Capítulo XXVI

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⚠️⚠️ ATENCIÓN. Este capítulo contiene violencia verbal y física, si sois sensibles a estos temas pondré **** para que que dejéis de leer ahí y después haré cuando termine esa parte para que empecéis de nuevo desde ahí. Trataré de hacerlo de la mejor forma posible ya que estos temas son muy delicados, pido perdón de antemano si puedo hacerle daño a alguien. ⚠️⚠️

Cuando los pitidos sonaron en la línea, haciendo evidente que Rafael había cortado la llamada, Martin sintió cómo el mundo se desmoronaba a su alrededor. La simple orden de su padre había sido suficiente para entenderlo todo.

La realidad lo golpeó con tanta fuerza que su cuerpo reaccionó antes que su mente. Sus manos comenzaron a temblar, un escalofrío recorrió su espalda y sus labios se entreabrieron en un intento fallido por respirar con normalidad. Pero el aire no llegaba. Sus pulmones parecían cerrarse, como si su propio cuerpo supiera que algo horrible estaba por venir.

Juanjo, que lo había estado observando de cerca desde el momento en que atendió la llamada, no tardó en notar el cambio en él. La tensión en sus hombros, el temblor en sus manos, la forma en la que su pecho subía y bajaba de manera errática. Martin estaba aterrorizado.

- Martin... - susurró con suavidad.

Pero Martin no reaccionó.

Su mirada estaba perdida en el vacío, atrapada en un torbellino de pensamientos que se arremolinaban en su mente sin darle tregua. No podía escuchar nada más que el eco de la voz de su padre repitiendo esas palabras en su cabeza una y otra vez. Volved a casa. Los dos. Ahora.

Juanjo frunció el ceño y llevó sus manos a la cara de Martin con desesperación, intentando traerlo de vuelta, hacer que lo mirara, que se aferrara a algo más que al miedo que lo consumía. Pero era inútil. Martin no estaba allí. Su mente ya lo había arrastrado a un abismo del que no podía escapar.

El pánico lo envolvió por completo. Martin sabía que todo había terminado. Que todo se había ido a la mierda en cuestión de segundos.

Y lo único que pudo hacer fue aferrarse a Juanjo con todas sus fuerzas, como si eso pudiera evitar lo inevitable, como si esconderse en su cuello fuera suficiente para detener el desastre que se avecinaba.

Juanjo sintió el peso del cuerpo de Martin contra el suyo, la forma en la que se aferraba a él, como si en cualquier momento pudiera desmoronarse por completo. Sus brazos lo envolvieron sin dudarlo, sosteniéndolo con firmeza, como si pudiera protegerlo de lo que estaba por venir. Le acarició la espalda con suavidad, dejando besos en su cabello, murmurando palabras tranquilizadoras que Martin no era capaz procesar.

Su respiración era errática, casi sofocada. Martin intentaba recuperar el aire, pero era imposible. Las manos de Juanjo lo acariciaban con delicadeza, recorriendo su espalda, sus brazos, tratando de darle un respiro, de hacerle sentir que aún estaban ahí, juntos. Pero nada parecía funcionar.

Los minutos pasaron en ese vaivén de caricias y temblores hasta que, con la voz rota y los labios aún pegados a la piel de Juanjo, Martin logró pronunciar las palabras que confirmarían lo que ambos ya temían.

- Mi padre... - susurró, con la voz rasgada -. Ha contratado a un detective, estoy seguro...

No hubo sorpresa en los ojos de Juanjo. No hubo incredulidad ni negación. Ambos lo supieron desde el instante en que el flash los alcanzó.

Desde ese momento, su pesadilla había comenzado.

El silencio pesaba sobre ellos como una losa mientras recogían sus cosas con movimientos mecánicos, sintiendo el peso de las miradas curiosas de sus amigos sobre sus espaldas. Nadie se atrevió a preguntar, pero la preocupación se notaba en el ambiente. La alegría y las risas que minutos antes flotaban en el aire se habían disipado, dejando tras de sí una sensación de vacío. Martin y Juanjo evitaron cruzar miradas con nadie, temiendo que, si hablaban, si intentaban explicar lo que ni siquiera ellos terminaban de comprender, la realidad los golpearía con más fuerza.

Amor ProhibidoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora