Los chicos se organizaron para quedar a las 6:30. Era una típica tarde de invierno en la que anochecía pronto, pero siendo domingo todavía tenían energía suficiente para reunirse y disfrutar de una merienda.
Chiara aprovechó las horas previas para comer tranquilamente, darse una ducha que la ayudó a aclarar sus pensamientos y echarse una siesta que le permitió procesarlos. Sin embargo, cuando llegó la hora, no pudo evitar desear haber avisado a Violeta de que iban al bar. Le habría gustado preguntarle si le parecía bien o demasiado intrusivo, sobre todo después de la despedida algo fría que tuvieron en ese mismo lugar hacía unas horas. Pero ya era tarde para arrepentirse; el plan estaba en marcha.
Violeta divisó a las tres chicas sentadas en una mesa redonda en la esquina del bar y resopló. El lugar estaba más lleno de lo esperado para ser un domingo, y la tarde se le estaba haciendo larga, aunque agradecía la notable ayuda de Salma, quien estaba atenta a todas las dudas que le surgían sobre su nuevo trabajo.
—¿Qué les pongo? —preguntó Violeta con una sonrisa amable al grupo de chicas.
—Oh, si no te importa esperar... —respondía con cierta timidez la rubia del grupo—. Estamos esperando al resto.
—Claro —respondió Violeta asintiendo con amabilidad mientras se retiraba.
De camino hacia la barra, las caras de las personas que entraron en ese momento al bar le resultaron demasiado familiares. Tanto que tuvo que frotarse los ojos, incrédula.
—Anda, aquí está otra vez —comentó Salma, apareciendo detrás de Violeta con un tono que dejaba entrever cierto desagrado—. Es Kiki, ¿no?
—Sí —respondió Violeta con una sonrisa que delataba más alegría de la que esperaba sentir. Levantó la mano para saludar a los recién llegados.
Martín fue el primero en correr hacia Violeta, seguido de Ruslana, dejando atrás a Chiara, que se dirigió a saludar a las chicas de la mesa redonda.
—Dios, amiga, ¡qué bien te queda ese uniforme! —dijo Martín mientras la abrazaba con efusividad.
—Anda, exagerado. Solo son unas mallas y una camiseta negra —respondió despreocupada mientras también saludaba a Ruslana, quien añadió una broma que Violeta no llegó a escuchar. Su atención ya estaba centrada en Chiara, que hablaba con las chicas de la mesa.
—¡Eh, pelirroja! —exclamó Ruslana, llamando la atención de Violeta.
—¿Qué? —preguntó Violeta, sobresaltada, saliendo de sus pensamientos.
—Que te está llamando la familia de esa mesa, empanada. Anda, corre —dijo Ruslana, dándole una palmada en el trasero mientras Violeta se alejaba apresurada, algo decepcionada por no haber podido saludar a la inglesa.
En la mesa, las presentaciones seguían con bromas y risas. Chiara, Martín y Ruslana completaban el grupo, que finalmente se limitaba a las tres compañeras de clase de Chiara. Decidieron no avisar al resto para no hacer la reunión demasiado grande.
Pronto apareció Violeta con una libreta en mano para tomar nota.
—Bueno, me suenan tus amigos —dijo, divertida, dirigiéndose a Samantha, la que había pedido esperar al resto antes.
—Sí, chicas, hemos elegido este bar por nuestra excelente amiga y camarera, Violeta —exclamó Ruslana en tono teatral, como si estuviera haciendo una presentación y provocando la risa en todos.
La situación pedía saludos cariñosos, así que Violeta comenzó a dar dos besos al resto de presentes chicas a las que aún no conocía, con notable alegría, ya que su presencia les haría más corta la tarde. Al llegar a la última persona, se encontró con Martina.
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Desmentimos-Kivi
FanfictionAVISO: MUCHO DRAMA E INTENSIDAD. A VECES LOS PERSONAJES VAN A HACER COSAS TOXICAS POR LO QUE PREPARATE PARA NO VER LA VERSION DE ELLOS QUE CONOCES EN LA VIDA REAL. Sus formas de ser estan mezcladas con la realidad y con la ficción que me he inventa...
