Capitulo 16

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— Tú no vas a ningún lado...

Una voz se hizo presente en el momento que el sujeto se dignaba a retirarse de la habitación para avisarle a su Jefe que había encontrado a la chica, algo que no puso llevarse a cabo, porque fue golpeado fuertemente en la nuca con un bate de beisbol.

— Qué-

— Suelta a la chica...

¿Vendetta?

Keila miró de reojo a la persona que había interrumpido con su voz imponente en la habitación y no había dudas que se trataba de Vendetta. El sujeto sonrió ladino, y con la mirada puesta en el azabache, agarró a la pelirrubia de su cabellera y a su vez el arma que lo había hecho caer cuando la pelirrubia lo había golpeado.

— No estas en las condiciones para darme ordenes...

Keila se quejó de dolor, aquel sujeto la estaba agarrando con tanta fuerza que parecía que en algún momento se iba a quedar sin cabello, y ni de hablar del dolor en sus piernas. Vendetta no podía dar un paso en falso porque la vida de la pelirrubia estaría en peligro en manos de toda esta gente que aún no podía creer como dieron con su paradero. Sabía que por su estatus de criminal y haber jodido a unas cuantas organizaciones criminales, iba a tener enemigos queriendo su cabeza.

Aun no sabía quienes eran esas personas que había interrumpido la tranquilidad en la que estaban permaneciendo en ese tiempo. Temía lo peor, después de tanto tiempo había sentido algo dentro suyo cuando notaba que algo no andaba bien desde que se estaban acercando a la residencia, peor fue cuando miró a todos esas camionetas afuera de ésta.

Hubiera sido tan fácil en dejarla a su suerte para que hiciera de ella lo que quieran, pero algo dentro suyo no se lo permitió. Le había prometido desde un inicio su libertad a cambio de su completo silencio y obediencia, por lo que no podía dejarla a su suerte con esa gente peligrosa que no se sabía su destino cuando estuviera entre sus garras. La insistencia de Drew de ayudar a la pelirrubia cueste lo que cueste, fue el inicio de un plan improvisado.

Estaban en desventaja al ser dos personas ante una docena de sujetos. La única forma de entrar a la residencia era entrar por la parte trasera donde había un pequeño cuarto que conectaba con la casa y esta llevaba a un pequeño sótano. Tuvieron que dar la vuelta por el otro lado del bosque para que esa gente no se diera cuenta de su presencia. Así fue como entraron a la casa, esperando que la pelirrubia estuviera bien hasta que ellos llegaran a su rescate.

— Quise intervenir por las buenas, pero ahora será por las malas.

Keila tampoco se iba a quedar de brazos cruzados. A pesar del dolor que le estaba ocasionando ese sujeto y lo que le causará cuando haga lo que en su mente tiene pensado, con la mirada puesta en el azabache y sin previo aviso hizo un movimiento brusco, logrando que su codo impactara en el estomago del sujeto.

Vendetta se quedó sorprendido por lo que hizo la pelirrubia, quien en su sano juicio haría algo así sabiendo que tiene un arma en su cabeza a punto de ser disparada.

Keila cayó al suelo cuando el sujeto la libró del agarre. El dolor era insoportable y no sabía cuanto podía durar estar consciente.

Vendetta al ver el dolor reflejado en su rostro, su furia incrementó a más no poder. La pelirrubia había sufrido en manos de esas personas y eso provocaba una fuerte tensión en el ambiente con ganas de manchar sus manos de sangre. Rápidamente se acercó al sujeto y le disparó dos veces en la cabeza, otro en su rostro, y otro directamente al corazón.

Guardó su arma en el filo del pantalón y se acercó rápidamente hacia la pelirrubia.

— Tenemos que irnos — musitó.

El poder de VendettaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora