Capitulo 12

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— Un día más sin saber nada de mi hija.

El señor Yers se sentó en la silla poniendo sus manos en su rostro. La situación no estaba del todo bien debido a que no encontraban ninguna información o  alguna pista que los llevara hacia su hija. El Comandante lo miraba con pena y a la vez se sentía frustrado al no poder hacer nada más que esperar una noticia que diera con el paradero de Keila.

Ya había pasado un mes de su desaparición, aún no tenía alguna pista que pudiera llevarlos al paradero de su hija y eso le estaba afectando no solamente emocionalmente, sino que también en su salud, debido a que no está comiendo correctamente por estar al pendiente del caso y de alguna llamada que le informe que su hija ya apareció.

Había pasado por algo similar cuando su esposa falleció en esa fatídica tarde, el luto lo llevó por meses porque aún no podía asimilar que le habían arrebatado al amor de su vida, le habían arrancado cruelmente de sus brazos sin piedad, y eso lo llevó a un caos emocional demasiado severo, que, si no fuera por su hija, en estos momentos no estaría vivo. Aun tenia alguien que lo necesitaba, su pequeña Kelly sufría al igual que él y necesitaba el amor y la atención de su padre y que juntos podrían superar el fallecimiento de la persona que tanto querían y que ahora ya no estaban con ellos.

— No hay rastros por ningún lado. Recién tuve acceso a las cámaras de toda la ciudad, esperemos que podamos encontrar alguna pista que nos lleve al paradero de Keila.

— Esta angustia me está matando. Te juro que me muero si mi Keila ha caído en manos de esa gente.

— Es imposible. Tanto como ustedes como yo he tratado de borrar todo registro de sus paraderos, más cuando ella falleció. Su información es confidencial, constando con otros nombres para no ser detectados.

— No es seguro — suspiró pesadamente — Has hecho tanto por nosotros.

— Hemos sido amigos desde el colegio, es obvio que te ayudaría en cualquier ocasión que me necesiten.

— ¿Todavía no hay evidencia de eso maldito?

— Aún no tenemos nada, la DEA me tendría que informar cualquier cosa de ese bastardo, hice todo lo posible para que el caso de ese mafioso se vincule de alguna manera con la desaparición de Keila. Como te dije, es imposible que haya caído en manos de ese maldito, pero igual necesitamos encontrarlo por lo peligroso que es.

— Escuché del caso de Vendetta cuando venía a tu oficina, también...

— También traté de vincular con el caso de Keila, pero no hay ninguna evidencia que compruebe que en verdad estuvo detrás de ella antes de su desaparición.

— ¿Cómo puedes estar tan seguro?

— Antes de una desaparición o secuestro, el criminal siempre investiga a su víctima y la persigue minuciosamente sin que se de cuenta. Por ende, pude acceder a las cámaras que rodean la zona donde viven y la universidad hasta sus alrededores, pero no encontré absolutamente nada.

— Yo tampoco vi algo inusual en estos meses. Todo estaba tan tranquilo que, por dios, no me imaginé que algo así pudiera pasar.

El Comandante Hart se quedó pensando por algunos segundos ante las palabras de Máx, talvez no solo se trataba de su pasado, sino que algo relacionado a su pasado estaba presente en la vida de Keila.

— ¿Qué te ocurre?

— Tendría que investigar vínculos familiares de ese mafioso.

***
Dos días después

— No me gusta estar encerrada en esta habitación. Siento que me asfixio.

Drew puso la comida de la pelirrubia en la mesita que estaba a lado de la cama y se acercó a la pelirrubia que estaba mirando por la ventana.

— No puedo hacer mucho, Keila.

— Prometo que no volveré a escaparme.

— Tendrías que ganarte la confianza de Vendetta, aunque dudo que saque de esta habitación.

Keila se volteó con mucha frustración, pero no se había dado cuenta que Drew estaba muy cerca de ella y chocó su rostro en el pecho del castaño.

— P-perdón, yo... — bajó su mirada conectándose con los ojos azulados de la pelirrubia.

No pudo contenerse en admirarla, tan cerca que la tenía que no podía negar que tenía un lindo rostro y una mirada angelical que combinaba perfectamente con esos ojitos coloreadas como el mar. Es la primera vez que la tiene tan cerca y se sentía tan privilegiado que no podía apartar su mirada de ella. El carraspeo leve por parte de la pelirrubia y el repentino alejamiento, hizo que cayera en la realidad y rápidamente negó aquellos pensamientos.

— Yo debo pedirte disculpas no te vi — la pelirrubia caminó hacia la cama, sentándose en éste y empezó a comer — Esta muy delicioso — le sonrió.

Drew no pudo sentirse un poco raro al mirar esa bonita sonrisa. Es la primera vez, en todo ese tiempo que estuvieron conviviendo, que miraba una sonrisa tan sincera y hermosa por parte de la pelirrubia. Un sentimiento se instaló en su pecho que lo hacía sentir cálido, ocasionando que borrara todo pensamiento que en futuro podría afectarlo.

— Yo siento que te equivocaste de carrera... Cocinas muy delicioso ¿no has pensado en ser chef?

— ¿Tu crees? — se rio negando con su cabeza — Me siento más feliz siendo médico.

— Aun no comprendo por qué estás aquí... digo, eres un buen médico y lo más lógico es que estes en un hospital, clínica o tengas tu propio consultorio. Pero estás aquí, ayudando a un asesino y prácticamente estas condenado al ser su... cómplice.

Drew desvió su mirada, su destino estaba más marcado que ya no tenía salida. No fue su obligación quedarse, tenía las puertas abiertas para salir en la primera oportunidad que podía, pero prefirió quedarse y mantenerse en la posición de serle leal a una persona que solo había conocido en un callejón casi muriendo.

— Es difícil de entender.

— ¿Te está amenazando de muerte?

— No. En realidad, estoy aquí por voluntad propia.

— ¿Qué?

— Nadie me está obligando a permanecer en este lugar y tampoco ayudarlo.

— ¿Por qué sigues aquí si no estás obligado a quedarte?

— Lealtad. Es todo.

— ¿Solo eso? Es muy confuso.

— No es necesario que lo entiendas. Solo hay objetivo que es fundamental para que esto se acabe y todos vamos a ser libres.

— Pero-

— Drew, nos tenemos que ir.

Vendetta interrumpió la conversación, entrando a la habitación. Keila lo miró sin ninguna expresión, el odio que sentía por esa persona era tan evidente que no podía perdonarlo. Sin embargo, el aura que antes sentía cuando su presencia invadía su espacio personal, ya no estaba. Su mirada parecía más suave, pero que mantenía esa posición intimidante y autoritario. Sus ojos se conectaron por leves segundos, pero precisos para tratar de entender lo que pasaba por su mente.

— Te veo luego, Keila...

Dy

El poder de VendettaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora