Aurora
Abrí los ojos lentamente, una punzada de dolor atravesó cada espacio de la cabeza. Imbéciles.
Observe el techo alto, uno de piedra. Esta dispareja, la roca fría da contra la espalda generando una sensación horrible.
Doble un poco hacia un lado intentando sentarme, lo logre con mucho esfuerzo. Todo el lugar es del mismo material, hay muchas mantas en un lado y alguno que otro utensilio de cocina, cucharas y vasos. Esta demasiado ordenado.
Revise bien el lugar, no hay nada más que una abertura al lado izquierdo y la ventana. Trate de ver por el orificio pequeño y no hay nada más que vegetación y el cielo ya por meterse, ¿cuántos días llevo aquí? Dirijo la vista a esa abertura y vi que es una especie de cuarto, hay un hombre sentado.
Tiene su espalda recargada en la fría pierda, una pierna flexionada donde su brazo derecho descansa y la cabeza está también recargada. Sus facciones son hermosas, hay arrugas en su rostro pero aun así se aprecia que es guapo, tal vez una afeitada a esa barba y más horas de sueño le dará un aspecto increíble. Abrió los ojos y quedé impresionada, son de una azul como los míos y de Catlín, porque a los de Jackson no se parecen ni los de Sacc.
Decidí girar e ignorarlo, una sensación extraña recorrió mí cuerpo y no precisamente mala, llegue a la puerta, esos barrotes que separan este lugar de muchos completamente igual. Escuché los lamentos de la gente y sentí un poco de miedo, es horrible. Agradezco mucho que los niños este en un lugar mejor y más que nada bien cuidados.
Escuche un bebé llorar, es el de hace rato. No todo es de piedra hay barrotes que dejan ver muy bien la celda. Las alitas del niño están fuera y pude ver que una está dañada, por eso llora y mucho.
Observe el lugar hay cinco hombres con ropas viejas y en muy mal aspecto. Trata de todos los medios que deje de llorar, se ve lágrimas en sus ojos.
—Acércate— ordené. Todos sin excepción voltearon a verme pero los ignore—acércalo a la celda.
Lo tiene agrado, trata de sobar su espalda y relajar sus músculos, esa ala le ha de dar guerra. Creo que cuando mate a aquel sujeto y lo dejo caer se lastimo, en parte es mi culpa. Algunos le dijeron que no se acercara y solo moví la mano incentivando que llegara hasta donde estoy.
Por fin lo hizo y pase la mano por los barrotes, ella se asustó pero no se atrevió a moverse. Los destellos rojizos de las llamas bañaron su piel, en cuestión de segundos dejo de llorar y se quedó profundamente dormido en su pecho.
—Gracias— dijo llorando.
—No hace falta— dije justo cuando escuche puertas abrirse. Algunos guardias o lo que sea que sean entraron y traían a alguien sujetado de los brazos. Abrió con magia la celda continua y lo arrojaron dentro. Entre ellos hablaron tratando de ayudarlo.
Uno es un brujo y bastante fuerte, puedo percibir magia en el lugar y el otro es un lobo. Al vivir mucho tiempo en una manada supe distinguir a los de esa raza. Se alejaron muy rápido y crearon una barrera en mi celda. No hice nada, no quiero que adviertan mis movimientos pero ya sé que están atentos de lo que pueda llegar hacer.
Volví la atención hasta las hadas y ese hombre se sentó quejándose, apenas si escuche su voz quede paralizada es imposible.
—Estás últimas veces se ensañan a ti hermano. Mira cómo te dejaron—dio uno de pelo negro y ojos cafés. Se ven cercanos.
—Estoy bien, esos idiotas no podrán conmigo— dijo con la voz rasposa.
—¿Deniel?— susurre con miedo. Como si me aterrara el hecho de volver a verlo. Sintiéndome mal, culpable porque la persona frente a mí. Está muy mal. Y lo comprobé cuando levantó la cabeza tan rápido que pude ver en su expresión como si le dieran la peor noticia de su vida.
—¡Nooo!— gritó horrorizado. Caí de rodillas frente a esos barrotes y derramando unas lágrimas. Todo este tipo ha estado aquí, sufriendo. Llegó como pudo.—Tú no debes estar aquí Rory. Tú no, ¿qué paso? ¿Cómo te encontraron? Debemos sacarte de aquí, cielo.
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Scarlet
FantasiUnas alas. El tesoro más valioso entre los reinos caminantes. Un reino próspero. Una nueva reina. Un poder único. Una belleza inalcanzable. Recuerda que los primeros, siempre son dos. Recuerda que todo está vinculado. No puedes huir del dest...
