Capitulo 22

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Vendetta abrió los ojos al recordar esa desgarradora escena. Sus mejillas fueron invadidas por las lágrimas que salieron sin cesar de sus ojos azulados.

— Esos malditos me las arrebataron de mi lado. Fueron tan cobardes en arrebatarles de esa forma, no tuvieron ni una pizca de remordimiento por lo que hicieron. ¡Mi niña le arrebataron las ganas de seguir conociendo el mundo! ¡Me arrebataron a la persona que tanto amé en este mundo! Si tan solo me hubiera quedado en casa ese día, las hubiera protegido de esas escorias.

— Vendetta...

— Mi pequeña Lucero... sus gritos desgarradores pidiendo que "paren" ... mi Julieth. Ni siquiera estuve presente, pero las pesadillas me persiguen y me ponen mal...

Vendetta estaba perdiendo el control.

— Eso no fue suficiente. Me culparon a mí, me metieron a la cárcel por algo que no hice. ¡Por dios, yo no maté a mi familia!

Keila atrajo al azabache para reconfortarlo. Su mirada llena de dolor le hizo sentirse triste, pues los dos compartían el mismo dolor de haber perdido a personas muy importantes en su vida. Acarició su cabellera azabache mientras escuchaba los sollozos de Vendetta escondiéndose en su cuello, regresando su abrazo y sumergiéndose en el reconfortar que le estaba brindando. Después de tanto tiempo venía a estar débil ante una persona, verlo llorar desconsoladamente por el dolor que le causaba recordar esa horrible escena y el coraje que traía por las personas que ocasionaron eso.

— Estuve encerrado por tres años en esa celda. Tuve que enfrentarme a criminales, yo sé perfectamente que eran ordenes de esos malditos. Me querían muerto como de lugar por haberles entregado a la justicia. En uno no pude escapar y terminé en una camilla de hospital por un año, cuando desperté lo único que hice fue escapar de ese lugar y actualmente me convertí en un prófugo de la justicia.

Vendetta salió de ese pequeño escondite que se había sumergido. Alzó su mirada, estaban muy cerca uno al otro que solo eran centímetros para quitar esa distancia que les impedía cruzar la línea. Los dos no estaban conscientes de lo que ocurría a su alrededor ni mucho menos de lo que estaban sintiendo, tan solo eran ellos dos, manteniendo un contacto visual tratando de decir algo por medio de este.

Él la tenía tan cerca y podía jurar que estaba viendo a un hermoso ángel con aquellos ojitos azulados como el mar que brillaban ante la luz expuesta de la habitación. Su pequeño rostro parecía tan dulce e inocente, incluso sin ninguna expresión en ella. Su mirada bajó a sus labios, relamió los suyos al ver lo atractivo y tentador que lograba enloquecer todo su ser con ganas de probarlos. En cambio, la pelirrubia estaba en la misma situación, podía escuchar su corazón retumbar dentro suyo eufórico de la situación.

El ruido del exterior ocasionó que los dos cayeran en la realidad. Keila abrió los ojos como si hubieran sido captados en algo indebido, mientras que el azabache solo vio la lejanía de la pelirrubia sin haber dejado de ver sus labios. La voz del castaño se hizo presente nuevamente en la habitación, trayendo consigo unas fundas.

— Ya volví. Esto es tuyo, Keila – el castaño le dio la funda a la pelirrubia e inconscientemente acarició cariñosamente su cabellera rubia.

— Muchas gracias, Drew – le sonrió, una sonrisa demasiado tierna y llena de euforia.

Vendetta no pasó de desapercibido esas acciones. Miró a los dos con suma atención, no podía explicar lo que estaba sintiendo en ese instante, algo que lo dejó extrañado y rápidamente se levantó de la cama. Había tenido tantas emociones encontradas que había perdido los estribos por leves minutos.

— ¿Estuviste llorando, Vendetta?

— No es nada. Estoy bien.

— Algo pasó aquí, ¿de qué me perdí?

El poder de VendettaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora