Sus labios

466 14 0
                                        




El corazon de Chiara comenzó a latir mas rapido que en toda su vida, tomó decidida la iniciativa y acercó sus labios a los de Violeta, muy lentamente hasta juntarlos, el beso fue suave al principio, tímido, exploratorio. Sus labios se encontraron con una mezcla de nerviosismo y deseo. Chiara se alejó brevemente terminando aquel corto beso, pero antes de que pudiera darse cuenta, Violeta se lanzó, esta vez siendo ella quien juntaba sus labios con los de la pelinegra. Ese beso fue algo más largo, poco a poco, se volvió más apasionado, sus manos comenzaron a explorar con más confianza.

—Violeta... —Dijo Chiara con la voz entrecortada.

—Sh... —Calló a su amiga mientras mordía el labio y retomaba el beso.

Violeta deslizó una mano por la espalda de Chiara, sintiendo la calidez de su piel a través de la fina tela. Chiara respondió acariciando el rostro de su amiga, bajando luego por su cuello, disfrutando de cada centímetro de su piel.

El deseo acumulado comenzó a desbordarse. Violeta tomó la iniciativa, desabrochando suavemente la blusa de pijama de Chiara, mientras sus labios seguían explorando los suyos. La menorquina no podía controlarse más, llevaba demasiado tiempo deseando aquel momento y la temperatura iba subiendo. Metió las manos por debajo de su camiseta, agarrando así los pechos de la pelirroja. Sin embargo, en ese momento, Violeta se detuvo bruscamente, separándose de Chiara con una mirada llena de angustia.

—Lo siento, Chiara. No puedo hacer esto —dijo Violeta con voz entrecortada, retrocediendo un paso—. No puedo seguir adelante.

La inglesa se levantó, volviendo a su cama. —¿He hecho algo mal? —Preguntó con un nudo en la garganta—. ¿Te he incomodado?

—No, Kiki, no es eso —respondió Violeta con pesar en su voz, sintiéndose culpable por haber llevado las cosas tan lejos.

Chiara miró a Violeta con ojos llenos de confusión y preocupación.

—Entonces, ¿qué pasa? ¿Por qué has parado? —preguntó Chiara, luchando por contener las lágrimas que amenazaban con escaparse.

Violeta bajó la mirada, incapaz de enfrentarse a Chiara.

—No puedo seguir así. No puedo continuar con esto —repitió, su voz llena de arrepentimiento.

Chiara sintió un dolor punzante en el pecho mientras observaba a Violeta, tratando de comprender lo que estaba sucediendo.

—¿Qué quieres decir? —preguntó, sintiendo un nudo en la garganta.

Violeta cerró los ojos por un momento antes de responder, luchando con sus propias emociones.

—No quiero ser una más para ti, Chiara y tampoco quiero que pienses que puedes sustituir a Verónica —confesó Violeta, su voz apenas un susurro en la oscuridad—. No puedo dejar de pensar en ella.

Chiara se quedó en silencio por un momento, procesando las palabras de Violeta. La tristeza se apoderó de ella, pero también entendió el dolor de su amiga.

—Lo siento, Violeta. No quería presionarte —dijo Chiara con sinceridad, luchando por mantener la compostura.

—Deberíamos dormir —culminó la pelirroja.

Chiara asintió lentamente, aunque sabía que el sueño sería esquivo esa noche. Ambas se quedaron en silencio, cada una sumida en sus pensamientos y emociones. La oscuridad de la habitación parecía más pesada, cargada con el peso de lo no dicho y lo sentido.

Violeta se dio la vuelta en su cama, intentando encontrar una posición cómoda. Pero su mente seguía llena de recuerdos y emociones contradictorias. Pensaba en Verónica, en lo que habían tenido, y en cómo todo había terminado. También pensaba en Chiara, en lo que acababa de suceder y en lo que podría significar.

Desmentimos-KiviHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora