Capítulo 18

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El tiempo en Grecia era maravilloso. Las playas, los restaurantes, todo parecía un sueño... pero, como siempre, había que despertar.

Esa mañana la joven pareja había salido a recorrer Atenas. Recién habían llegado la noche anterior, por lo que Yuki se encontraba maravillada al conocer la ciudad. Era extraño que Satoru se alejara de su lado durante el viaje; según sus propias palabras, quería aprovechar su cercanía todo lo que se le permitiera. Sin embargo, esa mañana había decidido ir por el desayuno. Habían llegado temprano a la Acrópolis y no les había dado tiempo de comer antes de salir, así que Yuki se quedó vagando entre las antiguas ruinas.

Durante las dos semanas que llevaban en el país, las maldiciones que habían podido observar eran pocas; ninguna superaba el rango B. Aun así, habían decidido ignorarlas. No estaba bien, por supuesto que no, pero si las maldiciones notaban que estaban siendo observadas, comenzarían a ir tras ellos, y eso era justo lo que ambos hechiceros querían evitar. Querían, aunque fuera por un tiempo, estar lejos del mundo de la hechicería. Por muy egoísta que pareciera, querían ser dos adolescentes normales, en un viaje normal, con un noviazgo normal.

Los minutos pasaban y aún no había rastro de Satoru. Yuki supuso que el restaurante más cercano estaba más lejos de lo que habían creído. Quizá debió haber ido con el albino y evitarle la molestia. Se había alejado bastante por lo que decidió descansar un poco, observando las ruinas.

El día estaba pacífico. Una suave brisa movía su cabello y las voces de los turistas apenas se percibían; era demasiado temprano para el barullo habitual. Tal vez el día debió mantenerse así.

Pero un grito agudo rompió la burbuja.

No sonó lejano.

Otro grito se oyó, acompañado de una onda de energía maldita. Era densa, pesada, llenaba el ambiente. Yuki no supo cómo ni en qué momento ocurrió, pero el hermoso monumento frente a ella se desvaneció ante sus ojos y un espacio oscuro se cerró a su alrededor.

—Un dominio... —alcanzó a reconocer.

Una maldición la había encerrado.

Al bajar la cabeza, pudo sentir un líquido bajo sus pies. Al observar mejor, distinguió una sustancia oscura, espesa, mucho más densa que el agua, putrefacta, mezclada con extraños trozos de un material desconocido.

—Esto no puede estar pasando... —pensó, mientras su mente maquinaba a toda velocidad.

Otro grito la devolvió a la realidad. Comenzó a caminar, buscando el origen de la voz, pero era imposible llegar a algún lugar. Caminaba metros y metros sin alcanzar nada, y por más que lo intentaba, no encontraba una salida.

No sabía cuánto tiempo había pasado. Sentía que habían sido horas, aunque su lado lógico le decía que era imposible. Satoru ya se habría dado cuenta de su ausencia, ya la habría buscado. Aquella maldición debía estar alterando el espacio-tiempo dentro de su dominio, y quién sabía cuántas cosas más podía hacer.

Desde que quedó atrapada, no había dejado de escuchar gritos. Voces de agonía. No sabía dónde estaba la maldición, y eso le generaba escalofríos. Había intentado liberar parte de su propia energía para atraer la atención de la criatura, pero era inútil.

Sus pies dolían de tanto caminar, y hacía horas ya había comprendido qué eran esos extraños trozos flotando en el líquido: miembros humanos.

El cansancio terminó por vencerla. Sus piernas cedieron y cayó. Fue entonces, al intentar levantarse, cuando se dio cuenta de que no podía mover ninguna extremidad, por más que lo intentara. Tenía que salir de ahí. Luchó con todas sus fuerzas, pero era imposible.

JUNTOS; Gojo SatoruHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora