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♥ - Miércoles, 30 de marzo de 2010




Taehyung asintió al ritmo de la música, en silencio, concentrado en el cautín y la cámara que reparaba. Por los altavoces de la tienda sonaba Charisma de Kiss a un volumen indecente ahora que no había tanta clientela y, de fondo, podía escuchar la conversación de su jefe en el teléfono. Alguien no se escuchaba muy feliz.

—Taehyung, hoy cerraremos más temprano —anunció su jefe tras colgar la llamada. Taehyung se lamentó internamente. Solo eran las tres de la tarde. Él necesitaba mantener su cabeza ocupada.

—Descuide. Me quedaré con esto, para terminar y entregarlo. —Pensó que no sería muy difícil. Era una Sony MHS cuya pantalla había sido víctima de algún inepto mocoso. Si podía reconectar el circuito entonces lo demás sería pan comido. No quedaría perfecta pero serviría.

—Bien. Cierra y apaga cuando termines —Namjoon le lanzó las llaves del local en su prisa por irse—. Y por favor... haz que te revisen eso.

Eso no era más que la quemadura en su cara y cuello. Era como el elefante rosado de la habitación. Probablemente todos habían escuchado lo sucedido en la casa del alguacil, pero Taehyung dudaba que alguien supiese la verdad. Su padre preferiría tragarse un balde de petróleo entero antes que decirle al pueblo por qué habían discutido. El hombre inventaría algo, y por supuesto él sería el villano de la historia.

Su jefe ni siquiera había preguntado al respecto y estaba mejor así.

Todo el álbum de Dynasty estuvo en reproducción hasta que dieron las cinco o seis de la tarde; entonces supo que era hora de partir. Aunque no había hecho nada del otro mundo durante estos días, se sentía... exhausto. Había un peso invisible en sus hombros que no quería desaparecer y algo dentro de su cabeza le pedía desesperadamente que ocupara su mente en algo. Cansado, fue al baño para poder lavarse la cara con agua fría, tratando deliberadamente de no verse en el espejo, que le devolvía una imagen deplorable. Sentía su mejilla y su cuello en carne viva, y este en especial era un grano en el culo, sobre todo con la fricción de la camiseta.

No había sabido nada de su padre, pero estaba seguro de que dejaría en paz a Jungkook.

De él tampoco había escuchado. Cuando accedió a darle un tiempo, ¿de cuánto estaban hablando?

—Hoseok, hola —Estuvo agradecido de que el chico llamara al teléfono justo en ese momento. Fue como si la ráfaga de pensamientos se detuviera un instante.

Hey. ¿Irás a la bodega? Hay algo que quiero darte.

—No —respondió Taehyung después de unos segundos pensándolo. No tenía energía suficiente para lidiar con Ji-ho y sus comentarios descerebrados—. Estaré en el hostal; tengo... uh, un trabajo que terminar.

Bien. Entonces estaré allí en quince minutos.

—¿Puedes... hacerme un favor antes? —preguntó con cierta timidez. Aunque lo conocía desde hacía más de diez años, en realidad no estaba seguro de que su relación fuera una típica relación de amistad.

Seguro. ¿Qué quieres que lleve?

—Mmm. Una crema... o cualquier cosa para el cuello. Fastidia —se quejó en voz baja. Hoseok se quedó en silencio unos segundos, obviando la parte donde malditamente ya le había dicho que comprara una de esas, el día anterior —sugerencia que había sido ignorada.

The village - KookVHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora