Capítulo 24

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Keila abrió sus ojos de sorpresa. El beso imprevisto por parte del azabache la dejó desconcertada por algunos segundos. Los labios del azabache se movieron levemente, algo que influyó a que la pelirrubia respondiera al beso; también lo deseaba. La mano del azabache la acunó en la mejilla de la pelirrubia, sus labios danzaban acorde pasaban los segundos, saboreando sin pudor el sabor de sus bocas. Esa sensación los ponía con los pelos de punta.

Al fin esa distancia se rompió por completo. Keila no podía ocultar aquello que estaba sintiendo por el azabache, la manera que la protege, la cuida y todo lo que ha hecho hasta ahora por ella, ha logrado que lo viera con otros ojos. No podía negar lo apuesto que es, sus expresiones tan masculinas y esa aura llena de posesividad podía desencadenar una fuerte atracción que cualquier mujer no se resistiría a su presencia y encanto.

Vendetta se apartó ligeramente, ambas respiraciones mezclándose entre sí. Sus miradas se encontraron, Keila y Vendetta estaban en su propio mundo tratando de comprender ese sentimiento que los había llevado a romper toda línea que los separaba hace tiempo.

Keila estaba sonrojada, estaba asimilando todo lo que había ocurrido. Vendetta, por su lado, acarició su mejilla y era tan adorable verla sonrojada. Las emociones la estaban abrumando, su piel pálida dejaba ver el gran sonrojo de sus mejillas y creció aun más su nerviosismo cuando el azabache acarició sutilmente. No podía pronuncia una palabra ¿cómo podría hacerlo? Sus pensamientos estaban muy distorsionados, estaba al punto del colapso.

¿Qué hice?

Vendetta estaba a punto de romper ese silencio inminente en la que se sumergieron por sus impulsos, pero el carraspeó que provenía desde la puerta ocasionó que la pelirrubia rápidamente se alejara del azabache mientras que éste solo se quedó en la misma posición viendo como Keila se alejaba de su toque.

El castaño vio la escena y aún no podía comprender a ciencia cierta que era lo que vio al momento de pasar el umbral de la puerta. La cercanía entre ellos fue palpable, cualquier acto que hayan cometido hace unos minutos atrás estaba siendo muy lejano para el conocimiento del castaño.

— Drew... ¿por qué tardaste tanto? – habló con una sonrisa nerviosa.

El castaño vio a Vendetta pararse para verlo fijamente, esperando su respuesta.

—Tuve unas pequeñas dificultades para deshacerme de esos cuerpos. Nadie sospechó nada y estuve vigilando la zona para verificar que nadie estuviera merodeando de forma sospechosa. También compré comida. Sin embargo... —  miró al azabache — Ya no es seguro estar aquí.

— Lo sé. Pero aun no podemos irnos con Keila en ese estado. Por lo menos debería estar en reposo y que sanen un poco más sus heridas.

— En eso tienes razón.

— Por lo pronto vamos a estar alerta de todo lo que acontece en estos tres días. Nadie va a salir si no es necesario; y si lo es, vamos a tomar las precauciones correspondientes.

Keila y Drew asintieron. No les quedaba de otra debido a la falta de seguridad que faltaba en esa situación, además que la pelirrubia aun debía recuperarse de sus heridas para que no vuelvan abrirse. Keila odiaba sentirse débil y no ayudar en nada, pero odiaba más sentirse avergonzada por lo ocurrido con el azabache, aun podía sentir sus mejillas calientes.

Bajó su mirada, tratando de no ver al azabache que de seguro ya la estaba mirando fijamente. Agradeció al castaño que habló de comida para que se dispersara lo tenso que se había convertido el ambiente antes y después de que él llegara.

— Esto es para ti – el castaño le entregó la comida a la pelirrubia – Una vez me dijiste que te gusta mucho la lasaña, así que me acordé de eso y te lo traje. Espero te guste.

—  ¡Enserio lo recordaste! – la felicidad que emanaba entre sus palabras fue lo más bonito que tanto el azabache como el castaño pudieron presenciar. El ambiente tenso que se había encogido en esa habitación desapareció ante la calidez que emanó la sonrisa de felicidad de Keila – Muchas gracias, Drew.

— No es nada – le devolvió la sonrisa – Y bueno, esto es para los dos, milanesa de pollo al vapor.

— ¿Acaso suena como una despedida? – bromeó el azabache -Hace tiempo que no comemos nuestras comidas favoritas.

— Talvez no volvamos a comer a gusto, Ve-

— Mi nombre es Chris, Chris Brown – dijo, Keila se quedó asombrada al igual que el castaño, pues él no se imaginó que el azabache le dijera su verdadero nombre a la pelirrubia ¿acaso hay algo más que no se había dado cuenta? – De ahora en adelante llámame por mi nombre, ya no es necesario que me llames por un nombre ficticio que solo mis enemigos y personas desconocidas conocen.

— Claro, Chris.

—Se escucha mucho mejor – le sonrió.

Keila se tensó, escuchando los latidos de su corazón retumbar en todo su ser. Verlo sonreír la estaba asfixiando debido a las emociones sofocantes, pero no podía negar lo lindo que se veía de ese modo, dejando a un lado esa mirada amenazante que daba mucho miedo. Keila empezó a comer, tratando de que esos pensamientos se borraran por unos minutos de su mente.

— ¡Esto es muy delicioso! Nunca he probado otra lasaña igual como lo hace mi papá.

— ¿Tanto así? – indagó el azabache con una sonrisa en su rostro.

— Si. Hubo dos veces que fui a comer lasaña con mi madre en dos restaurantes y la experiencia fue pésima, eso pasó cuando tenía diez años. Le dije a mi papá lo ocurrido y me dijo que no me preocupara que él se iba encargar de hacer la mejor lasaña del mundo. A la semana siguiente era mi cumpleaños y mi padre me preparó lasaña para mi especialmente, fue lo mejor que he probado – sonrió nostálgica – Años después, me enteré que mi papá aprendió a cocinar solo para hacerme la mejor y la más deliciosa lasaña.

— Eso fue muy lindo.

— Sí. Mi papá siempre ha sido el mejor de todos.

— ¿Cuándo es tu cumpleaños? — preguntó el azabache. Keila miró al azabache con una mirada que él no supo descifrarlo.

¿Había cometido un error?

Pues su reacción no le daba buena espina. Chris no le quitaba la mirada de encima, esperando su respuesta, aunque no sea de agrado decirlo por la pelirrubia. Expectante, el castaño notó también la mirada de Keila. Ella bajó la mirada y tomó una bocanada de aire antes de responder.

— Es el 5 de mayo – apretó sus labios —También es el día que murió mi madre  — musitó débilmente, pero fue suficiente para que ellos escucharán.

Tanto Chris como Drew se miraron entre sí, estupefactos por la revelación de la pelirrubia. Ahora podía entender su reacción cuando el azabache le preguntó su fecha de cumpleaños. Es terrible sentir que el día de tu cumpleaños, una fecha muy importante para cada persona porque cumples un año más de vida y es bonito celebrarlo junto con las personas que tanto quieres, sea un día triste y doloroso ante el recuerdo latente de la muerte de un ser querido.

— Cuanto lo siento — el azabache se acercó a la pelirrubia, rodeando sus brazos —Perdóname por hacerte esa pregunta, yo-

— No te preocupes. Esta todo bien.

— Muy pronto podrás volver con tu padre — musitó el azabache, acariciando su cabellera rubia.

— En estas circunstancias, no sé cuándo pasará eso — musitó para luego comer una bocanada de lasaña.

— Es una promesa ¿lo recuerdas? Yo siempre las cumplo.

— Chris siempre es de palabra, Keila. Cuando esto acabe, puedes ser libre — sonrió, pero ante la vista de la pelirrubia lo podía ver como una sonrisa triste.

Algo dentro suyo se removió, no le gustaba que le mostrara una sonrisa triste. Sin querer, se había encariñado con el castaño y poco a poco con el azabache, sería difícil irse.

— Yo lo sé — susurró.

No sé qué pasará.

Dy

El poder de VendettaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora