Capitulo 10

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Las brisas del viento chocaba en su rostro como dándole la bienvenida al frío cementerio. Caminaba hasta encontrar las tumbas de las personas que hace muchos años venía a visitar y eso es constante, nunca faltaría a la promesa de venir aunque sus presencias ya no esté en este mundo y a su lado.

Se paró al frente de una tumba blanca, siempre lo tenía adornaba como tanto amaba su querida esposa y a lado de éste había una tumba rosa, como tanto adoraba su pequeña. Las flores aun se mantenían intactas, no se marchitan como suele ocurrir y eso sorprende para todos quienes pasan por aquélla tumba.

La imagen de la persona que un día le juró amor eterno está al frente suyo y su mirada se tornó melancólica, y le parte el alma cuando su mirada mira las dos tumbas. Su corazón se oprime ante las imágenes que viene a su cabeza, nunca olvidara esa escena horrible que tuvo que presenciar al llegar a su residencia con un ramo de flores y un oso de peluche en sus manos.

Cayó de rodillas al suelo con lágrimas caer lentamente por sus mejillas. No puede superar sus muertes aunque su alma siga en este mundo. Una parte de él murió junto con ellas esa tarde de Abril, destrozaron con sevicia su vida y su mundo, ellas eran todo para él y quitarlas fue como destruirlo en vida.

— Mis amores... Las extrañé.

Dejó un ramo de flores rosas en la tumba más pequeña y un ramo de lirios en la tumba blanca.

— Ya ha pasado un mes que vine a verlas y aun estas flores no se han marchitado — sonrió — Yo pienso que las están cuidando mucho. Sus almas aun sigue en este mundo y yo puedo jurar que las siento en cada momento.

Tocó la imagen de su hermosa esposa tan delicadamente, así como era ella. No podía dejar de mirarla, podía ver a través de esa imagen que le quiere decir tantas cosas con esa hermosa sonrisa que cargaba en su rostro.

— Mi amor, ha pasado tanto tiempo ¿no es así? No sabes cuanto he luchado para mantenerme firme para no caer en ese abismo que fui condenado hace años. Yo se que me escuchas y estoy seguro que no te gusta lo que estoy haciendo, pero... Lo hago para que ellos paguen por lo que te hicieron a ti y a nuestra pequeña Lucero.

Su mirada llegó a la tumba pequeña pintada de rosa. Su sonrisa triste fue la protagonista ante la imagen de su pequeña Lucero.

— Mi vida, mi pequeña Lucero, tu no debiste tener este final, tú no mi amor.

A pesar de la tragedia llegó a su vida hace cinco años, aun le parte el alma al recordar a su pequeña Lucero bañada en ese charco de sangre con su rostro desfigurado a lado de su madre.

Solo una mente perversa pudo haberle quitado la inocencia de una pequeña niña que recién estaba creciendo y conociendo al mundo, aquel que es cruel en algunas ocasiones y que ella lo conoció a temprana edad.

— Aunque no estuve presente, me atormenta tu vocecita y tu carita pidiendo a esos desgraciados que pararán. ¿Pero sabes algo mi hermosa Lucero? Papá no va a descansar hasta encontrar a esos malditos — siseó enojado y lleno de dolor — Esas escorias me han arrebatado a lo que más amaba en este mundo y no tendré piedad.

En ese momento, una patrulla pasaba por esa zona del cementerio lentamente y él tuvo que bajar un poco su gorra para no ser visto.

— Mis amores, otro día vendré a verlas. Les prometí que siempre vendré a pesar de lo complicado que esté la situación. Muy pronto estaré con ustedes, se los prometo.

***

— Le daré la advertencia que quiere y espero que con eso no siga con la estúpida idea de encontrarme.

El poder de VendettaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora