— Señor Harries, veo que le gusta charlar, si así se comporta en su primer día no quiero pensar que será del resto del período — dijo la profesora Smithh, una de las profesoras más jóvenes y con cara de perro que hay en este lugar, mirándome a mi.
Miré para todos lados confundida, pensando que tal vez le hablaba a uno de los idiotas, pero no, su mirada estaba puesta en mi.
— ¿Me habla a mi? — pregunté y ella asintió con oviedad. — Bueno, entonces en ese caso soy señorita, no señor — la profesora abrió sus ojos como platos y su cara se pinto de un color rojo brillante.
La clase empezó a reír y la profesora no sabía que hacer... Admito que era algo, no se, vergonzoso tal vez... Al menos para ella.
— Yo...
— En lo que va del día me han confundido más de diez veces con un chico, así que no se altere — dije para tranquilizarla.
Era cierto, en el correr del día muchas chicas habían llegado hasta mi para pedirme mi número.
Lo que es ser bello...
A algunas se los pase porque dijeron que era simpática, otras simplemente salieron corriendo por la vergüenza que les dio después de explicarles que era una mujer.
— Encerio, no me molesta — aseguré y ella asintió dándome una mirada de disculpas.
Algunos idiotas aún seguían riendo... Eran los mastodontes que tengo por hermanos.
— Por lo menos no me confundieron con una chica por tener la piel tan suave — le susurré burlona a Connor y el dejo de reír para mirarme mal.
A Connor un chico lo confundió conmigo, osea, que le vieron más cara de chica que a mi... Lo más gracioso fue que el chico le dijo que lo confundió porque su piel parecía la más suave y delicada.
Obviamente me burle, me burle como nunca y creo que jamás dejaré de hacerlo.
— Envidiosa — dijo sacudiendo su corto cabello a lo diva.
La campana que indicaba el final de la última clase sonó en ese instante y prácticamente salí a los saltos del salón.
— Al fin, no aguantaba un minuto más estar ahí dentro — exclamó Daxon mientras nos dirigíamos a nuestros casilleros.
— No estuvo tan mal...
— ¿Bromeas? Es nuestro primer día y ya tenemos tarea... La escuela apesta — le reproche a Ashton y el rodó los ojos.
Abrí mi casillero y sin querer le reventé la cara con la puerta a Kendall.
¿Que hace su cara estorbando ahí?
— ¡ANIMAL! — gruñó enojado llevando sus manos hacia su nariz.
— Lo siento, pero... No fue para tanto — el me fulminó con la mirada.
— ¿Eso crees? ¡Entonces pon tu cara aquí y yo abriré la puerta para que me digas lo que se siente!
— No gracias, soy infantil no idiota — mis otros hermanos se echaron a reír.— Además no se de que me culpas, fue tu cara la que se atravesó en el camino de la puerta.
El bufó molesto y sacó su skate del casillero y los demás hicimos lo mismo.
Salimos del instituto corriendo como animales y emprendimos el camino a casa.
Cuanto más rápido llegáramos, más pronto comería algo, mi estómago ya estaba gruñendo y exigía ser alimentado.
Mientras atravesabamos la ciudad me llegó un mensaje, pero no lo leí, ¿Por qué? Porque hace una semana aproximadamente paso algo similar y los resultados no fueron favorables, al menos no para mi.
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Somos 7 rubios
HumorUna casa. Siete hermanos. Siete rubios amantes de las bromas, las fiestas y el skate. Siete alocadas mentes que siempre están pensando en hacer algo "no muy bueno". Siete adolescentes con una gran capacidad para meterse en problemas. Ellos...
