Quisiera quedarme

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Chiara salió del edificio y sintió el aire fresco de la noche acariciar su rostro. Suspiró mientras buscaba su móvil en el bolsillo. Sabía que no era práctico caminar hasta su piso a esas horas. Abrió la aplicación de Cabify y, tras un par de toques, solicitó un coche.

Mientras esperaba, no pudo evitar mirar hacia la puerta del edificio, como si esperara que Violeta apareciera corriendo para pedirle que se quedara. Pero sabía que eso no sucedería ya que había insistido bastante antes de que se fuera y era de esas personas muy conscientes en respetar la voluntad del resto. Hice lo correcto. Tenía que irme, se repitió, aunque no estaba segura de creerlo del todo.

El coche llegó en cuestión de minutos. Chiara saludó al conductor con una leve sonrisa antes de deslizarse en el asiento trasero. Cerró los ojos durante unos segundos mientras el vehículo arrancaba, dejando atrás las luces cálidas del barrio de Violeta.

El silencio dentro del coche era cómodo, roto solo por el leve murmullo de la radio. Miró por la ventana, observando cómo la ciudad nocturna se deslizaba a su alrededor. Las calles iluminadas, los edificios altos, la vida que seguía en movimiento mientras ella intentaba procesar el caos emocional que sentía.

Quería quedarse. Quería estar con Violeta, dejarse llevar por el momento y olvidar todo lo demás. Pero no podía ignorar lo que había sentido días atrás, cuando Violeta había retrocedido en aquel beso o toda la incertidumbre de la foto recibida de parte de Salma. Además Verónica aún estaba allí, no físicamente, pero su sombra seguía presente. Y Chiara no quería ser una historia inacabada, alguien que solo ocupaba un espacio vacío. Recordó las palabras de Ruslana de días antes. Sentimentalmente no disponible, así definió a Violeta.

El coche giró en una esquina, y la inglesa bajó la mirada hacia sus manos. Sus dedos rozaron la pulsera de cuero que siempre llevaba, un regalo de su hermana años atrás. Siempre le recordaba mantener los pies en la tierra, pero en ese momento, se sentía más perdida que nunca.

Cuando el coche se detuvo frente a su edificio, Chiara agradeció al conductor y salió. El frío era más intenso ahora, pero no le molestaba. Subió lentamente las escaleras hasta su piso, las llaves tintineando en su mano.

Al entrar, la oscuridad la envolvió. Ruslana y Martin, como era de esperar, seguían de fiesta. El silencio del piso le resultó abrumador al principio, pero al encender una pequeña lámpara en su habitación, se sintió un poco más en paz. Dejó caer su chaqueta sobre una silla y se quedó quieta por un momento, mirando su guitarra apoyada en un rincón.

La tomó sin pensarlo dos veces y se sentó en el suelo, cruzando las piernas. Dejó que sus dedos recorrieran las cuerdas, arrancando una melodía suave. No tenía una canción en mente, solo el deseo de dejar que la música hablara por ella. Los acordes fluyeron con naturalidad, y pronto, las palabras comenzaron a formarse.

"Quisiera quedarme,

pero el miedo siempre pesa más.

Quisiera quedarme,

pero no quiero perderte al intentar."

Cantó en voz baja, dejando que las emociones se filtraran en cada palabra. No sabía si estaba componiendo para Violeta o para sí misma, pero en ese momento no importaba. La música era su refugio, su manera de procesar todo lo que sentía.

Cuando terminó, dejó escapar un suspiro y apoyó la frente contra la guitarra. Quería quedarse. Lo deseaba más de lo que estaba dispuesta a admitir. Pero sabía que si no le daba tiempo a Violeta para resolver lo que llevaba dentro, ambas terminarían rompiéndose y por supuesto lo que estaban creando.

Finalmente, dejó la guitarra a un lado y se tumbó en la cama, mirando al techo. El eco de la canción aún vibraba en sus dedos, un recordatorio de que las cosas no serían fáciles. Pero, mientras cerraba los ojos, un pensamiento le dio consuelo: Violeta valía la pena. Y estaba dispuesta a esperar.



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