16 - [II]

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La pila de CD's resbaló de sus manos y se dispersó por el suelo con un estruendoso ruido. Taehyung maldijo en voz baja. Ese día, parecía que nada estaba dispuesto a salir bien y todo estaba decidido a irritarlo. La luz, la música, la vida misma.

—Llegas tarde y ahora andas distraído —le reprochó su jefe sin tiempo que perder. Por supuesto, el hombre no dejaría de echárselo en cara. El pelinegro rodó los ojos mientras se agachaba para recoger ese desastre.

—Sabe que estaba en la ciudad, con mi hermano. —Oh, esa era una gran mentira. Pero no le diría a su jefe la verdad. Su coartada era perfecta y, además, el hombre no tenía que enterarse de que en realidad estaba demasiado ocupado pensando en cómo detener lo rápido que iban sus sentimientos. Si alguna vez se hubiese sentido así, no se sentiría como un novato buscando el freno de emergencia.

A veces le gustaría... no ser tan impulsivo; quizá así podría controlar esas asquerosas ganas que tenía de tocar a la puerta de Jungkook y golpearlo por hablarle como si fuera alguna clase de bicho asqueroso. ¿Pero... de verdad podía reclamarle? Ellos nunca se habían tratado particularmente... bien. ¿Ahora qué estaba esperando? ¿Flores y cartas de amor?

—Termina con eso y llévale esto a la señora Wang. No está pago, así que no olvides cobrarle. —Namjoon colocó la caja en el mostrador. Ah, cierto. La secadora de cabello. Si caminaba seis casas calle arriba cuando llegara donde los Wang, encontraría la casa de los Jeon. Pero no es como si tuviera intenciones de ir. Ese chico estaba loco si creía que iría buscándolo.

Definitivamente no iría.

Y si eso era lo que había decidido, ¿alguien podía explicarle por qué demonios su dedo estaba presionando furiosamente el timbre de la casa del contador? Ahora que estaba allí, de hecho, no había manera de que se fuera sin una explicación. Quería razones, quería una conversación bidireccional y... quería... cualquier cosa.

—Ya va, ya va. —Pero no esperaba verlo así. En cuanto Jungkook abrió la puerta, su rostro magullado hizo que Taehyung frunciera el ceño con desconcierto y preocupación. Su mano se interpuso cuando el castaño intentó cerrar la puerta en sus narices, y luego estaba irrumpiendo en la casa como el cavernícola que era.

—¿Qué demonios te pasó? —preguntó consternado, tomando su mandíbula con una sola mano. Jungkook siseó por el agudo dolor.

—Nada. Qué demonios te importa —farfulló Jungkook mirando hacia otro lado. ¿Qué haría, de todas formas?

—¿Nada? —repitió Taehyung, sin querer levantando la voz. Sus ojos iban y venían inquietos, desde su ceja hasta su labio y las costras de sangre. La nariz era otra cosa ciertamente inquietante—. ¿Te parece que esto es nada? ¿Fue Ji-ho?

—Dios, solo apártate. —Con fastidio, el castaño se zafó de su agarre dando un paso atrás. Su boca aún sabía a sangre y estaba adolorido. Lo último que necesitaba era ver al culpable frente a él. Y quería actuar fuerte y desinteresado, pero esa visita no le estaba sentando bien. ¿Por qué lo miraba así? ¿Por qué sus ojos brillaban con tanta preocupación y por qué intentaba acercarse otra vez?

En ese momento, lo odió. Tan campante, sin tener idea alguna. Realmente vivía en otro mundo, ¿no?

—Voy a matarlo —declaró el pelinegro en su propio rollo mental—. Déjame ver tu labio. ¿Le pusiste hielo?

¿Quién lo había golpeado? ¿Por qué? ¿Cuándo? ¿Qué quería? Cuando Taehyung volvió a tomar su barbilla para mirar la herida, solo vio la imagen desecha y cansada del castaño: ojeroso, con las lágrimas brillando en sus ojos y su pómulo colorado con la promesa de un buen moretón.

The village - KookVHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora