El castaño miró todo a su alrededor para verificar que no hubiera ningún policía cerca o una acción inusual de esas personas que entraron a la fuerza a la zona del azabache. No podía negar que estaba nervioso, la situación de alguna manera se había salido de sus manos.
Por otro lado, Vendetta estaba sentado en la sala de espera. Su mirada estaba fija en la puerta de la habitación donde la habían ingresado a la pelirrubia. Ya había pasado como media hora y nadie le daba noticias, pero la puerta se abrió repentinamente.
— ¿Cómo esta ella?
— Esta bien, las heridas no fueron tan profundas. Sin embargo, debería quedarse por esta noche para que su estado físico mejore. Además, necesito que me llene los datos de la paciente, por favor.
Carajos.
No contaba con que la pelirrubia debía quedarse en ese hospital, eso le iba a traer problemas si estaba unos minutos más en ese lugar. Tampoco quería exponer al castaño ni mucho menos a la pelirrubia, debido a que esas personas podrían haberlos seguido o mucho peor que alguien lo reconociera y que den con el paradero de la pelirrubia.
— ¿Señor?
— ¿No puedo llevármela?
— No señor, son ordenes del doctor. La paciente le tuvieron que coser las heridas que tenía en sus brazos y su estado físico no está bien, así que es mejor tenerla bajo observación por esta noche. Por favor, lléneme los datos de su novia.
Vendetta llenó los datos de la pelirrubia, poniendo otros datos para que nadie sospeche de su identidad. Solo tenía que esperar por esa noche para que Keila se recupere y después se irían de ese lugar.
— ¿Puedo verla?
— Por supuesto. Cualquier cosa no dude en avisarnos, por favor.
Vendetta asintió. Al entrar a la habitación, vio a Keila descansando en esa camilla con sus brazos vendados y con algunos golpes que se podía notar levemente en su rostro. Sus manos se hicieron puños, de tan solo pensar en lo que tuvo que pasar Keila en esa casa con el miedo latente de que esos hombres pudiera hacerle daño, le hervía la sangre.
Se sentía culpable por no haber protegido a Keila como debió ser, habían hecho una promesa, pero fue el primero en romperla a dejarla sola y a su suerte. Temió lo peor cuando vio a toda esa gente rodear la casa que por algún tiempo fue su refugio, peor cuando ese sujeto la tenía bajo sus garras.
Vendetta aun no estaba comprendiendo lo que estaba pasando, sin querer e inconscientemente quiere proteger a la pelirrubia más cerca, tratando de mantener una convivencia más amena con ella. En estos momentos, iba a estar en el ojo del huracán si ese hombre la haya reconocido, por lo que todos los problemas se incrementaban porque se notaba muy bien las intenciones en la inesperada visita de toda esa gente, y sin querer habían encontrado algo más que pudiera servirles más adelante.
— No voy a cometer el mismo error. De ahora en adelante vas estar bajo mi poder y mi protección, no permitiré que nadie vuelva hacerte daño.
***
Keila empezaba a cobrar la conciencia. Le dolía todo el cuerpo como si un camión le hubiera pasado por encima, parpadeó un poco para acostumbrarse a la luz de la habitación. No sabía donde estaba y que había pasado cuando cayó inconsciente.
— Al fin despiertas.
La voz del azabache la hizo asustar un poco.
— ¿Q-que pasó?
— ¿No recuerdas lo que pasó?
— Solo recuerdo haber visto esas personas llegar a la casa, después escapé por el conducto de aire hasta llegar a una habitación. Después dos hombres me encontraron, al poner resistencia empezaron a golpearme y luego usted llegó, y-
— Pudimos escapar. Debido a tus heridas tuvimos que traerte al hospital, me siento tranquilo al saber que estas bien.
Keila bajó su mirada a sus brazos, no recordaba haberse lastimado, o talvez ocurrió por la adrenalina del momento que no sintió que se había lastimado.
— Pensé que fuiste tú quien me entregó a esas personas – suspiró cansada – Pero veo que no es así.
— ¿Por qué pensaste eso?
— Porque todo este tiempo notaba que era un estorbo para ti. Solo me mantenía con usted para que no hablara sobre su paradero.
— No puedo mentir que en realidad si te consideraba de esa manera. Sin embargo, tu y yo tenemos un pasado similar. Quiero pedirte una disculpa por no haberte protegido como se debía, sobre todo teníamos un pacto.
— Pensé que iba a morir, que ustedes me abandonarían. Y-yo temía lo peor.
— No iba a permitir eso.
Su mirada mostraba sinceridad, su aura al parecer cambio tan repentinamente después de lo ocurrido porque lo sentía la pelirrubia.
— G-gracias...
— No tienes que agradecer, era mi deber salvarte del peligro que te expuse. Solo descansa, mañana nos iremos de aquí.
Cierto, estoy aquí en un hospital en vista de muchas personas que podrían reconocerlo y en paso a mi también.
— Estamos en un hospital, ¿cómo así nadie lo ha reconocido?
— Cuando llegue tenía la gorra y la mascarilla puesta. No soy tan estúpido para dejarme exhibir de esa manera.
— Puede ser que a ti no, pero a mí sí.
— No hay movimiento inusual, por el momento debes descansar porque mañana nos iremos de aquí.
— ¿Usted conoce a esas personas? Parecía que lo buscaban a usted.
— Eso estoy averiguando. Soy el objetivo de muchos enemigos, especialmente buscado por la DEA y FBI, pero mi único enemigo es solo uno – suspiró pesadamente – Descansa, en unas horas nos iremos de aquí.
***
— No vi su rostro.
— ¡Mierda! ¿Y la chica?
— La encontramos en esa habitación, al parecer había escapado por el conducto de aire de esta casa.
— Dijeron que al parecer la tienen secuestrada, entonces debemos buscarla. Si ese idiota llegó a esta mansión sin que nadie se diera cuenta solo para salvar el pellejo de esa niña, entonces tiene que ser alguien valioso para él.
— ¿Cómo puede estar tan seguro de eso?
— Intuición. Si una persona no te importa, la dejas a su suerte, en cambio si es una persona quete importa y es valiosa, hará todo lo posible para salvarla y protegerla.
— Encontramos registros de personas desaparecidas recientemente – uno de los escoltas le indicó a su Jefe la fotografía de dos chicas que han desaparecido en estos últimos cuatro meses. La primera se llama Magda Breins, y la otra chica Keila Yors.
El señor Pett le llamó la atención más a la ultima chica. Al verla detenidamente, sentía que ya había visto anteriormente ese rostro, se le hacía conocida pero aun no recordaba en donde o cuando la había visto.
— Investiga más sobre ella.
— Keila Yors, tine actualmente tiene 20 años de edad, vive con su padre Max Yors, y está estudiando Arquitectura en la Universidad de NikYor. No hay mucha información sobre ella.
— ¿No hay información del padre y de la madre? ¿Dirección del domicilio o algo?
— No hay nada, Jefe. Al parecer están ocultando sus informaciones personales, porque no puedo acceder a otra información adicional.
— ¿Alguna fotografía del padre?
— Solo existe esta, Jefe...
El señor Pett se quedó pasmado por unos segundos al ver la fotografía del padre de la chica. Ahora entendía ese presentimiento de que conocía a la chica de algún lado. Una sonrisa ladina se dibujó en su rostro.
— Al fin te encontré, Maximilian Grew.
Dy
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El poder de Vendetta
ActionQuién iba a pensar que un simple Vendetta pudiera ser más que el mismísimo demonio. Un loco asesino con sed venganza que no tiene escrúpulos. Su única misión es acabar con las personas que lo traicionaron y asesinaron a lo más preciado que tenía.
