1. El secuestro, cena con Sara y noticia importante

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—Charly, ¿has visto mis calzones?... no sé dónde los dejé, los tenía hace un momento junto a mí y no encuentro la llave del cajón para sacar los otros —me preguntó el idiota de Ashton mientras yo caminaba en dirección al sótano.

—Sí, los necesitábamos con Kendall para amordazar a Daxon —él me miró confundido. Le hice señas para que me siguiera hasta el sótano y lo hizo—. Aquí están —dije tomando sus calzones de la boca de Daxon y entregándoselos.

«Wakala, están mojados»

— ¿Por qué lo amordazaron? —Preguntó sin despegar la mirada de Daxon.

—Oh, es que se ha comido nuestros dulces... ya sabes, la gran reserva —le respondió Kendall mirando a Daxon con odio. Esa reserva es sagrada, tanto para mí, como para Kendall. Nadie puede acercarse a ella. Jamás.

— ¡Haz algo y ayúdame! —gritó Daxon desesperado mientras intenta deshacer el nudo de la soga con la cual lo habíamos amarrado a la silla.

Ya hacían dos horas que se encontraba allí, literal.

—Lo siento, eres mi mellizo y te quiero, pero creo que esta vez te pasaste. Ellos idolatran ese frasco de duces —Ashton lo miró con pena para luego fijar su vista en nosotros, "los secuestradores"—. Hagan lo que tengan que hacer —dicho esto, pegó media vuelta y subió las escaleras sin mirar atrás.

Ya me siento como una mafiosa.

— ¡Los voy a matar! —nos gritó el pobre bastardo y con Kendall intercambiamos un par de miradas antes de estallar en carcajadas.

—No estás en condiciones de matar a nadie, niño —le informé lo obvio arqueando una ceja de manera burlona.

— ¿Niño?... ¡Tenemos la misma edad, idiota! —gruñó molesto.

—Ya, ya... cálmate Dax. No gastes tus energías. Estarás un buen rato aquí —sonreí con malicia.

— ¡Desátenme ya malditos locos!

—Está bien... haremos un acuerdo, ¿sí? Tú compras nuevos dulces para nuestro frasco y nosotros te dejamos en libertad y hacemos como si esto jamás hubiese sucedido — ofrecí de buena forma pero él negó con la cabeza.

— ¡Nunca!

— ¿Nunca? —Pregunté burlona— Creo que deberías de pensarlo mejor, querido hermano.

—Olvídalo, no repondré sus estúpidos dulces.

—Ay —digo soltando un suspiro—. No queríamos llegar a esto Daxon pero no nos dejas otra opción.

— ¿De qué hablas?

—De que si no cooperas, el señor zoquete pagará las consecuencias.

— ¡Es señor Copete, no zoquete, estúpida! —Me gritó enojado por no acordarme del nombre del maldito conejo—. Y tú no sabes dónde está, nadie lo sabe.

—Segundo cajón de tu mesita de noche dentro de una bola de residuos —dije rápidamente.

— ¡AHHH! —Chilló horrorizado, cuando de una caja sacó a su preciado conejito— ¡No lo lastimes, devuélvemelo! —rogó moviéndose en la silla como un gusano al cual lo están quemando con una lupa.

—Si cooperas no le pasará nada —pasó a explicarle Kendall muy tranquilo—. Pero si no, Charly lo decapitará —la expresión de pánico de Daxon fue épica.

—No se atreverían —su voz salió totalmente quebrada, con miedo, lo cual nos hizo sonreír más a Kendall y a mi.

—Sabes que eso es mentira —habló Kendall mientras me pasaba una filosa tijera.

Somos 7 rubiosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora