Capítulo XXI

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En cuanto Rafael abrió la puerta, la escena que se desplegó ante él parecía perfectamente normal, casi demasiado bien orquestada. Martin, con sus gafas ligeramente inclinadas sobre su nariz, sostenía un par de folios entre sus manos mientras un bolígrafo reposaba entre sus dientes. Juanjo, por su parte, estaba inclinado sobre la mesa, con un libro de contabilidad abierto frente a él, apuntando con un lápiz algunas cosas. La atmósfera parecía tranquila, pero el aire entre ambos chicos estaba cargado de adrenalina, como si cada molécula en el ambiente estuviera lista para estallar.

Esta vez la suerte estuvo de su lado, de las tantas veces que Martin había ido a su habitación con la excusa de resolverle alguna duda tenía allí aquel libro y aquellos apuntes colocados sobre los de Juanjo, quien segundos antes de que aquella puerta fuese abierta en un movimiento rápido lo cogió todo, le estampó los apuntes en el pecho a Martin y colocó aquel boli entre sus dientes, no sin antes darle un beso claro, aquí la adrenalina había que sentirla hasta el último segundo, tanto que cuando se abrió la puerta tan solo le dio tiempo a abrir el libro por cualquier página y coger el lápiz.

Martin sintió cómo el nudo en su garganta crecía, impidiéndole articular palabra. Su cerebro le gritaba que debía decir algo cuando escuchó a su padre, cualquier cosa, pero su voz se negaba a colaborar. Fue Juanjo quien le tomó la delantera, consciente de que cada segundo de silencio podría costarles caro.

- Buenas, Rafael - dijo con una sonrisa que intentaba parecer relajada, aunque la tensión se asomaba en la curva de sus labios. - Martin tenía una duda sobre esto - señaló el folio en las manos de Martin - así que vino un momento para que se lo explicara.

Rafael entrecerró los ojos, como si tratara de descifrar un acertijo invisible. Sus ojos pasaron de Juanjo a Martin, que asintió rápidamente mientras apartaba el bolígrafo de su boca con una torpeza que casi hizo que se le cayera al suelo.

- Sí, eso... Eh... es para un parcial de finanzas - logró decir Martin, obligándose a mantener el contacto visual con su padre, aunque sentía que su mirada podría perforarlo de un momento a otro.

Rafael cruzó los brazos y dio un paso dentro de la habitación, observándolos detenidamente. Su presencia era imponente, como si llenara cada rincón con su desconfianza. Miró la habitación con ojos críticos, deteniéndose en cada detalle, buscando cualquier indicio que confirmara las sospechas que rondaban en su mente.

- ¿Y por qué está cerrada la puerta? - preguntó finalmente, su tono tan frío como el filo de un cuchillo.

Juanjo se apresuró a responder antes de que Martin volviera a quedarse mudo.

- Fue para que no se escuchara el ruido del pasillo. Con Nuria y usted preparándose para salir, Martin no quería distraerse. - La respuesta salió con rapidez, pero no lo suficiente como para parecer ensayada.

Martin, sintiéndose como un actor improvisando en una obra de teatro, se obligó a hablar.

- Sí, eso. Ya sabes que cuando estoy estudiando, necesito silencio total.

Rafael no parecía completamente convencido. Sus ojos recorrieron de nuevo la habitación, deteniéndose en la cercanía de ambos chicos, en el bolígrafo que Martin aún sostenía torpemente en su mano, en los papeles desordenados sobre la mesa. Finalmente, exhaló un suspiro pesado.

- La próxima vez, dejad la puerta abierta. No quiero tener que venir yo a abrirla para saber qué está pasando.

Ambos asintieron rápidamente, con la misma sincronía que un par de soldados recibiendo una orden.

- Entendido, señor - dijo Juanjo con una leve inclinación de cabeza, mientras Martin murmuraba un tímido 'claro'.

Rafael los miró un momento más, sus ojos oscuros cargados de un peso que parecía advertirles que, aunque se iba, no estaba del todo convencido.

Amor ProhibidoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora