Escuchaba voces muy lejanas, susurros que no lograba entender. Poco a poco estaba cobrando conciencia. Aunque el dolor en todo su cuerpo aún persistía, ya no sentía el frío que hace rato la estaba matando en vida.
Sus ojos empezaron abrirse lentamente, sus párpados aun pesaban y la luz la molestaba. Su visión es borrosa, estaba desorientada, tenía el pensamiento de que aun estaba tirada en medio del bosque.
Sin embargo, no sentía las duras piedras y las hojas de su alrededor, porque es lo único que recuerda antes de caer inconsciente. En su lugar, sentía que estaba acostada en algo esponjoso, con algo que cubría su cuerpo y que le brindaba la calidez que necesitaba.
En su brazo sentía una cosa que estaba incrustado en ésta, no entendía lo que estaba pasando. Ya podía ver con claridad y se dispuso a ver todo su alrededor, bajó su mirada a su brazo y notó qué tenía puesto un suero, y también sus manos estaban vendadas.
— ¿D-dónde estoy?
La pelirrubia miraba su alrededor. Estaba en una habitación, con un ambiente acogedor, la decoración es sencilla con un color pastel muy bonito, había un estante de libros al fondo y con muebles exactos para una niña. Sin embargo, aun se preguntaba como había llegado hasta ahí y quien había sido la persona que la rescató de ese infierno de la noche.
El sonido de la puerta hizo que se pusiera en alerta. Un joven alto, con una contextura delgada, cabellera castaña y tenía puesto una bata blanca, apareció en la habitación con una bandeja en sus manos.
— Por fin despertaste — cerró la puerta y se dirigió hasta quedar a lado de la pelirrubia — Me tenias muy preocupado.
Intentó tocar su frente, pero ella se encogió de hombros echándose para atrás. La pelirrubia reconoció al hombre al instante, era el chico que venía acompañando al otro hombre que había puesto una arma en su cabeza para matarla si no llegaba a subir al automóvil.
El joven pareció entender la situación, al parecer ya lo había reconocido y pues entendía su actuar, pues quien no se va a asustar ante la persona que cree que la secuestró. Alzó sus manos y se alejó de la chica, quien mostraba un rostro asustado.
— No te voy a hacer daño. Solo intento ayudarte — miró el suero — Tengo que cambiarlo y también ver si ya te ha bajado la fiebre.
La chica parecía no responder y se resistía en su lugar. No le daba tanta confianza.
— Sé que no me tienes confianza por lo ocurrido, pero no soy mala persona. Solo intento ayudarte para que te recuperes lo más pronto posible — suspiró — Hubieras muerto de hipotermia si no llegábamos a tiempo.
— ¿C-cuánto tiempo he estado i-inconsciente?
— Una semana.
Sus ojos se abrieron exageradamente por lo dicho. Estuvo inconsciente una semana y tan solo parecía ayer que había ocurrido todo.
— I-imposible...
— Lo más seguro era llevarte a un hospital, debido a que no tenía mucho impelmentos necesarios para estos tipos de casos. Pero hice todo lo posible para salvarte la vida.
— ¿P-por qué no lo hicieron?
— Razones que no es necesario decirlas. No estaba en mis manos decidir eso.
ESTÁS LEYENDO
El poder de Vendetta
AcciónQuién iba a pensar que un simple Vendetta pudiera ser más que el mismísimo demonio. Un loco asesino con sed venganza que no tiene escrúpulos. Su única misión es acabar con las personas que lo traicionaron y asesinaron a lo más preciado que tenía.
