Capítulo 10

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⚠︎ Advertencia, leer este capitulo con discreción, puede contener temas sensibles para algunos lectores, si te sientes incomoda con la trama, por favor deja de leer. ⚠︎


Yuki se encontraba ingresando a la escuela. Eran aún pocas las ocasiones en las que la dejaban ir a misiones, y aún más raras aquellas en las que lo hacía sin Satoru. Esta vez había sido solicitada por la escuela de Kioto, por lo que ni el profesor ni Satoru podían hacer nada al respecto. Aunque la misión no fue especialmente complicada, Yuki anhelaba regresar a su cama y disfrutar de un merecido descanso.

Sabía que Shoko no estaría en la academia y, quién sabe dónde estarían Satoru y Suguru. Por lo que hoy podría descansar sin interrupciones. Tal vez Satoru se tomaría la molestia de visitarla por la noche; después de todo, ambos sabían que hoy no era un día fácil para ninguno.

El tercer año ya había empezado hace un par de meses, y la emoción de las festividades de fin de año se sentía en el aire. Era el último año con sus amigos.

Justo cuando Yuki estaba por cruzar la puerta de su dormitorio, la presencia del moreno la hizo detenerse en seco.

-Tienes visitas, señorita Momo -dijo con un tono que delataba cierta molestia. Yuki no pudo identificar el motivo. ¿Será que a Satoru se le olvidó levantar el velo otra vez y llegaron quejas de nuevo?

-Ume no me avisó de su visita. Espero que nada haya pasado con el pequeño Megumi -dijo, tratando de disimular su cansancio mientras caminaba hacia la entrada.

Yaga la miró de reojo antes de soltar una bomba:

-No es la señorita Ume, Momo. Es tu madre.

Yuki sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies. Sus pasos se detuvieron de golpe. ¿Por qué? ¿Por qué hoy?-. pensó

-Y te prohíbo devolverte -gruñó Yaga, notando su inquietud-. No sé qué quiere esa mujer, pero lleva aquí desde temprano y estoy harto de verla. Encárgate de eso.

Esas fueron las últimas palabras de Yaga antes de marcharse.

Frente a ella, un coche negro aguardaba. En su interior, la sombra que tanto temía. La presencia de su madre.

Momo Yukiko rara vez sentía miedo, ese tipo de miedo que convierte tus piernas en plomo y tu corazón en una tormenta incontrolable. Ni siquiera el día de su boda sintió algo tan aplastante. Ver de nuevo a esa mujer, que se hacía llamar su madre, después de cuatro años sin cruzarse con ella, reavivó recuerdos dolorosos. Recordó que no era libre, que jamás lo sería. No era solo una estudiante. Era una pieza de un destino impuesto, y las cadenas invisibles que la ataban se tensaban cada vez más.

La puerta del coche se abrió. Su madre descendió con la misma frialdad que Yuki recordaba. No era una mujer alta, pero su figura parecía agrandarse hasta el cielo, eclipsando todo a su alrededor. Incluso Satoru, siendo el hechicero más fuerte palidecía en comparación.

Antes de que Yuki pudiera procesarlo, el golpe resonó en su mejilla. El mundo se inclinó. Su madre la había abofeteado.

-La señora Gojo te dio permiso para venir a esta escuela a pesar de que tú y ese chico sabían perfectamente cuál era su deber. ¡Pero ya basta! -espetó la mujer, su voz en aumento con cada palabra-. Ni siquiera son capaces de respetar el destino por el que fueron creados. ¡No te bastó con perder al primogénito del clan Gojo por tu incompetencia! ¡Sigues aquí, actuando como si nada!

Las palabras taladraban el alma de Yuki, perforando sus defensas. Su madre la observaba con desprecio, como si fuera un error, una falla en un plan divino que ella no controlaba.

JUNTOS; Gojo SatoruHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora