CAPÍTULO 11

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Me pregunto qué tan alarmante es lo acostumbrada que estoy a no sentirme humana, qué tan normal es que la gente te mire como si no lo fueras.

Así me siento cuando la niña pequeña me lleva hasta el penúltimo nivel, donde están varios niños de su edad, la mayoría de llegada más reciente al lugar, sin esperanzas de avanzar.

Las niñas tocan mi ropa, mi cabello, casi como si quisieran asegurarse de que soy una persona real y no una alucinación como aquellas que yo tengo bastante seguido, una burla cruel de la mente. No puedo arrancar los ojos de sus miradas vacías, de sus expresiones ausentes, aquella marca irremediable que queda en quienes han vivido cosas horribles.

Me sobresalto un poco con tantas manos a mi alrededor, aunque ninguna de ellas se sienta como una amenaza; quisiera poder decir algo, reconfortarlas en alguna manera, pero me encuentro incapaz de proferir palabra.

- ¿Qué haces aquí, Nerea? – pregunta una de ellas, miro a Cordelia, que analiza la escena con atención; decido ponerme en cuclillas para quedar a su altura, aún buscando en mi interior algo que decirle.

Pero me paralizo, la situación rebasándome; siento unos dedos en mi cabello, cuando volteo, una de las niñas está trenzando un trocito de mi cabello, sus dedos son hábiles con ello, y noto que su propio cabello, rubio como el trigo, está cubierto de esas pequeñas trenzas, algo en la actividad me regresa a mi propio cuerpo, le da a mi mente la certeza de que no estoy en peligro. Le sonrío.

- Te ves diferente – dice otra niña, que me mira con ojos desorbitados.

- ¿Diferente? – intento imprimir amabilidad en mi tono - ¿Diferente de qué?

- De mis posters – alzo una ceja.

- ¿Tus posters? – varias de ellas asienten - ¿Me enseñas?

Nos guían hacia una de las habitaciones, y entonces puedo ver cómo viven ellas realmente, quienes están en el círculo más bajo del mercado: dos camas individuales por habitación, una pequeña cajonera, el techo lleno de manchas de humedad y un aroma nauseabundo que se me antoja una mezcla de las habitaciones en la casa de citas del Capitolio y los barrios bajos del Distrito 4.

Un lugar lúgubre para crecer, pero estoy segura de que ellas han visto lugares peores.

En medio de la pared que ya comienza a desprender la pintura hay unas fotos brillantes, como si las hubieran recortado de una revista, casi como aquellas fotografías que yo tenía de Finnick en mi habitación. Aquí también está Finnick, solo que en fotografías mucho más recientes: de entrevistas que ha dado, con su perfecta sonrisa y una camisa de lino blanco, de Cashmere con su vestido dorado en alguna fiesta, de Gloss practicando con los cuchillos... y de mí. De mí por todas partes.

En mi primer desfile de tributos, la mano de Kai alcanza a salir en el borde de la fotografía, de los días de mis entrevistas, con los vestidos que me habían hecho Demetria y Cinna, y especialmente de mí al lado de Neptune. Fiestas, cocteles, partidos de polo, galas. Siempre a su lado, siempre sonriente, y él mirándome con adoración, las mancuernillas en su traje brillando por el flash de la cámara, en estas imágenes no se podría adivinar que tenían forma de letra "N".

Me siento en una de las camas, pasando los dedos por las fotografías, por los rostros, recordando los eventos, sabiendo que yo fui parte de muchas de esas historias; las niñas me siguen y se amontonan en la cama y en el piso, Delia se recarga en la pared, mirando la escena con atención.

- Pero, si tú estás aquí... ¿qué pasó arriba? – primero no la comprendo, pero después de un momento me percato de que todas dicen "arriba" casi con misticismo. Muchas de ellas saben que todo lo que suceda ahí arriba está afuera de su alcance, convencidas de que no hay otro escape de aquí más que subir de nivel hasta que las escojan para ser llevadas a otro lado. A que las vendan a algún político como a mi madre o que se las lleven al Capitolio a ser comerciadas en casas de citas como Cashmere y yo... todo ello o quedarse en el fondo de este edificio como esa mujer del collar.

EL TRIBUTO| Los Juegos Del Hambre (SEGUNDA Y TERCERA PARTE)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora