Me desperté agitada porque la almohada que tenía en el rostro me impedía respirar.
La tiré al piso por casi matarme y me giré en la cama topándome con Connor, quien estaba junto a mí, durmiendo.
— ¿Connor? — lo llamé y él suspiró.
— ¿Qué?
— ¿Y si hacemos un muñeco? — él sonrió con los ojos cerrados.
— Eres una estúpida — dijo con su voz de dormido.
— Tenías que continuarla...
— No la recuerdo.
— No me mientas, lavandina con patas — él me miró y se rió.
— Sé que envidias mi sexy cabellera...
— La mía es mejor. Pero la tuya se parece a la de Elsa.
— Soy su mellizo perdido.
— Oigan, a ver si se callan — nos dijo Daxon quien dormía en los pies de la cama.
— Eso — lo apoyó Ashton — nosotros queremos seguir durmiendo.
— Cierra la boca, morcilla.
— Perra...
— ¡Charly pronto, despierta! ¡Secuestraron a Daxon y a Ashton! — gritó papá a la vez que abría la puerta de mi habitación de un portazo.
Con los mellizos y Connor nos sentamos en la cama para mirarlo.
— ¿Qué?
— ¡Oh dios, gracias al cielo que están aquí! — Suspiró aliviado — mejor llamo a la policía para decirles que era una falsa alarma.
— ¿Llamaste a la policía?
— ¿Qué querías? ¡Estaba preocupado por mis polluelos!
Rodé los ojos y papá se fue.
— ¿Qué hora es?
— Las dos de la tarde — respondió Connor.
— ¿Nos levantamos?
— Sí, tengo hambre.
— ¿Cuando no? El gordo bondiola, tenía que ser.
Ashton me golpeó por encima de Connor.
— Cierra la boca, pulgosa.
— Tu ciérrala — lo golpeé también.
— Quietos — gruñó Connor. — Dañan mi delicado rostro y todo se va al carajo.
— Bueno a la cuenta de tres nos levantamos — propuso Daxon.
— Bien.
— Uno, dos — contó. —, dos y un cuarto... dos y dos cuartos...
— ¡Cinco! — gritó Ashton y se levantó.
— Estúpido, era hasta el tres — le recordé.
— Carajos.
— Que idiota — dijo Daxon riéndose de él.
Con Connor nos miramos y juntos lo empujamos con los pies hasta que se cayó de la cama.
— Imbéciles caras de pene — gruñó.
— Daxon — Kendall entró a la habitación. — Acabo de recibir un mensaje de Tylor, el partido comienza a las ocho, pero nosotros tenemos que estar media hora antes.
— ¿Para qué me lo dices? ¿No íbamos a ir todos juntos? — le preguntó desde el suelo.
— Sí, es por si me olvido.
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Somos 7 rubios
UmorismoUna casa. Siete hermanos. Siete rubios amantes de las bromas, las fiestas y el skate. Siete alocadas mentes que siempre están pensando en hacer algo "no muy bueno". Siete adolescentes con una gran capacidad para meterse en problemas. Ellos...
