El corazón de Martin latía con fuerza mientras cruzaba la puerta principal, sintiendo el aire fresco golpearle el rostro después de tantos días encerrado. No miró atrás. No quiso despedirse de nadie. Sabía que, si lo hacía, algo dentro de él vacilaría, y no podía permitírselo.
Se dirigió al garaje con pasos rápidos, sintiendo cómo la adrenalina recorría cada fibra de su cuerpo. Allí, cubierta por una lona gris, estaba su moto, una Honda XRE 300 negra. Su orgullo, su libertad. La destapó con manos temblorosas, como si estuviese redescubriendo algo que siempre le había pertenecido. Pasó los dedos por el manillar, sintiendo bajo sus yemas el metal frío y familiar.
Recordó la primera vez que la condujo, la emoción que lo invadió cuando se sacó el carnet, la sensación de velocidad, de volar sobre el asfalto, de escapar de todo. Aquella moto había sido su refugio en muchas ocasiones, el único lugar donde sentía que nada ni nadie podía atraparlo.
Pero también recordó el accidente, nunca lo frenó a seguir usándola, tan solo el miedo de su padre y Nuria. Dudó unos instantes pensando en que podía volver a pasar lo mismo, pero esta vez no había nada que pudiese hacerle daño, porque sabía que Juanjo nunca le traicionaría de la misma forma que lo hizo Pablo.
Así que cogió el casco y lo colocó con cuidado, asegurándose de que estuviera bien ajustado. Su respiración era profunda, su mente estaba enfocada. No había espacio para el miedo, solo para la esperanza de poder salir de allí.
El rugido del motor vibró en todo el garaje, fuerte, poderoso, como un recordatorio de que aún tenía el control sobre algo en su vida. Pero justo cuando estaba a punto de salir, escuchó unos pasos.
Levantó la visera del casco con un movimiento rápido y giró la cabeza. Allí estaba ella.
Nuria, de pie en la entrada del garaje, con los brazos cruzados y la mirada cargada de sentimientos encontrados. Había una mezcla de amor y tristeza en sus ojos, pero ni un rastro de reproche.
Martin sintió un nudo en la garganta.
- No me retengas - pidió con voz firme, aunque sus manos apretaban con fuerza el manillar, como si temiera que ella le dijera lo contrario.
Nuria dio un par de pasos hacia él, su expresión serena, su voz tranquila.
- Nunca lo haría - respondió, con la certeza de alguien que siempre había estado de su lado.
Martin parpadeó, sorprendido por su respuesta. Esperaba que intentara convencerlo de quedarse, que le hablara de los peligros, de su padre, de las consecuencias. Pero ella no era así. Nunca lo había sido. Desde el primer momento en que había entrado en su vida, Nuria lo había entendido sin necesidad de explicaciones.
Ella metió una mano en el bolsillo de su abrigo y sacó un sobre blanco. Lo sostuvo entre los dedos por un instante antes de extenderlo hacia él.
- Toma.
Martin frunció el ceño.
- ¿Qué es esto?
-Dinero. Mucho.
Martin no lo tomó de inmediato.
- Nuria, no puedo...
- Puedes - lo interrumpió con suavidad -. Y lo harás, lo vas a necesitar.
Él bajó la mirada al sobre y luego volvió a fijarse en ella, buscando alguna señal de duda en su rostro. Pero no la encontró.
- Sabes que no volveré, ¿verdad? - susurró, sintiendo el peso de esas palabras en su propia voz.
Nuria asintió despacio, su mirada empañándose por un instante.
- Lo sé.
El silencio entre ellos se hizo más denso. Martin tragó saliva, sintiendo una presión en el pecho que no había sentido hasta ese momento. Se suponía que huir debía ser fácil, debía ser un alivio. Pero entonces ella habló de nuevo, y su voz fue más suave que nunca.
ESTÁS LEYENDO
Amor Prohibido
FanfictionLos Urrutia, una de las más ricas del país, dueña de Éclat d'Or una multinacional mundialmente conocida, su hijo Martín acaba de cumplir 18 años y necesitan un chófer para él, el problema es que él chico odia tenerlo. Juanjo, un chico humilde que ac...
