Capítulo XXIX

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Juanjo se quedó en silencio, con la mirada fija en Martin. Su mente iba a mil por hora, evaluando todas las posibilidades, todas las cosas que podían salir mal.

No dudaba de que quería estar con él, de que lo seguiría hasta el fin del mundo si fuera necesario. Pero la casa del lago... no sabían en qué condiciones estaría, ni siquiera si podrían quedarse allí sin problemas. ¿Y si alguien la había ocupado? ¿Y si ya no era el refugio que Martin recordaba?

Bajó la mirada y mordió el interior de su mejilla.

- Martin... - empezó, eligiendo con cuidado sus palabras. - No es que no quiera irme contigo. Quiero. Quiero estar contigo más que cualquier otra cosa en el mundo, pero...

Martin no apartó la mirada de él, esperando.

- Pero no sabemos qué nos encontraremos allí - continuó Juanjo. - Hace años que no vas, ¿y si está en ruinas? ¿Y si alguien la ha vendido? ¿Y si...?

- ¿Y si dejamos de pensar en todo lo que podría salir mal y empezamos a pensar en todo lo que podría salir bien? - lo interrumpió Martin con suavidad, entrelazando sus dedos con los suyos.

Juanjo suspiró, apretando su mano casi sin darse cuenta.

- Solo me preocupa que lleguemos allí y que no haya nada, que no tengamos dónde quedarnos... que al final esto no funcione.

Martin negó con la cabeza, con una sonrisa tranquila.

- No pasará, estaremos bien. La casa ha estado allí desde antes de que yo naciera. No hay nadie que la reclame, nadie que la quiera más que nosotros. Y si hay que arreglarla, la arreglamos.

Juanjo lo miró con una mezcla de duda y ternura.

- Martin...

- Juanjo - lo interrumpió con una leve sonrisa, - allí nadie podrá decirnos nada. No tendremos que escondernos, no tendremos que preocuparnos por quién nos ve o quién puede hablar de nosotros. Será nuestra casa, nuestro lugar. Un sitio donde empezar de nuevo, donde podamos construir algo juntos.

Juanjo tragó saliva, sintiendo el peso de esas palabras.

- Ya hemos visto lo que es estar separados - continuó Martin, su voz un poco más baja. - Nuestra vida apenas tiene sentido cuando no estamos juntos, lo sabes. Yo lo sé. ¿Por qué seguir dándole vueltas? Esta es nuestra oportunidad.

Juanjo sintió su garganta cerrarse un poco. Todo en Martin era certeza, determinación, amor puro.

- Dime que no quieres hacerlo y no lo haremos - susurró Martin, con una ternura infinita - Pero si quieres estar conmigo, si quieres intentarlo... vámonos.

Juanjo cerró los ojos un momento. Su mente seguía gritando advertencias, pero su corazón... su corazón ya había tomado la decisión desde el momento en que su novio le hizo la propuesta.

- Vámonos - dijo en un suspiro.

Martin sonrió, y en ese instante, Juanjo supo que había tomado la única decisión correcta.

El aire en el salón seguía siendo denso, cargado de emociones que aún flotaban en el ambiente tras aquella conversación. Juanjo y Martin apenas habían podido soltarse el uno del otro después de decidir marcharse juntos. Los besos y caricias se habían vuelto inevitables, casi como un recordatorio de que, a partir de ese momento, nada ni nadie volvería a separarlos.

- Creo que si seguimos aquí nos vamos a morir de hambre -bromeó Juanjo, apoyando la frente contra la de Martin.

Martin soltó una risa baja, sin apartarse de él.

Amor ProhibidoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora