezó a vibrar. Yuki no estaba lo suficientemente cerca para escuchar, pero por la expresión que ensombreció el rostro de Satoru, supo que no era nada bueno.

—¿Ah, sí? Qué oportunos... No me importa. Iré en cuanto me dé la gana... ¡Que no pueden obligarme, carajo! ¡Váyanse al diablo con sus misiones de última hora! —Con esto último, Satoru lanzó su teléfono lejos, estrellándolo.

Satoru levantó la mirada, revelando unos ojos azules encendidos en pura furia que conectaron con los de Yuki.

—Esos malditos infelices me asignaron una misión —Yuki asintió lento; ya se lo temía—. En Egipto, Yuki. ¡En el maldito Egipto! Cruzando todo el océano. Esos viejos decrépitos me quieren lo más lejos posible de ti.

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⏰ Última actualización: Jul 02 ⏰

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JUNTOS; Gojo SatoruHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora