Pues vamos todos

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A Chiara le costó horrores salir de la habitación debido a la vergüenza por la situación vivida con Nuria. En cambio, a Violeta, aunque también le daba algo de pudor, le parecía bastante divertido.

Tras arreglarse un poco, ambas compartieron un rato de desayuno-almuerzo con la mayor, quien pronto se retiró para ir a trabajar.

Las chicas no tardaron mucho en hacer lo propio y salir rápidamente en dirección al bar, ubicado a poca distancia a pie desde la casa de Violeta. A pesar de que ella le sugirió a Chiara que regresara a su piso para descansar, al final tuvo que ceder ante su insistencia y decidió dejarse acompañar.

El trayecto fue cómodo; reían y conversaban sobre temas triviales. Ambas irradiaban felicidad, aunque se percibía cierta confusión en el aire, como si no supieran cómo comportarse tras los días recientes. Parecían novias, pero estaban lejos de serlo. Ninguna se atrevía a dar el primer paso para acercarse físicamente, temerosa de asustar a la otra con su intensidad. Así, como dos personas que desean lo mismo pero actúan igual, pasaron el camino manteniendo cierta distancia, como las amigas que eran. Sin embargo, en el ambiente flotaba esa intimidad especial que las conectaba, fruto de los recientes momentos compartidos.

"Antes de despedirme, la beso", pensó Chiara mientras avanzaban y el bar ya estaba a la vista. Sin embargo, todas sus intenciones se desvanecieron al distinguir una figura conocida en la entrada, que parecía estar esperando a alguien.

—¿Es Salma? —preguntó Violeta, entornando los ojos para intentar ver mejor.

Chiara rodó los ojos.
—Parece que sí —suspiró, frustrada, al notar la amplia sonrisa de Salma, quien, ya desde la distancia, las había reconocido y se acercaba hacia ellas.

Salma no perdió tiempo. Apenas estuvieron a su alcance, se dirigió directamente a Violeta, ignorando por completo a Chiara.
—¡Violeta! —exclamó con entusiasmo, extendiendo los brazos para envolverla en un abrazo largo y cálido, como si fueran amigas íntimas que no se habían visto en años.
—Salma, hola —respondió Violeta, algo sorprendida, aunque correspondió al gesto por cortesía.

Chiara se mantuvo a un lado, observando la escena con una mezcla de incredulidad y molestia. Sus labios se fruncieron ligeramente mientras veía cómo Salma bajaba la mano lentamente hasta la cintura de la pelirroja, quien se mostraba visiblemente incómoda, ante ese gesto la inglesa no pudo evitar intervenir.

—No sabía que también vendrías, Salma —dijo Chiara finalmente, con un tono teñido de sarcasmo.

Salma se separó lentamente de Violeta, alzó una ceja y le lanzó una mirada breve, como si recién notara su presencia.
—Ah, Kiki, ¿qué tal? —respondió con un tono indiferente, antes de volver toda su atención a Violeta—. Bueno, como es domingo y mi primo necesitaba ayuda, vine a echarle una mano. De vez en cuando hago algunas horillas aquí. Hoy tocaba. —Hablaba con una familiaridad innecesaria, mirando exclusivamente a la pelirroja, que sonreía por cortesía.

"Genial", pensó Chiara con irritación.

—Tenemos algo de tiempo, os invito a un café antes de despedirnos —propuso Violeta, intentando cortar la tensión que se había generado, dirigiéndose con una sonrisa a la inglesa.

—En realidad, creo que voy a dejaros aquí —soltó Chiara de repente, su voz fría pero controlada.

—¿Qué? ¿Por qué? Pensé que te quedarías un rato, ya que viniste solo para acompañarme —replicó Violeta, con un toque de preocupación en su voz—. Además, así conoces a mis compañeros. —Su tono era insistente, su mirada revelaba cierta inquietud.

Chiara se encogió de hombros, fingiendo despreocupación.
—Estoy cansada. Creo que será mejor que me vaya a casa a descansar. Que se os haga corto. —respondió, forzando una sonrisa mientras evitaba mirar directamente a Salma.

Desmentimos-KiviHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora