Capítulo 23

847 127 0
                                        


La llegada al jardín de la minka aguardaba con el bullicio de los pocos invitados que ya daban vueltas por el lugar, principalmente los más pequeños. Era un ambiente cálido y acogedor que solo podía existir en un hogar rodeado de las personas más queridas. Las glicinas que trepaban por los muros habían florecido sin que nadie se lo pidiera, como si la misma casa les ofreciera un escenario mágico.

Yuki se había dirigido a una de las habitaciones de invitados, mientras las dos mujeres, Shoko y Utahime, se encargaban de asegurar que todo estuviese listo. Llevaba un vestido con un entalle tipo corsé que caía libremente desde su cadera, realzando su silueta; el diseño dejaba al descubierto sus hombros y la parte superior de su espalda. 

—Bastante atrevido—, había comentado Shoko al verlo.

Llevaba ya varios minutos esperando, jugueteando con el velo, el ramo e incluso con su viejo anillo de bodas, mientras los nervios le hacían cosquillas en el estómago. De pronto, el peso de todos los años se le vino encima, como una carga que había olvidado que poseía. En medio de esos recuerdos, los escuchó.

Aquellos pasos que ya tenía memorizados. Tal vez el peso de la pisada había cambiado un poco con los años, pero siempre habían sido los mismos: pasos demasiado seguros, demasiado despreocupados para pertenecer a cualquier otra persona.

El panel de madera se deslizó y Satoru Gojo apareció en el umbral con las manos en los bolsillos de su impecable traje y la misma sonrisa altanera de siempre.

—Se supone que los novios no deben verse antes —dijo ella, observándolo cerrar el panel detrás de él.

—Se supone —repitió él con burla—, pero ¿desde cuándo sigo las reglas?

Cruzó la habitación despacio, observándola de pies a cabeza. Cuando Yuki lo tuvo frente a frente, lo pudo notar: los azules ojos de Satoru estaban cristalizados.

Satoru no pudo evitar derramar un par de lágrimas al contemplarla. Se veía hermosa. Yuki era un ángel, su ángel, y verla allí, luciendo tan celestial, pudo más que él. Ella de verdad estaba ahí, viéndose así de hermosa para casarse con él.

En cuanto Yuki notó las primeras lágrimas de Satoru, no pudo evitar sonreír con ternura mientras sus propios ojos se humedecían. Este era el hombre con el que se casaría: el idiota que conocía de toda la vida y al que amaba. Verlo frente a ella, luciendo tan guapo como solo Satoru Gojo podía, hacía que su pecho rebosara de amor.

Satoru no tardó en envolverla en sus brazos, como si ese fuera el único lugar al que Yuki pertenecía, y ella rodeó de inmediato el torso del más alto. Reconfortantes; eso era lo que ambos significaban para el otro.

—Shoko nos va a matar si nos ve —murmuró Yuki.

—Shoko no hará nada hoy. Es nuestra boda, no puede dejarte viuda tan rápido.

—No creo que eso sea algo que la detenga.

Satoru soltó una carcajada suave, aquel sonido tan familiar para Yuki, tan parecido a la idea de un hogar.

Yuki se alejó un poco para observarlo mejor. Llevaba un traje negro perfectamente a la medida, sin las gafas que le cubrían la mitad del rostro ni el cabello despeinado. Y su mirada... esa mirada que solo le dedicaba cuando estaban a solas y él pensaba que ella no se daba cuenta, como si ella fuera lo único en el universo en lo que sus Seis Ojos se podían enfocar.

—Yuki —dijo él, con un tono de voz más bajo, despojado de bromas.

—Dime.

Satoru guardó silencio un segundo, manteniendo su intensa mirada sobre ella.

—Estaba pensando... Es la primera vez que tomamos el rumbo de nuestra propia vida. Ya no somos los niños obligados a casarse. —Satoru tomó las manos de ella entre las suyas; eran grandes y cálidas, aquellas manos que podían detener el mundo y que ahora solo la sostenían a ella—. Nos obligaron a madurar demasiado rápido, a cargar con cosas que no debíamos a esa edad. Intenté protegerte con todo el poder que un niño tenía a su alcance, llevándote conmigo a la escuela y fingiendo que solo éramos amigos.

Hizo una pausa.

—Pero hoy ya no hay nada de eso.

Yuki sintió que los ojos le volvían a arder, y las ganas de llorar regresaron con fuerza.

—Satoru...

—Hoy estoy aquí porque quiero —continuó él, con una voz segura, sin adornos, con una honestidad más valiosa que cualquier juramento—. Porque te elijo a ti. Porque llevo eligiéndote desde que éramos unos niños que no entendían todo lo que esto significaba; desde que vi por primera vez esos ojos amatista que me atraparon. Y ahora que lo entiendo, la respuesta sigue siendo la misma.

La primera lágrima escapó y Yuki no hizo nada por detenerla.

—Eres insoportable —dijo con la voz rota.

—Lo sé, es mi mayor encanto —respondió él mientras la atraía de nuevo para envolverla entre sus brazos.

—No puedes aparecer así antes de la ceremonia y decirme todo esto...

—¿Por qué no? —preguntó, riendo suavemente.

—¡Porque ahora estoy llorando y voy a llegar con todo el maquillaje destrozado! ¡Eres detestable, Satoru!

Satoru terminó soltando una carcajada que hizo vibrar su pecho contra el de ella. Yuki intentó apartarlo, pero los brazos de él la rodearon con más fuerza y con una seguridad absoluta que solo Gojo se podía permitir. Al final, ella terminó hundiendo la cara en su hombro y respiró hondo, aspirando ese aroma a cedro y a hogar que tanto amaba.

—Oye —murmuró él contra su cabello—, Yuki, no llores. La ceremonia aún no empieza, no querrás que Shoko se moleste con nosotros.

Ella se rió, solo un poco.

—Es tú culpa...te amo, Satoru —dijo en un susurro tan bajo que pareció casi solo para ella.

—Ya lo sé —respondió él, y tras un breve segundo, añadió—: Yo te amo más. Más de lo que puedo expresar.

Se permitieron quedarse así un momento más: quietos, juntos, en el silencio de la habitación, mientras el ruido del jardín parecía desvanecerse. Pero entonces, los pasos decididos de un dúo de mujeres resonaron por el pasillo y una voz firme llegó antes que ellas:

—¡Satoru Gojo! Como sigas en esa habitación un solo segundo más, te juro por todo lo que..

—¡Ya voy, ya voy!

Satoru soltó lentamente a Yuki, arrastrando sus dedos con sumo cuidado por sus mejillas para secar las lágrimas que se habían deslizado. Le dejó un rápido beso antes de alejarse hacia la puerta con las manos en alto en señal de rendición. Sin embargo, antes de cruzar el umbral, se giró una vez más. La miró y le guiñó un ojo con esa sonrisa imposible que tanto lo caracterizaba.

Yuki sacudió la cabeza al verlo y sonrió también.






────୨ৎ────────୨ৎ────────୨ৎ────────୨ৎ────────୨ৎ────────୨ৎ────────୨ৎ────





Hola, Hola! 𐔌՞. .՞𐦯

La boda resulto mas larga de lo que pensé, así que estará dividida en varios capítulos, lo bueno es que ya están todos escritos. /•᷅‎‎•᷄\੭

Espero que les haya gustado este capitulo >⩊<

๋ ࣭ ⭑๋ ࣭ ⭑๋ ࣭ ⭑๋ ࣭ ⭑No olviden votar y comentar ๋ ࣭ ⭑๋ ࣭ ⭑๋ ࣭ ⭑๋ ࣭ ⭑

Besitos ≽^• ˕ • ྀི≼


JUNTOS; Gojo SatoruHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora