Violeta llegó a casa a toda prisa. El encuentro con Salma había surgido de forma precipitada, pero según le comentó la chica, sus amigos solo podían quedar a esa hora. La pelirroja se dio una ducha rápida, se puso un chándal y salió hacia la cafetería donde habían acordado verse.
Ni siquiera tuvo tiempo de pensar en la noche con Chiara. Necesitaba hablar de ello con alguien: Nuria, su psicóloga o quizá Denna. Necesitaba una perspectiva externa, pero por dentro trataba de identificar qué sentía. A pesar de que la situación con Chiara no había ido más allá por las heridas que aún le dejaba Verónica, se sentía diferente. No estaba tan mal ni tan culpable. Había una mezcla de emociones que, en ese momento, no tenía espacio. Su prioridad era ese pequeño encuentro con personas que podrían ayudarle en su futuro laboral.
Al llegar a la cafetería, Violeta entró y enseguida divisó a Salma en una de las últimas mesas. El destello de la perla en su diente al sonreír le trajo a Violeta recuerdos de la noche anterior. Aunque le convenía llevarse bien con ella, también quería poner límites y hacerle saber que no le habían sentado bien sus comentarios sobre la guiri.
—Hola —dijo Violeta con amabilidad, acercándose y saludándola con un abrazo.
—Hola, guapísima —respondió Salma—. ¿Qué te pido? ¿Te apetece una cerveza?
—Mejor un café —contestó Violeta con una sonrisa.
—Pues un café —respondió Salma, levantando la mano para llamar la atención del camarero.
Tras un rato de charla y risas sobre la noche anterior, Violeta decidió preguntar por lo que realmente le interesaba, sin querer sonar maleducada.
—Oye... y tus amigos... La verdad es que necesito trabajar. Tengo que ayudar a mis padres a pagar la universidad —dijo, rompiendo el ambiente con su pregunta.
Salma la miró seria.
—¿Solo has venido por eso? —preguntó, despertando una punzada de culpa en Violeta.
—No, o sea... me caes bien, pero hablamos de esto por WhatsApp esta mañana y... la verdad es que me vendría bien—trató de explicarse.
—Pues al final no pueden —la interrumpió Salma, alzando la voz—. ¿Qué vas a hacer? ¿Te vas a levantar e irte? ¿Vas a ser así de convenida?
—No, oye, Salma, claro que no. Solo preguntaba... —intentó calmarla Violeta.
Salma bajó la mirada y suspiró.
—Perdona —dijo en voz baja—. Tengo muchos traumas y a veces siento que... no me quieren por lo que soy, que la gente siempre busca algo de mí.
Violeta dejó que el silencio se asentara un momento. Observó a Salma mientras removía el café con la cucharilla, su mirada perdida en el líquido oscuro.
—Te entiendo... —dijo al fin, con suavidad—. A veces siento que la gente solo se queda por lo que puedo dar, no por lo que soy.
Salma levantó la vista, sorprendida.
—¿Tú? ¿La chica que se lleva bien con todo el mundo?
Violeta sonrió de lado.
—Crees que me llevo bien con todos, pero a veces siento que no pertenezco a ningún sitio. Supongo que todos tenemos nuestras cosas.
Salma asintió lentamente, dejando la cucharilla a un lado.
—Sí... supongo que sí. Perdona por haber saltado antes. No era mi intención.
—No pasa nada. —Violeta le restó importancia con un gesto de la mano—. Sé que no lo hiciste con mala intención.
Se quedaron en silencio un momento, viendo cómo el camarero atendía a una pareja en la mesa de al lado.
—Oye, si de verdad necesitas un trabajo... —dijo Salma de repente—. Puedo preguntarle a mi primo. Trabaja en un restaurante y sé que están buscando a alguien para las tardes.
Violeta parpadeó, sintiendo cómo algo se encogía en su pecho.
—¿Un restaurante?
—Sí, es sencillo, pero pagan bien.
Violeta asintió lentamente, procesando lo que acababa de escuchar. Claro, ¿qué esperaba? Desde el principio algo le había olido raro. El supuesto amigo de Salma, ese contacto que podría darle una oportunidad en periodismo, probablemente nunca existió. Se sintió estúpida por haberlo creído.
—Ah, entiendo... —respondió, intentando que su voz no sonara fría.
—¿Qué pasa? —preguntó Salma, notando el cambio en su expresión.
—Nada, nada. Es solo que... cuando hablamos esta mañana, pensé que tus amigos trabajaban en medios o algo así.
Salma apartó la mirada, incómoda.
—Bueno... sí, algunos trabajan en eso, pero no sé si realmente buscan a alguien ahora mismo. Lo del restaurante es algo seguro, ¿sabes?
Violeta se quedó callada. Parte de ella quería levantarse y marcharse. Pero se obligó a respirar hondo. Sabía que enfadarse no cambiaría nada. Además, ¿para qué? Salma no lo había hecho por maldad. Seguramente pensaba que, con lo del restaurante, le estaba haciendo un favor.
—Gracias —dijo finalmente, esbozando una pequeña sonrisa—. Lo pensaré.
Salma asintió con una sonrisa nerviosa.
—Claro, sin presión.
La conversación derivó en temas más ligeros, pero la sensación de decepción seguía ahí, palpitando en el fondo. Mientras Salma hablaba, Violeta pensaba en lo fácil que era ilusionarse con palabras vacías.
En otro lado de Madrid:
—¡Kiki! ¡Kiki! —repetía Ruslana
—Eh, ¿qué? —respondió la inglesa, volviendo en sí.
—¿Qué qué? ¡Pásame la harina! —insistió la pelirroja.
—Chicas, no sé si hacer brownies especiales ha sido una buena idea... —exclamó Martín, ajustando la temperatura del horno.
—Claro que sí, Martín. Además, esta noche, cuando el resto lo pruebe, verás las risas —dijo Ruslana, arrebatando el bote de harina de las manos de su amiga, que seguía algo desconcentrada.
—Violeta podría haberse quedado a ayudarnos, me comentó una vez que le gusta cocinar —aportó Chiara a la conversación.
—Qué pesada... —roló los ojos Ruslana. —¡Desconecta de ella! Disfruta este momento —añadió la pelirroja, bajo la atenta mirada de Martín.
—Lo estoy haciendo, pero no entiendo por qué tiene que irse ahora con Salma. Evidentemente, quiere algo con ella, y lo peor es que yo le caigo mal. Va a meter cizaña —se desahogó la guiri, mientras removía la mezcla.
—Violeta no es tonta —comentó Martín.
—Y tanto que no lo es... —exclamó Ruslana, lamiendo la pala con el resto de pastel.
—¿Qué queréis decir? —preguntó la inglesa, confusa.
—Pues que si ella no quiere nada con Salma, y Salma intenta algo con ella, lo va a parar. Le ofreció ayuda con el trabajo y la necesita. No sabemos nada de su familia ni su situación económica, así que si ha aceptado ir, es por algo —añadió Martín.
—Claro, amiga, y además, no es tu novia. ¡Qué flipada! Como empieces con los celos, si ni siquiera os habéis acostado... —rió Ruslana, mientras salpicaba un poco de mezcla de pastel sobre la cara de su amiga.
—¡Te mato! —fulminó Chiara, con una sonrisa maquiavélica, devolviendo el gesto y manchándola aún más.
Pronto comenzó una guerra de comida entre los tres amigos, mientras reían, se manchaban y gritaban, terminando aquella bonita tarde, que parecía más un intento de cocinar que un éxito culinario.
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Desmentimos-Kivi
FanfictionAVISO: MUCHO DRAMA E INTENSIDAD. A VECES LOS PERSONAJES VAN A HACER COSAS TOXICAS POR LO QUE PREPARATE PARA NO VER LA VERSION DE ELLOS QUE CONOCES EN LA VIDA REAL. Sus formas de ser estan mezcladas con la realidad y con la ficción que me he inventa...
