Capítulo 24

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El jardín de la minka había sido transformado con delicadeza.

Caminos de piedra enmarcados por flores blancas y ramas de cerezo guiaban hacia un arco de madera antigua cubierto de glicinas moradas. Entre los árboles, las sillas estaban dispuestas en pequeños grupos para los pocos invitados; aquellos que realmente les importaban a los novios.

Shoko ocupaba el primer asiento, con esa expresión de aparente indiferencia que no engañaba a nadie. Cada tanto desviaba la mirada, como si algo se le hubiese metido en el ojo. Suguru estaba a su lado, tan tranquilo como siempre, mientras las gemelas sostenían emocionadas las canastas de flores entre sus brazos. Megumi permanecía sentado con la espalda recta y el ceño ligeramente fruncido —su expresión habitual—, mientras Tsumiki observaba todo con los ojos brillantes de emoción. Ambos hermanos estaban acompañados por Ume, incapaz de contener la sonrisa al ver a sus dos niños felices en un momento como aquel. YUtahime, que apretaba discretamente un pañuelo entre los dedos, preparada para las lágrimas que sabía terminaría derramando.

Satoru ya esperaba bajo el arco cuando Yuki apareció al final del camino.

Avanzó despacio. Sin música estridente, solo una balada suave que a ella le gustaba bailar con Satoru. Entró sola, porque así había querido recorrer aquel camino.

Satoru no dijo nada cuando ella llegó a su lado.

Solo la miró.

Y en esa mirada había suficiente. Yuki podía ver cómo contenía las lágrimas, igual que ella, y cómo, aun así, lograba transmitirle que todo estaría bien.

El celebrante —un anciano conocido de Satoru— inclinó la cabeza y tomó la palabra para dar inicio a la ceremonia. Habló brevemente, con respeto. Sobre el peso de los compromisos heredados. Sobre la diferencia entre cumplir un deber y tomar una elección. Luego cedió el turno a los novios.

Satoru sacó un papel del interior de su traje.

Lo miró.

Lo dobló otra vez.

Y comenzó a hablar de memoria.

—Yukiko...

Te conozco desde toda la vida, y no lo digo solo por sonar cursi. Es literal. Fuiste la primera persona que me vio por quien era, sin expectativas, sin deseos puestos sobre mí. Solo unos enormes ojos violetas mirándome fijamente antes de entender el destino que nos condenaba. Yuki, eres el primer recuerdo que tengo... y espero que también seas el último.

Has estado conmigo desde antes de que entendiera lo que significa ser Satoru Gojo, antes de que el peso de ese nombre me aplastara y terminara arrastrándote conmigo.

Nos casaron siendo apenas unos niños. Sin preguntarnos. Nos prepararon para un destino cuyo significado ni siquiera comprendíamos. Cuando éramos más pequeños, pensé que solo éramos dos personas unidas por la decisión de nuestros clanes. Dos marionetas. Un compromiso sin elección.

Pero estaba equivocado.

Porque vivimos demasiadas cosas juntos. Cosas que nadie debería atravesar a la edad que nosotros lo hicimos. Cosas que dos niños jamás debieron soportar. Y aun así, siempre estuvimos juntos.

Cuando entramos a la escuela, quise darte un poco de libertad. Libre de todo lo que nos ataba, de las reglas absurdas de nuestros clanes. Fingí que no eras mía. Que solo eras una compañera. Una amiga.

Y fue ahí cuando me di cuenta de que ya no te quería solo como un deber impuesto por otros.

Te elegí.

JUNTOS; Gojo SatoruHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora