— ¡Por dios! ¡Deberían prohibir esta clase! — se quejó Nina por quinta vez consecutiva mientras se cambiaba.
— ¡Ya cierra la maldita boca! — le grité mientras trataba de ponerme la camiseta blanca del uniforme de la clase de gimnasia.
Ni siquiera hemos puesto un pie en el gimnasio y ella ya se está quejando.
— Juro que si no fuera porque esa bestia es nuestro profesor, me largaría — por lo visto me ignoro por completo la mal educada.
— ¡Que te calles!
De repente mi cortina se abre y ahí está ella, mirándome mal.
— Es que no lo entiendes, soy muy mala deportista.
— También eres mala escuchando cuando te digo que te calles — chasqueo su lengua y soltó un suspiro.
— Sólo digo que esta clase debería ser opcional o para los que son gorditos.
— ¿Eso no sería como discriminar? — pregunté poniéndome el short negro. — Es decir, creo que los gorditos se sentirían mal si sólo ellos son llamados para ir a clase de deporte porque el mundo opina que están gorditos...
— Bueno... creo que si sería discriminar — rodé los ojos y salí de los vestuarios con ella siguiéndome. — Por cierto ¿Por qué tienes uniforme de chico?
— Supongo que se confundieron en dirección — me encogí de hombros.
Entramos al gimnasio y ahí estaba casi medio instituto sentado en el piso, ya cambiado con ropa deportiva.
— ¿Qué esta clase no se separan por género? — pregunté al ver a mis hermanos a lo lejos y más chicos por todos lados.
— Si, pero ahora los profesores nos van a dar esa charla, ya sabes, de como será su clase y esas mierdas, y luego nos separan — explico y asentí.
Fuimos hasta donde estaban nuestros amigos y nos sentamos en el piso junto a ellos. Yo me senté entre las piernas de Kendall y me recosté a él para estar más cómoda. Y Connor se sentó entre mis piernas y se recostó a mí... Éramos como una especie de cadena.
Mientras todos charlaban, Kendall jugaba con mi cabello torneándolo en su dedo y luego deshaciéndolo, y yo pasaba mis dedos por el cabello de Connor.
No sé porque, pero soy adicta a eso.
— ¿Nos extrañaras?— preguntó Kendall susurrando en mi oreja provocando que me dieran cosquillas.
— No hagas eso idiota, sabes que tengo cosquillas.
— Lo sé — sonrió.
— Y no, demasiado tengo con aguantarlos en casa y en las demás clases.
— Que mentirosa eres— dijo Connor con los ojos cerrados. —, sabes que no puedes estar sin nosotros.
— Ustedes tampoco sin mí.
— Pero nosotros tenemos el valor de admitirlo.
— Exacto — estuvo de acuerdo Connor.
— ¡Silencio! — gritó un tipo entrando al gimnasia junto a otro.
Los profesores.
Todos se guardamos silencio y los profesores agradecieron por ello.
— Bueno, la mayoría a mí ya me conoce, pero por si acaso, me llamo Marcus y este año, seré el profesor de las chicas — todas mis compañeras se revolucionaron y empezaron a gritar y silbar como obreros de una construcción cuando una chica linda pasa por su lado.
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Somos 7 rubios
HumorUna casa. Siete hermanos. Siete rubios amantes de las bromas, las fiestas y el skate. Siete alocadas mentes que siempre están pensando en hacer algo "no muy bueno". Siete adolescentes con una gran capacidad para meterse en problemas. Ellos...
